30 de agosto 2023 - 00:00

Un singular diálogo entre dos notables creadoras

Las obras de Isabel de Laborde y Cecilia Duhau participan de la muestra “La naturaleza de las cosas” en el Pabellón de Bellas Artes de la UCA.

isabel de laborde. Las formas de las piedras y las palabras, base de su participación en la muestra.
isabel de laborde. Las formas de las piedras y las palabras, base de su participación en la muestra.

En un ángulo del inmenso Pabellón de Bellas Artes de la UCA, las obras de Isabel de Laborde y Cecilia Duhau entablan un diálogo. Ambas artistas participan de la muestra “La naturaleza de las cosas” curada por Cecilia Cavanagh y Leonel Luna. La naturaleza domina todo el recinto, pero las características de las piezas son muy disímiles. De Laborde exhibe una selección de algunas maderas y sus piedras, la mayor parte dispuestas sobre una mesa rectangular y alargada que, las alberga como el lecho de un riachuelo de montaña. La producción de estas obras demanda un trabajo complejo que comienza por elegir y reunir las piedras durante las prolongadas residencias de la artista en la Patagonia argentina.

La tarea se combina con la selección de unos textos que estimulan las ideas o tocan la sensibilidad de De Laborde, una actividad constante. Si bien los petroglifos se remontan a la prehistoria de la humanidad, grabar la piedra y utilizarla como soporte del arte, no es usual en la actualidad. Pero De Laborde las presenta con cortes longitudinales o transversales, siempre ostentando palabras, frases o versos, grabados en su interior. Las piedras son símbolos ancestrales de la eternidad y poseen condiciones como la resistencia y la fortaleza. Y grande es la fortaleza que le permite a la artista empuñar una motosierra para cortarlas. El procedimiento prosigue al pegar los textos dibujados en un stencily, grabarlos con una pequeña y delicada perforadora eléctrica. “Respiración de la noche”, se lee, sencillamente. “Las palabras miran”. “Las miradas piensan”. Son versos de Octavio Paz, el escritor que aparece con más frecuencia. Dato entendible si se sabe que De Laborde nació en México, aunque su trayectoria se desarrolló mayormente en la Argentina. Las piedras, si bien remiten a un pasado arcaico, arrastran las palabras de la contemporaneidad. Cuando resume su quehacer, la artista habla de impulsos creativos, que surgieron a partir de unas piedras que fue a buscar a la cantera con la que construyó su casa sureña. Hay en la muestra piedras y maderas bañadas en oro puro. Hay, además materiales puros, tomados de la naturaleza.

El universo ilimitado de las palabras se nutre y retroalimenta con la doble atracción por la materia y las lecturas de Borges, Alejandra Pizarnik, Manuel Castilla, Hugo Mujica, Juan L. Ortiz, Abbas Kiarostami, Antonio Gamoneda, María Zambrano, Lía Rosa Galvez, Rumi, Sartre, François Cheng. “Lo que callo, calla”. “Lo que digo, sueña”, hay que acudir a la memoria infalible de De Laborde para conocer la autoría de las palabras.

Son muchos los artistas que a lo largo de la historia trabajaron las piedras, elemento que, según se dice, tienen la cualidad de despertar la conciencia histórica y de provocar experiencias trascendentes, casi religiosas. No obstante, en este caso, el mayor logro es generar un arte donde se concentra y resguarda la vida interior y la identidad de la artista. Laborde comparte la energía con Cecilia Duhau. “A la tarde sus flores abrirán”, es el título de un grupo de pinturas dispuestas como islas sobre la pared y atravesadas por una varilla de madera color rojo. La pintura se destaca por los colores radiantes, pero sobre todo por la representación de órganos del cuerpo, como un corazón que tiene volumen y se inflama sobre la tela, o los intestinos cuyas formas traen el recuerdo de los enrulados zarcillos de las plantas trepadoras. El gusto por la naturaleza y el afán ornamental están presentes en toda la muestra. Los estallidos del color parecen acompañar la fragmentación de las pinturas que rompen con las formas tradicionales de los cuadros y se expanden por el muro.

Los efectos ópticos sabiamente administrados, atrapan la mirada del espectador. Y de este modo lo explica el curador Leonel Luna: “Cecilia Duhau deconstruye la pintura y toma fragmentos de ellas que se esparcen en el espacio como un frágil y vano intento de recomponer la naturaleza de lo perdido. Los materiales de esa representación resultan en precarias composiciones que intentan establecer un diálogo entre las partes, configurando una belleza distópica”. No obstante, por lejos que se encuentre la utopía de otros tiempos hoy ajenos y, en medio de la crisis social y económica que vive la Argentina, al llegar al espacio dedicado a las obras de Cecilia Duhau, el espectador se sumerge en un mundo que depara cierto grado de alegría. En este sentido, la artista reconoce la afinidad con el arte de Brasil y llama la atención acerca de unas serpentinas que cuelgan de una de las obras.

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