La necesidad de contar con un nuevo marco regulatorio para el bioetanol volvió a ocupar el centro del debate durante la II Cumbre de Bioetanol realizada en San Miguel de Tucumán. Empresarios de Tucumán, Jujuy y Salta coincidieron en que el sector necesita previsibilidad para profundizar inversiones, elevar la producción y aprovechar nuevas oportunidades vinculadas a la transición energética.
Catalina Rocchia Ferro, de Los Balcanes: "Necesitamos una ley de biocombustibles que nos dé estabilidad económica por los próximos 15 años"
La empresaria tucumana destacó el consenso alcanzado entre el sector azucarero, los productores de maíz, las petroleras y el Gobierno en torno al proyecto de bioetanol impulsado por Patricia Bullrich. Los ingenios del NOA remarcaron sus inversiones, planes de expansión y el potencial de la caña como fuente de energía y nuevos productos.
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Catalina Rocchia Ferro, CEO de Los Balcanes, aseguró que una mayor utilización de bioetanol permitiría liberar parte de la producción de hidrocarburos para otros destinos y ampliar la matriz energética argentina.
En ese contexto, Catalina Rocchia Ferro, del grupo Los Balcanes, fue contundente al respaldar el proyecto de ley presentado por la senadora nacional Patricia Bullrich: “Soy una convencida de que el proyecto de bioetanol es fundamental por muchos motivos”.
La empresaria sostuvo que uno de los principales valores de la iniciativa es que logró sentar en una misma mesa a sectores que históricamente tuvieron intereses contrapuestos. “Ha sido el Centro Azucarero, ha sido todo el sector de maíz, también las petroleras, el Gobierno y el oficialismo. Nos reunieron varias horas, en varios Zooms, mucho tiempo, muy tratado, en donde todas las partes quedan absolutamente conformes de acá a los próximos 15 años”.
Para Rocchia Ferro, ese consenso representa un punto de inflexión para la actividad sucroalcoholera del NOA porque permitiría contar con un horizonte de estabilidad para una industria que requiere inversiones de largo plazo. “Eso es realmente un logro muy importante para el sector, porque implica estabilidad económica para toda una región en cuanto a lo que lo azucarero implica”, afirmó.
Bioetanol: el 30% de la caña y de las ventas brutas del sector
La empresaria puso sobre la mesa algunos de los principales números que explican el peso que ya tiene el bioetanol dentro de la economía azucarera tucumana. Fundada en 1994 en Tucumán por Jorge Rocchia Ferro y Catalina Lonac, y conducida hoy por su hija Catalina , la Compañía Azucarera Los Balcanes es el principal grupo sucroenergético de la Argentina. Actualmente administra más de 23.000 hectáreas de cañaverales y procesa cerca de un cuarto de la caña de la provincia, consolidándose como líder nacional en la producción de bioetanol y energía verde
Según detalló Catalina en diálogo con este medio, durante los últimos tres años alrededor del 30% de la caña de azúcar se destinó directamente a la producción de etanol, mientras que esa actividad representa aproximadamente 30% de las ventas brutas del sector. “Esto es un número y sí, es un Excel, y es así”, remarcó Rocchia Ferro, para luego explicar el impacto que esos números tienen sobre la economía real: “Esto se traduce en mayor empleo, mayor mano de obra, mayor consumo”.
La evolución productiva también muestra un fuerte crecimiento. De acuerdo con sus datos, la superficie cultivada con caña de azúcar en Tucumán aumentó 50% en los últimos 15 años, mientras que la producción de etanol pasó de unos 200 millones de litros a 600 millones de litros.
Para la empresaria, esa expansión demuestra que cuando existen reglas y señales de largo plazo, la industria responde con inversiones. “Dentro de todo esto que nosotros hemos ido haciendo como sector, con nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas, hemos gastado más de u$s800 millones. Entonces digo, hay voluntad de seguir adelante”, afirmó.
Rocchia Ferro: “Una ley que eleve el corte va a tener un impacto positivo”
La empresaria también fue consultada sobre el impacto que tendría un aumento del corte obligatorio de bioetanol y la posibilidad de ampliar la producción de Los Balcanes. Su respuesta estuvo condicionada a una variable central: la rentabilidad. “Siempre y cuando haya renta del negocio, obviamente”, sostuvo.
Sin embargo, explicó que una mayor escala puede mejorar la estructura de costos de las plantas industriales. “Cuando vos sos mayorista a esa escala, generalmente es producción de escala. A mayor producción, menor costo fijo”, señaló.
