26 de diciembre 2018 - 00:04

Diálogos de Wall Street

Tropezón de Navidad que es caída y mercado bear. La Casa Blanca tomó el comando de la coyuntura y en un par de ruedas Trump estrelló la nave. ¿Y ahora? Discutimos con Gordon Gekko, nuestro hombre en la trinchera.

Periodista: No apareció Santa Claus, no hubo rally navideño sino una caída vertical, y lo que era corrección -la tercera del año, y la vencida- se ganó el sello de mercado bear (“bajista”). ¿Qué cabe esperar?

Gordon Gekko: Más turbulencia.

P.: ¿Da por muerto al mercado alcista que comenzó en marzo de 2009? ¿O todavía tiene chances?

G.G.: Delo por muerto aunque siempre hay que esperar antes de enterrarlo. Si usted quiere, estamos como en 2011, cuando se discutió el techo de la deuda soberana de los EE.UU. y S&P le quitó el rating AAA. Entonces se produjo una resurrección de último minuto.

P.: ¿Esta vez es diferente?

G.G.: No hubo ruptura del límite del 20% para el S&P500 en 2011. La reacción, la recompra, se gatilló antes. La penetración ahora es marginal y también podría revertirse y anularse. El problema de fondo no está ahí.

P.: ¿El drama reside en la Casa Blanca? Trump es ingobernable. Es un volcán de energía, pero muy destructivo. ¿O me equivoco?

G.G.: Se llevó puesta a la Fed cuando Powell quiso ser independiente. Y se llevó puesto el mercado bull. En un abrir y cerrar de ojos. ¿Se atreverán los inversores a repetir la apuesta agónica de 2011? Quiérase o no, Obama y Bernanke, en ese entonces, les cuidaban las espaldas. Hoy Washington es una caldera y, en un área tan sensible, no se sabe quién manda. Siendo así, mandan la ley de la gravedad y la aversión al riesgo. Vamos a ver hasta dónde.

P.: No se lo puede dejar a Trump en la Casa Blanca solo, en un feriado largo, sin la familia y con un montón de preocupaciones. Está claro que el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, no logra contenerlo.

G.G.: Tengamos una mirada amplia. Jim Mattis, el secretario de Defensa, y dique de contención en una materia ultra sensible, fue despedido, y desbordado. La política en Siria giró en una baldosa. Los aliados de los EEUU. en la región están estupefactos y colgados del pincel. Los propios funcionarios no atinan a dar una explicación convicente del viraje. No es muy distinto de las maniobras que Trump forzó en Wall Street.

P.: Contra lo que dijo Mnuchin, también habría despedido a Jay Powell, de la Fed, si hubiera tenido la autoridad requerida.

G.G.: ¿Qué duda cabe? Que el secretario del Tesoro llame a los presidentes de los seis bancos más importantes del país para consultarles si tienen la liquidez necesaria para atravesar un pánico que no existe, y hacerlo público a través de un comunicado oficial, es un acto insólito, amateur y capaz sí de promover el pánico.

P.: Fue el empujón que terminó de voltear las esperanzas. ¿Qué pretendía Mnuchin?

G.G.: ¿Qué quería Trump? Mostrar que está por encima de la Fed, uno supone. La intención es inquietante; la impericia, aterradora. ¿Qué debería asustarnos más? También Trump provocó el cierre del Gobierno. Sin ninguna necesidad.

P.: Con el pretexto del muro que Mexico no quiere pagar...

G.G.: El Congreso tampoco. Y conste que Trump tiene mayorías en ambas Cámaras (hasta el recambio en enero). O sea, no son sólo los demócratas los que se oponen. El presidente no encuentra soluciones a los problemas que enfrenta, y en muchos casos fabrica, aunque sí chivos expiatorios. Eso no nos libra de sus consecuencias. Al bear market ya lo tenemos en el carro de compras, será importante evitar la recesión. A Trump se le soltó la cadena, es urgente volver a engranarla, que se restablezca el funcionamiento de la Fed sin dominancia política. O será mucho peor.

P.: ¿Ve una lógica detrás de los arrebatos del presidente? Más allá de cargar las culpas en espaldas ajenas. ¿Es una explosión de su estado de ánimo, o hay meditación y cálculo?

G.G.: Sin Siria ni cierre del Gobierno, ¿de qué estaríamos hablando? ¿cuál sería el tema absorbente? El derrumbe de Wall Street, el mercado bear.Y el miedo a una próxima recesión. Los emblemas de Trump se cayeron del pedestal, y el presidente no tiene mejor respuesta que agrandar la polvareda. Y si a su juicio el único mal que la economía enfrenta es la suba de tasas, pues bien ya no habrá más suba de tasas.

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