La energía pasa factura, y Wall Street otra vez en la hoguera

Economía

Desde enero, la Fed aprieta las condiciones financieras, y mucho, pero, ¿cuáles son los resultados concretos? Se haya dejado atrás la cresta de la inflación o no, el desborde de los precios no se detiene. La energía hace punta con un salto de 3,9% en el mes (16,9%, el fuel oil) y los alimentos le siguen el tren con 1,2% pero la dinámica no se agota allí.

Se sabía del aumento de las naftas en el surtidor, pero se esperaba un cuadro general más moderado. ¿Ya vimos el pico de la inflación al consumidor? Marzo, con la invasión a Ucrania, aportó un emblemático 8,5% y contestó que sí. Mayo trajo una sorpresa: sin novedad en el frente bélico, le arrebató el cetro con 8,6%. Está bien, si se mide la variación de precios propia del mes, marzo trepó más que mayo, 1,2% versus 1%. No importa. En un tablero anualizado, la aguja marca velocidades insostenibles, 15,3% versus 12,6%. Desde enero, la Fed aprieta las condiciones financieras, y mucho, pero, ¿cuáles son los resultados concretos? Se haya dejado atrás la cresta de la inflación o no, el desborde de los precios no se detiene. La energía hace punta con un salto de 3,9% en el mes (16,9%, el fuel oil) y los alimentos le siguen el tren con 1,2% pero la dinámica no se agota allí. Está claro que el shock de la guerra en Ucrania fuerza un cambio de precios relativos a su favor, y la inflación no es eso, sino el aumento del nivel general de precios. Ocurre que neto de la energía y los alimentos, la medición núcleo también es punzante. Subió 0,6% en mayo (y 6% interanual). Y la mitad de los ajustes de precios fue de 0,6% o superior. Es un ritmo que orilla 7,5% anual. El renglón núcleo de servicios avanza con idéntica prisa. Algunos, como el transporte, transmiten los efectos de segunda vuelta de una energía más cara. Otros, como el alojamiento, son el reflejo rezagado de la bonanza en el mercado de la vivienda, un nítido boom de demanda. Atención que en la canasta de consumo, la energía representa 8,2% de la canasta; los alimentos, 13,4%; y los servicios de vivienda, más que ambos sumados, 32,4%. Los servicios son la parte del león del consumo, son más lentos en reaccionar (vale notar que los bienes durables de consumo ya están cayendo de precio) pero son también los más difíciles de domar después.

¿Se durmió la Fed al timón? Dejó hacer, y correr, en 2021. Este año, no. Se puso al pie del cañón, compensó su tardanza con un crescendo agresivo en la comunicación pocas veces visto, alentó el ajuste vigoroso de los mercados financieros, desterró la idea de un “put” salvador hasta el día de hoy, cerró el “taper”, comenzó la suba de tasas (y pasó al calibre de medio punto) y días atrás estrenó la poda de su cartera de bonos. Hubiera hecho menos si Putin no hubiese invadido Ucrania, y con mejores resultados. Pero, la realidad no se elige, se le impuso. Con una oferta elástica de energía otra sería la batalla. No es el caso. Ni la OPEP salió al rescate ni tampoco el “shale” de los EE.UU. (a pesar de que la Administración Biden se las ve negras en las elecciones de noviembre). ¿Qué hará la Fed? Nos prometió medio punto de suba de tasas el miércoles. Inyectar una dosis de tres cuartos sería trasuntar sorpresa y pavura. No se necesita. ¿Estaba viendo otra película? Su versión predilecta de inflación es el deflactor del consumo, pero recién se conocerá a fin de mes. Hasta abril, el deflactor núcleo arrojaba tres lecturas mensuales consecutivas de 0,3%. Por ese motivo, precisamente, la Fed desmontó la idea de una suba de tres cuartos de punto, y Raphael Bostic, el titular de la Fed de Atlanta, barajó la hipótesis de una pausa en septiembre. ¿La inflación estaba contenida y se aceleró en mayo? ¿O qué? Habrá que escucharlo a Jay Powell, y examinar el nuevo “mapa de puntos”. Entre tanto, los mercados ya se pusieron el casco. No descartan la suba de tres cuartos de punto en julio. Chicago, para fin de año, ve una tasa corta entre 3% y 3,5%. Bullard era el único extremista que quería llegar allí, pero los futuros registran que hoy ni siquiera 4% está fuera del radar.

En Wall Street, se acabó el recreo. La Bolsa cayó 5% en la semana, y su futuro pende otra vez a 1% del umbral de un mercado bear. La tasa larga se estiró a 3,17% tras la noticia, sobre el filo de un rango que llevaba mes y medio de vigencia. La de dos años se disparó por encima de 3% y la curva de bonos se invirtió entre 5 y 10 años. Ya no se consiguen TIPS, bonos del Tesoro ajustables por inflación, con tasas bajo cero. La Fed necesitará afilar el hacha, y rendimientos reales positivos, para disciplinar la fiebre de precios que se retoban. Si la economía se enfría y la inflación, no; será mala para la economía, pero Powell & Cía deberán insistir.

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