Por eso, consideró que una nueva regulación que permita elevar los volúmenes podría generar incentivos para ampliar las plantas y aumentar la producción, aunque aclaró que no se trata de una respuesta automática porque las empresas también necesitan contar con capacidad instalada y condiciones económicas adecuadas.
“Eso no quiere decir que vos en este momento tengas la posibilidad de hacerlo, porque tenés capacidad instalada para hacer determinada cantidad. Por eso no es una respuesta binaria, no es un sí, un no”, explicó.
El proyecto oficial y la discusión por el precio
Respecto del esquema planteado por el proyecto oficialista, que incorpora mecanismos vinculados al precio de paridad de importación, Rocchia Ferro evitó hacer una evaluación cerrada sobre cuál sería la rentabilidad futura. “Como es una cuestión que tiene que ver más con el libre mercado, no podrías responderte a priori esa pregunta. Tendrías que salir a la cancha a jugar”, señaló.
No obstante, consideró que el precio de paridad de importación constituye una referencia razonable para analizar la actividad. “Si yo tuviese que ver el número en frío, jugaría con el precio de paridad de importación”, afirmó.
Y agregó que luego habrá que evaluar las diferencias de costos frente a otros países productores, particularmente Brasil, donde existen políticas específicas de promoción del bioetanol.
Pero para Rocchia Ferro el punto central de la discusión no está solamente en el precio, sino en el consenso que permitió elaborar el proyecto. “Es la primera vez desde el año 2006, o desde el año 80 con el Plan Alconafta, que se ponen de acuerdo todos los sectores”, destacó.
Una industria que busca ampliar su matriz de negocios
La empresaria también reivindicó el bioetanol como una herramienta para retirar excedentes de azúcar del mercado interno y convertirlos en energía. “En el caso de Los Balcanes, es sin duda el etanol, pero también entendemos que es una forma de retirar excedentes del mercado interno de azúcar”, explicó.
Según detalló, el grupo viene estructurando desde hace años su estrategia financiera alrededor del negocio del bioetanol y priorizando relaciones comerciales de largo plazo con las petroleras. “Los negocios de largo plazo son los que hoy están mirando la actividad azucarera”, afirmó.
En ese sentido, destacó que un aumento de los cortes puede convertirse en un nuevo motor para la industria, siempre que exista una ecuación económica que permita financiar nuevas inversiones.
Seaboard: eficiencia, inversiones y previsibilidad
Desde Salta, José Alarcón, del Ingenio Seaboard, repasó la trayectoria de la compañía en el desarrollo del bioetanol. Seaboard ingresó a la Argentina en 1996 y comenzó a producir bioetanol en 2009, cuando los volúmenes del mercado eran significativamente menores a los actuales.
La compañía avanzó posteriormente con una nueva línea de producción de etanol deshidratado, finalizada en 2017, y desde entonces sostuvo su producción en torno al cupo asignado, con niveles de eficiencia y productividad que, según Alarcón, la posicionan entre las plantas de referencia del país.
El empresario también destacó las inversiones realizadas durante los últimos años para mejorar la eficiencia energética del ingenio y reducir la dependencia de otras fuentes de energía. Respecto del proyecto de nueva ley, fue favorable: “Vemos el esquema propuesto de la ley positivo por tres aspectos”.
El primero es la posibilidad de fomentar la competitividad manteniendo la previsibilidad. El segundo es la necesidad de contar con un horizonte regulatorio de largo plazo para justificar las inversiones. Y el tercero es que la competencia puede funcionar como incentivo para mejorar la eficiencia, incorporar tecnología y desarrollar nuevos procesos industriales. “Eso fomenta la eficiencia, fomenta más desarrollo”, resumió.
Ledesma: biomasa, eficiencia energética y nuevas oportunidades
Matías Rosselli, del Ingenio Ledesma, puso el foco en otro de los grandes desafíos de la industria: mejorar la utilización de la biomasa y avanzar hacia una matriz energética cada vez más renovable.
El complejo industrial de Ledesma cuenta con una central termoeléctrica con capacidad para generar 90 MW y producir unas 800 toneladas de vapor. La energía utilizada proviene tanto del gas como de la biomasa generada por la propia actividad industrial. Uno de los proyectos centrales desarrollados por la compañía fue la recolección de malhoja, el residuo vegetal que queda en los campos después de la cosecha de caña.
Antes de implementar este proyecto, explicó Rosselli, aproximadamente 38% de la matriz energética de la compañía provenía de fuentes renovables. Con la utilización de la maloja como combustible para las calderas, ese porcentaje trepó hasta 50%. “Creo que es un buen ejemplo de cómo, como sector, vamos a encontrar valor en nuestra cadena de valor para seguir creciendo y dándole sustentabilidad a este negocio”, afirmó.
