La suba de precios se instaló a lo grande; constituya inflación o no, sea que persigue visado de turista o radicación permanente. Todo eso es discutible, tanto que los bonos largos no se dan por enterados, pero los hechos son sagrados. Un ejemplo: escasean los autos nuevos en EE.UU., y se venden con sobreprecios (o lista de espera) mientras los precios de los usados disponibles treparon 10% en abril (el último año, 21%). No se trata sólo de una falta de vehículos exacerbada por la escasez de chips y la aprehensión al transporte público. Con revisar el informe Philly Fed -que aportó data regional de mediados de mayo- se comprende la magnitud del frente de tormenta. El índice de difusión del renglón de precios pagados por las compañías por sus insumos trepó a su nivel más alto desde marzo de 1980 (cuando la Fed de Paul Volcker luchaba a brazo partido con la estanflación), 77% de las firmas acusaron aumentos contra ninguna que reportara una merma. Y los precios cobrados por sus productos manufacturados es una marea que crece: 36% de las compañías gatillaron incrementos en abril y ahora son 43%. Como nunca desde mayo de 1981. No obstante, todavía 55% mantiene precios estables. Sin embargo, en sus proyecciones a doce meses vista, la variación de los precios a facturar al consumidor escaló de 3% en febrero a 5%.
Wall Street resiste a la inflación, el tapering y el sell in May
¿Se está a tiempo de frenar la ola? ¿O se apostará a su reflujo natural? Jay Powell dijo hasta el cansancio que la Fed no piensa intervenir.
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¿Se está a tiempo de frenar la ola? ¿O se apostará a su reflujo natural? Jay Powell dijo hasta el cansancio que la Fed no piensa intervenir. Los mercados discrepan. Buscan cualquier señal de tapering, de reducción de la adquisición de bonos, y por primera vez la encontraron en las minutas de la última reunión del banco central. Allí se consigna que “varios participantes” estarían de acuerdo en comenzar a discutir un “plan para ajustar el ritmo de la compra de activos” si la economía continúa con sus rápidos progresos. ¿Nombres? Ya se sabía que Bob Kaplan, de la Fed de Dallas, abrazaba la idea. Esta semana, se sumó Philip Harker, de la Fed de Filadelfia. ¿Qué tan grande es su urgencia? Comparten una fórmula ambigua: habrá que debatirlo “tarde o temprano”. ¿Qué tanta es su influencia? Ninguno participa de la rotación que toma las decisiones. Tienen voz, pero recién tendrán voto en 2023. ¿Cuán sólidos son los progresos de la economía vis à vis los objetivos de la FED? La inflación de 2% se cumple en exceso, y amenaza saltarse el guarda rail; pero el pleno empleo es esquivo. ¿Cómo tomaron el mensaje los mercados? No como se temía. Hubo alivio y no espanto. Las tasas largas no corcovearon para nada. Mientras sea así, Wall Street confía en la pericia del banco central. Lo prefiere pendiente de las minucias de la inflación y no desatento o relajado. ¿Cuándo prevén que el tapering entre en discusión? Una vez más la conferencia de Jackson Hole, a fines de agosto, surge como la plataforma óptima para explicar la estrategia en detalle. Aunque el tapering en sí requiera más tiempo antes de aplicarse y espere hasta 2022.
¿Sell in May? Ningún trance más viejo, improbable y repetido. La primera referencia en registros -un mal trago de la Bolsa de Londres- data de 1694. ¿Quién puede creer todavía en esa superchería? Si fuera así, siendo tan conocida, ¿cómo no se arbitra y desaparece? Las brujas no existen pero que las hay, las hay. Ningún huracán más potente en la historia que la burbuja racional de las criptomonedas que arrancó el año pasado y sin embargo ya desensilló. Desde el listado de Coinbase en el Nasdaq a mediados de abril, el fervor descarriló. Y en mayo es una sucesión de desmayos (y resurrecciones a medias). Nada nuevo bajo el sol: la saga de las criptomonedas, desde la soledad fundacional del bitcoin hasta que ahora se cuentan de a miles, nunca retaceó volatilidad. La caída máxima desde los récords – más de 50% - no califica aún ni siquiera para el podio (debería superar 80% plus). Pues bien, Wall Street resiste. Soporta el espectáculo de la inflación que se instaló a lo grande, y cada vez más, a sus anchas. Con la ayuda inestimable de los bonos, digiere las noticias del tapering, y las ideas más peregrinas (¿estanflación en ciernes?). Se banca el sell in May de las criptomonedas, que le recuerda que la ley de la gravedad no ha sido derogada para nadie. Confía en la Fed y, sobre todo, en la tierra prometida del pleno empleo, que se alcanzaría después que se despeje la mala racha de la inflación temporaria. Lo que no será pronto.
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