La economía de Trump le gana al virus y el S&P 500 va por su máximo

Economía

Se recuperaron 9,1 millones de empleos. En la Bolsa, el índice clave escaló el 53% desde el 23 de marzo, y se ubica a sólo el 1% de los récords.

La recesión que empezó en febrero terminó en abril. No es oficial. Sólo es evidente. El mercado de trabajo, que de un plumazo destruyó 20,5 millones de empleos netos en abril (el ciclo previo creó 22 millones en más de una década), es el portavoz del punto de inflexión. Ya recuperó 9,1 millones en mayo, junio y julio. O sea, medio millón más que los que se tragó la segunda contracción más profunda de la historia de EE.UU. (ahora, relegada al tercer puesto), la que se asocia al colapso de Lehman Brothers pero que se inició diez meses antes, en diciembre de 2007 (y terminó a mediados de 2009). La recesión del covid-19 fue un espasmo brutal. Llevará meses, y en algunas áreas, años, restablecer el funcionamiento de la economía a pleno, y mucho dependerá de una vacuna y de la ciencia. No obstante lo brutal y la tenacidad de la peste, la recesión fue un espasmo. Ya una expansión flamante ocupa el lugar de la convulsión, reconquistó el timón y logró torcer el rumbo. El virus no se rinde, pero no dicta la dinámica del ciclo. Nada muy distinto del trazo que dibujó la Bolsa, aunque su recorrido no sea tan vasto. Después de un bear market de vértigo (una caída de 35% desde los máximos en apenas 22 jornadas), el índice S&P 500 recuperó la vertical el 23 de marzo, escaló 53% desde entonces, y se ubica a sólo 1% de los récords. Exuberancia o racionalidad, lo que sea; no sube por cierto a causa de la infección. El robusto bull market, dicho sea de paso, tampoco tiene credencial oficial. La razón es la misma que le niega crédito a la expansión. Como decía Tu Sam, pueden fallar. Nobleza obliga, la última palabra todavía la tiene el covid-19.

La pulseada entre la economía y la plaga protagonizó un round decisivo en julio. Se sabe, en marzo y abril el virus obligó al encierro forzado. Ese primer brote tuvo un pico puntual de casos diarios registrados de casi 44 mil nuevos contagios (y si se considera el promedio de siete días, de 32 mil). La cuarentena inicial funcionó. La primera ola se frenó en mayo, y los casos bajaron a 20/21 mil a principios de junio. La economía resucitó. El apuro por dejar atrás la cuarentena, en muchos estados con una curva en franco ascenso, y la salida a ciegas, sin la capacidad de testeo y rastreo aconsejables, era una invitación a otra zozobra sanitaria. El legendario Anthony Fauci, el virólogo de la nación, lo vio venir. “Podemos tener hasta 100 mil contagios por día”, advirtió. La cascada de casos aumentó su caudal en junio. Y en julio diluvió torrencial hasta rozar casi 75 mil (o 67 mil, si se toma la media semanal). No menos de 30 estados debieron volver a guarecerse en la maraña de restricciones. California, Texas y Florida, entre ellos. ¿Y qué pasó con el veranito de la economía? Esa era la espina. ¿Marcha atrás también? ¿Abortó la recuperación? El informe ADP de empleo privado reveló 167 mil puestos netos nuevos cuando se esperaban un millón. ¿Se frenó la creación de empleos en julio? La respuesta oficial, el viernes, mostró 1,8 millones (sólo 300 mil de ellos en el Gobierno). Y la tasa de desocupación bajó de 11,1% a 10,2%. Nada mal. También señaló una desaceleración. En mayo se habían añadido 2,7 millones de empleos y 4,8 millones en junio. La infección es un acoso formidable. Todavía habría que sumar 12,9 millones de contratos para igualar la nómina de febrero (incluyendo 1,1 millones en el Gobierno). Hacia delante, los indicadores líderes (los pedidos iniciales de subsidios de desempleo, en baja, y las horas trabajadas, 1% arriba) vaticinan la continuidad del envión. Existe un “ejército” de desempleados temporarios -9,2 millones– que podrían abastecer elásticamente la demanda laboral. Que no haya dudas: la espada de Damocles es el virus. Pero hay una muy buena noticia. Si en julio pendió sobre nuestra cabeza, en agosto volverá a envainarse. Los 75 mil casos citados -registrados el 25 de julio- son un techo que no ha vuelto a ser desafiado. La media semanal recula desde entonces, y hoy se desliza por debajo de 54 mil. La economía se expande, ratifican los informes Markit de industria y servicios. El rebrote de covid-19 recula, nos cuenta el CDC. El S&P 500 se relame a tiro de los récords. Súmese la mejoría que denotan los balances, y es un efecto resorte potente. Hasta el Russell 2000 -las pequeñas firmas- revivió al calor de la oportunidad. Como será que la tardanza en renovar los pagos de emergencia a los desocupados no provocó ningún traspié.

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