El país parece adormecido. La economía, aún bajo el imperio de la recesión, sigue afectando el ánimo de las familias y los empresarios. A pesar del período estival, y a casi cinco meses de la presentación de la lista de candidatos para las PASO y a menos de siete de las Primarias, la campaña se acelera. Los tiempos políticos nada tienen que ver con los de la economía real. Van por andariveles paralelos que la realidad, de prepo, los bifurca. Sin embargo, hay temas en los que los estrategas políticos y los empresarios comulgan, como, por ejemplo, que nadie intuye ni arriesga qué pasará después del 10 de diciembre. El nivel de incertidumbre es lo que marca el humor, del mercado y de los inversores. Ni que hablar cuando comiencen a arreciar las encuestas de los precandidatos presidenciales.
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Las visiones de la política y del sector privado reflejan dónde está la economía y hacia dónde puede encaminarse.
Quienes están inmersos en el diseño estratégico de las campañas reconocen que indudablemente la política hizo “algo” tan mal para que hoy todavía se hable de un Lavagna “candidato y salvador”, a quien gran parte del joven electorado no registra. Consideran que 2018 se terminó de fagocitar una generación “joven” de políticos, como, por ejemplo, Massa, Urtubey o Lousteau. Y hoy todo parece dirimirse entre darle otra chance a Cambiemos con Macri o volver al kirchnerismo con Cristina. Dicotomía que, claramente, juega a favor de ambos presidentes. Frente a dicho panorama, resulta interesante, sumergirse en la visión del empresariado “amigable”, porque el otro ya se sabe qué piensa y espera, y de la política “electoral”.
En primer lugar, hay que tener presente que el espejo retrovisor de los argentinos no militantes indica que lo que más le influye, a la hora de votar, es lo que pasó 100 días para atrás. Por eso los 100 días claves corren entre junio y agosto. O sea, cómo estará la gente en junio es el faro “electoral”. Sobre este período operará el Gobierno. Según los últimos sondeos, la población se muestra “satisfecha” con que la economía no empeore más. Eso sería el mejor escenario. Todo lo contrario jugará en contra del Gobierno. Hoy, sólo hay desinterés en la gente, que no es lo mismo que apatía. Tampoco se percibe, aún, voto bronca. De modo que el tablero parece perfilarse hacia una pulseada entre el voto desilusión y el voto temor. Por ello, sin duda los tarifazos pendientes son otro ingrediente que afectará la memoria del elector, pero nadie tiene claro cómo terminarán impactando.
Pero además de los 100 días que juegan en el subconsciente del elector, hay otros 100 días clave desde el punto de vista de los candidatos, con vista a las PASO. Ya que los estrategas electorales sólo tienen 100 días para instalar y crear un candidato a presidente. Es decir, lograr que la gente vea a ese político como “candidato”. De modo que abril sería la fecha límite que tienen todos, menos Macri y Cristina, para saber si miden como candidatos. Es el tiempo para “escalar”, como dicen los analistas. Ello explica porqué varios políticos comenzaron a aparecer en pleno verano en playas y medios de comunicación a nivel nacional.
Ahora bien, cómo ve el cuadro de situación el sector privado.
Los empresarios “amigables” al Gobierno hacen básicamente tres reflexiones al ser consultados si están desilusionados.
Por un lado, ven un Gobierno “voluntarioso” que generalmente demostró incapacidad y falta de habilidad para resolver problemas y errores. En segundo lugar, a pesar de que desde Balcarce 50 sostienen todo lo contrario, que se trata de un mito del “círculo rojo”, los empresarios consideran que el Gobierno comunica muy mal. No sólo sobre las decisiones que toma, sino sobre cosas que hacen y no comentan ni explican. Y tercero, quizás el punto clave, es que para el sector privado el Gobierno no tiene “Plan B”, o sea, es lo que hay o el abismo. Esta visión se liga también a que tampoco el PJ bautizado como “racional” es garantía de que se harán las reformas estructurales. No ven a ningún “Churchill” como para hacer la real transformación institucional y organizativa del Estado.
