La Argentina tuvo la primicia mundial de la realización y exhibición de la primera película porno. Ese era el mito hasta que Ariel Magnus en su novela “La fiesta de un fauno” (Seix Barral) da verosimilitud en una historia donde a la vez que busca dar con el escenario real de filmación, lo vincula con la presentación del legendario bailarín Vlaslav Nijinsky en el Colón, y el mundo de los judíos alemanes que se convirtieron en empresarios, en el caso de su bisabuelo acaso en productor cinematográfico. Magnus, que continúa ampliando su extensa obra, vive en Berlín y desde allí dialogamos con él.
Ese extraño vínculo entre Nijinsky y un film porno
Diálogo con Ariel Magnus, que en “La fiesta de un fauno” vuelve verosímil un antiguo mito urbano.
-
La intimidad como territorio de descubrimiento
-
"The Mad King", la precuela teatral de "Game of Thrones" confirmó su fecha de estreno
Periodista: ¿Descubrir que la primera película porno se realizó en nuestro país lo llevó a escribir “La fiesta de un fauno”?
Ariel Magnus: Eso fue hace ya mucho. Viví acá, en Berlín, de 1999 a 2005 y en un momento hubo un festival muy grande de pornografía y lo cubrí para una nota. Ahí, investigando, di con ese dato, que tiene mucho de mito. Aparece en una “historia moral del cine” en alemán que trata de los principios del cine, y de la pornografía en el cine. Pensé: con eso hay que escribir una novela. Ahora, al volver a investigar, encontré que el primer porno no sólo se hizo en la Argentina, sino que quien tenía el negocio era un alemán, y eso era lo que más me interesaba.
P.: ¿Su novela pasa de un policial buscando las locaciones de esa mítica porno a una dramática autoficción?
A.M.: “El sátiro” o “El sartorio” (nombre con el que se la puede encontrar online) no es la primera porno que se filmó sino la más antigua de la que se tiene registro, aunque no se sabe la fecha ni quienes la produjeron. A falta de datos tenía que ficcionalizar lo que la rodeaba. Estaban los hechos. Nijinsky estaba en Buenos Aires presentando “La siesta de un fauno” en el Colón, y el tema de la obra es usado en la porno. Lo policial era dar con el escenario, un paisaje de la naturaleza. ¿Cómo se hace para que sea un lugar determinado? Había que inventar la historia de eso. ¿Autoficción? No entiendo ese género, para mí hay novelas con o sin datos autobiográficos. En mi novela hay montones de cosas que tienen que ver con mi familia. Mi bisabuelo, a comienzos del siglo XX, vino a la Argentina como representante de Osram, la fábrica de lámparas. Hizo dinero y se volvió a Alemania a poner un supermercado. Después de los años veinte se tuvo que volver porque llegó Hitler. Entonces, además de confirmar que la primera porno se hizo en la Argentina, cuento cómo hizo plata mi bisabuelo con esa filmación.
P.: ¿Nijinsky lo llevó a pensar que el cine porno tiene su origen en el ballet “La siesta de un fauno”?
A.M.: Es un dato de la realidad, lo más cercano a una prueba material que tenemos para ubicar la película. El ballet de Nijinsky y lo que quedó de la porno ofrecen casi lo mismo, el fauno, las siete ninfas. Por lo tanto, tiene que haber habido alguien que vio al sexualmente provocativo Nijinsky en el Colón y se inspiró para la película. En Buenos Aires había lugres de pornografía. Eugene O’Neill contó de los cines porno en el puerto, un lugar de marineros y alta prostitución. Eso hacía posible que se pudiera filmar una porno, acá eso no estaba tan perseguido como en Europa. Datos, hechos y pistas llevan a sopesar que se realizó en Buenos Aires. Además, estaba para mi gusto el tema de los europeos en la Argentina.
P.: En la novela hay homenajes a dos escritores, el noruego Matías Faldbakken por un personaje de “Coca Hola Company”, y a Arlt por “El juguete rabioso”.
A.M.: Es algo que ya había hecho con otros autores en “El que mueve las piezas”, donde mi abuelo se mezclaba con personajes de ficción. En el caso del personaje de “Coca Hola Company”, una novela extraordinaria, me pareció necesario que en mi libro estuviera Ritmeester porque sabe todo sobre pornografía y sentí que tenía que invitarlo a esta fiesta. A mí la pornografía me interesa secundariamente, un poco en teoría, lo que me importa es su versión literaria. Cuando leí hace unos años “The hills” de Faldbakken, novela donde todo ocurre en un restorán y muestra un mundo que se derrumba, me dije: quiero escribir ese libro, eso me ocurre con muy pocos autores. En cuanto a Arlt, cuando los protagonistas se meten en una casa –una real, del barrio de Belgrano, donde vivieron mis bisabuelos y que aún existe- en medio de la noche, recordé una escena de “El juguete rabioso”, y pensé que esa referencia debía estar en la novela.
P.: ¿Piensa que “La fiesta del fauno” puede convertirse en película?
A.M.: El libro cuenta la historia posible de cómo fue la filmación de “El sartorio”, la primera porno y que se hizo en la Argentina. Está el problema de los costos porque transcurre a principios del siglo XX. Ese film, aunque pertenezca a la parte oscura, es una parte importante de la historia del cine. Está también el enganche con la danza, con el genial coreógrafo y bailarín ruso Nijinsky, su casamiento en Buenos Aires con la condesa Romola. Cuando se enteró el empresario Sergei Diagueilev, que lo tenía como su esclavo sexual, lo echó de la famosa compañía de los Ballets Rusos. Después de eso Nijinsky tuvo sus episodios psiquiátricos. “La siesta de un fauno” ofrece un aspecto lírico de lo sexual siguiendo el poema de Mallarmé que Debussy convirtió en poema sinfónico y Nijinsky en una danza escandalosa.
P.: ¿En que está ahora?
A.M.: Acabo de publicar en alemán “Puerta con puerta”, libro de no ficción que me encargó mi editorial alemana, sobre la convivencia de judíos alemanes y nazis alemanes en la Argentina, ahora la idea es traducirlo para que salga también en castellano.




Dejá tu comentario