La galería Ruth Benzacar presenta la muestra “Mi eco, mi sombra y yo”, de Sebastián Gordín, artista que ocupa la sala principal y de este modo relata cuál es el origen de la exhibición: “Hace no mucho tiempo, me encontré con una canción llamada ‘Nosotros tres, mi eco, mi sombra y yo’. Una persona que camina sola, en busca de quien ama, mientras conversa con su eco y camina junto a su sombra, y aunque el mundo pueda resultar hostil, estos dos camaradas siempre lo acompañarán”.
Estimulante muestra de Gordín, uno de los innovadores de los 90
En “Mi eco, mi sombra y yo”, en la galería Ruth Benzacar, el artista combina diferentes técnicas.
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Gordín. “Leñopatía cromática espacial 6”, una de las obras expuestas.
Gordín es una de las estrellas junto al mentor del Centro Cultural Rojas, Jorge Gumier Maier y entre otros artistas, Omar Schiliro, Benito Laren, Cristina Schiavi y Marcelo Pombo, que, en los años 90, determinó un cambio decisivo en la apreciación del arte. Básicamente el grupo se diferenciaba por el uso de materiales no convencionales y diversos, además de un gusto definido por el ornamento y la decoración.
Con sus primeras maquetas en miniatura, como “El infierno de Dante”, una pequeña pero creativa reconstrucción de un crimen realizada con apenas unas cajitas de fósforos, escasos recursos y altas dosis de ingenio e imaginación, Sebastián Gordín ganó su espacio. Y hay una performance memorable. Su primera exposición en el Instituto de Cultura Iberoamericano la presentó en la vereda de la institución, en plena calle Florida. Corría el año 1992 cuando plantó en la vereda una maqueta que encontró en el taller de Roberto Jacoby, una réplica exacta de la sala de exposiciones del ICI. En el interior montó una exhibición con sus propias obras en miniatura. Y frente a las puertas del Instituto, al igual que un minero, con la luz en la cabeza, Gordín iluminó su muestra y les ofreció a los transeúntes una visita guiada por el interior de la maqueta. El ICI, convertido en una plataforma de lanzamiento de las nuevas tendencias artísticas argentinas (más que de las ibéricas) lo invitó a exponer al año siguiente en sus salas.
En el libro “Gordín” publicado por Adriana Hidalgo, figura una conversación del artista con Alfredo Prior donde cuenta sobre esa obra que hoy pertenece a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Durante la presentación de dicho libro Gordín aclaró que todavía tiene pendiente la exposición que va a realizar en el MOMA. Graciela Speranza, autora de un texto muy intenso, observó entonces que, paulatinamente, el artista no necesitará de críticos, curadores o directores de museos. Solamente de espectadores que miran embobados sus trabajos.
Hay una pintura en el ingreso a la galería donde se divisa la sombra de una cabeza proyectada sobre un edificio. Gordín recuerda la canción “Nosotros tres, mi eco, mi sombra y yo” y cuenta: “Cuando empecé la escuela primaria, en 1976, entusiasmado ante el hecho de que iba a aprender a leer, mi padre me regaló ‘El país de las sombras largas’, de Hans Ruesch. Todos mis recuerdos de esos años son nocturnos. Sin embargo, una remembranza de un atardecer: cuando mi sombra se estiraba y mi cabeza se separaba metros y más metros de mi sombra de los pies, pude ver lo que veía Ernenek en el Ártico, hasta que mi larga silueta fue devorada por la sombra de un edificio de departamentos”. Cerca de la pintura con la sombra se lee el texto que el editor y escritor Francisco Garamona le dedicó a la muestra.
La literatura, las revistas pulp y la historia del arte, además de una fantasía desbordante, influyen en el diseño de los dibujos, objetos, vitrinas, marquetería, vidrios pintados y sorprendentes manualidades que Gordín realiza con una habilidad poco usual. La factura perfecta contribuye a elevar el nivel estético del trabajo artesanal y llama la atención sobre objetos de la vida diaria que adquieren cualidades inesperadas. Refiriéndose a los artistas del Centro Cultural Rojas, Gordín observa que “a través de una técnica artesanal muy sui generis, mostraban un mundo interior muy complejo”.
Las pinturas sobre vidrios presentes en Benzacar las realizó durante una beca del Proyecto URRA en Bavaria, cerca de Munich. Allí encontró los vidrios rotos de una vieja casa y se enteró de que los utilizaban para pintar artistas como Kandinsky, del grupo Der Blaue Reiter (El jinete azul), activo en esa región entre 1911 y 1914. Cuentan que sobre aquellos vidrios surgieron en los inicios del siglo XX las expresiones abstractas. Si bien la serie “Seré tu espejo” de pinturas con plata o cobre sobre vidrio, tiene su encanto, la marquetería es el fuerte de la muestra. Recortando finísimas láminas de madera superpuestas y pintadas con tonalidades rosadas, Gordín logra el aspecto de un gran tapiz con dibujos abstractos.
Luego, las cúpulas de vidrio reconocibles a primera vista como una parte de su identidad, traen el recuerdo de las series que albergan un set de TV o las bibliotecas que se derrumban con todo el saber de la humanidad. Hoy, no obstante, las imágenes son más enigmáticas. En “Dibuje”, bajo una cúpula de vidrio se ven unas crines que sujetan sobre una extensa mesa, las plumas de la escritura, y las maderas del piso aparecen levantadas por una fuerza extraña.
“Mi año araña” es el título del tronco de un árbol cuyo corte transversal muestra los anillos o circunferencias que marcan los años de vida del ejemplar. Entre los dibujos figura una lata con lápices de colores donde los tonos fríos como el verde y el azul están prácticamente agotados, mientras los cálidos están casi sin uso. Curiosidades para pensar.
“Voy a dejar que mi eco se mueva como un dragón en un laberinto, disparando bocanadas de fuego. Juega a hacer esto desde hace años, persiguiendo a mi sombra y aunque parezca peligrosísimo, es inofensivo. Mi sombra es incombustible. Mientras tanto, sólo por esta vez, yo me iré a caminar por la ciudad”, concluye el artista.
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