Por eso no extraña que nunca se precipitó la lluvia de inversiones ni tampoco se pronostica que garúe en el mediano plazo. En tal sentido, los empresarios líderes recalcan que el clima de euforia, que los economistas de Cambiemos descontaban con el advenimiento de Macri, era sólo propiedad del PRO, no del sector privado. Es como si hubieran soslayado que la Inversión Directa Extranjera (IED) había dejado de ser racional. De modo que en vistas al futuro mediato, no esperan una avalancha de IED dado que muchas de las transformaciones prometidas ni se encararon todavía. Está claro que no hay demasiado entusiasmo por parte del empresariado inversor, más allá de los “paraísos” de Vaca Muerta o los proyectos de energía renovables. Que, incluso, las próximas licitaciones penden de un hilo por las dudas sobre el marco regulatorio y la macroeconomía. A modo de ejemplo señalan que la IED a lo mejor puede estar en el 19% del PBI este año, cuando para crecer en serio y desarrollarse hay que pensar en no menos del 22% o 23%. La IED estos años deambuló en los u$s9.000 millones cuando en el kirchnerismo promedió los u$s7.700 millones. Por lo tanto, un modelo de crecimiento o tiene IED y mucha, o mejor aceptar la continuidad del estancamiento, de las últimas décadas. Las apuestas sobre las PPP (Proyectos de Propiedad Participada), un serio estandarte del Gobierno, también tambalean. No sólo por el tema del financiamiento, sino por la vinculación de los licitadores y el caso de los “cuadernos”.
El entusiasmo que irradió la visita del presidente Obama y las posteriores misiones comerciales provenientes de EE.UU. ya son exabruptos del pasado reciente. No se vislumbra, por lo pronto, ninguna agenda cargada de misiones comerciales en un año electoral.
Es claro que para estos empresarios no es lo mismo un segundo mandato de Macri que un tercero de Cristina. Pero todo el panorama cambia en el caso de que Cristina no fuera candidata. No debe soslayarse que el Gobierno ha demostrado que es bueno para entrar en una elección pero es malo al salir de ella.
A la hora de mezclar la política, los empresarios creen que el trinomio del PRO (Macri, Rodríguez Larreta y Vidal) irá por la reelección. Saben que Macri entiende que perdió la oportunidad y que el gradualismo era la medicina correcta, pero fue mal implementada y así se lo hizo saber el mercado. Ahora irá por la revancha y el bronce, para no irse como un mal presidente. En Cambiemos, sobre todo en el seno del PRO, saben que ya no hay margen para las promesas, se abusó de ese recurso, y por eso nadie quiere que se hable de la economía ni, irónicamente -el “dream team”-, de la gestión. Pero a la vez entienden que todo pende de la estabilidad cambiaria, sobre todo, en esos 100 días claves. Hacia allí se dirigirán los esfuerzos del equipo económico. Porque no hay margen político para otra corrida cambiaria.
Si bien se descuenta que el trinomio irá por la reelección, existen varias dudas, como, por ejemplo, que en CABA está pendiente la resolución del problema de qué hará Lousteau, si irá por CABA gandando las PASO, o se conformará con ser senador, o como aspiran algunos radicales le disputará a Macri. Puede tensar para que rompa y juegue por afuera (con el riesgo de la segunda vuelta). Pero el problema es que hay Cambiemos en CABA. En el caso de Buenos Aires, si Vidal no jugara, no sólo su destino es un serio interrogante, sino su sucesor en la provincia. El consenso descuenta que el compromiso de Vidal para con el PRO la hará actuar como soldado, adonde la envíen. Con relación a Cristina, los analistas ponderan que sigue siendo la más “escuchada”, lo que no es un dato menor. ¿Ahora bien, si Cristina no juega, es kirchnerismo lo que participará? Esto es relevante para el Gobierno en términos de cómo se va a leer esto.
Si mejoran las perspectivas económicas, mejoran las chances de Macri, lo que demuestra que con poco el oficialismo puede ganar. Veremos. Recién se está en la antesala de lo que vendrá.
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