El proyecto también adquiere relevancia frente a las nuevas oportunidades que abre el mercado de combustibles sostenibles de aviación (SAF), donde la biomasa y los residuos agrícolas pueden convertirse en materias primas de mayor valor agregado.
Rosselli también destacó el papel que tendrán las certificaciones ambientales y de procesos para que la industria pueda acceder a mercados internacionales. Ledesma trabaja con distintas certificaciones, entre ellas ISO 9001, SMETA y FSC, que -según explicó- permiten ordenar procesos internos y, al mismo tiempo, abrir nuevos mercados y clientes. “Los nuevos productos que se hablaron hoy en día vienen asociados con certificaciones”, señaló.
Para el empresario, este será uno de los grandes desafíos de la industria argentina si pretende insertarse en mercados internacionales más exigentes, especialmente Europa. “Si queremos mirar el mundo, hay que trabajar más aún todavía. Si queremos mirar el mercado europeo, hay que ir fuerte hacia ese lado”, afirmó.
La sustentabilidad, añadió, ya no puede limitarse al resultado económico: debe contemplar también los impactos sociales, ambientales y de gobernanza.
En ese plano, detalló que Ledesma destinó cerca de $900 millones a inversión social durante el último ejercicio, distribuidos en 23 programas vinculados con educación, salud y desarrollo comunitario. Además, la empresa mantiene un programa de conservación de unas 100.000 hectáreas de bosques nativos en Jujuy, con monitoreo de flora, fauna y cuencas.
Santiago Blaquier: una nueva etapa para Ingenio Concepción
Santiago Blaquier, del Ingenio Concepción, aportó una mirada vinculada a su reciente desembarco en Tucumán. El empresario explicó que en diciembre del año pasado adquirió el Ingenio Concepción y planteó su intención de continuar avanzando en un proceso de transformación y concentración de la industria. “Me hicieron, de alguna manera, comprender que, si queremos realmente generar un cambio en esta industria maravillosa, ese cambio se hace desde Tucumán”, explicó.
Su apuesta se sustenta en tres factores: el contexto macroeconómico, la competitividad productiva de la caña tucumana y la diversidad de mercados disponibles para la industria. “Hoy las condiciones macroeconómicas en nuestro país son muchísimo más amigables que hace unos años atrás”, señaló, al mencionar la posibilidad de importar y exportar, el tipo de cambio unificado, la baja de la inflación y la expectativa de menores tasas de interés.
Pero destacó especialmente el costo de producción de la caña tucumana, al que calificó como “uno de los más competitivos del mundo”.
Azúcar, bioetanol y exportaciones: tres mercados para la industria
Blaquier describió al sector sucroalcoholero como una industria con una ventaja estratégica: la posibilidad de diversificar sus destinos comerciales.
Según su análisis, aproximadamente 50% de la producción tiene como destino el mercado interno de azúcar, mientras que entre 25% y 30% se destina al bioetanol y otro 25% a 30% al mercado externo. Esa diversificación, sostuvo, reduce los riesgos y aumenta el atractivo para los inversores.
También destacó el potencial de Chile como mercado regional. El país vecino consume alrededor de 650.000 toneladas de azúcar y, tras el cierre de su última planta productora a partir de remolacha, deberá incrementar sus importaciones. “Hoy les queda una refinería, donde refinan más o menos unas 100.000 toneladas, y el resto lo tienen que importar. Y el proveedor natural es Argentina”, señaló.
Blaquier también puso el foco en las ineficiencias que todavía existen dentro de la cadena azucarera argentina. A su entender, durante los últimos años el sector dejó de capturar entre u$s200 millones y u$s400 millones anuales debido a problemas comerciales, logísticos y productivos.
Incluso recordó que durante cuatro o cinco meses de la zafra pasada el azúcar llegó a comercializarse en torno a u$s270-u$s300 por tonelada, valores que, según su análisis, se ubicaron muy por debajo de los precios internacionales. La oportunidad, entonces, está en cambiar la lógica de funcionamiento de la actividad. "Creo que tenemos una oportunidad única, que es el día que nosotros empecemos a pensar en la industria y no en cada uno de nosotros”, recalcó ante el auditorio.
Leales: biomasa para energía y alimentación animal
Sebastián Budeguer, del Ingenio Leales y moderador del panel, también presentó desarrollos vinculados con el aprovechamiento integral de la caña.
Dentro del grupo desarrollaron una tecnología denominada BAR, una máquina que permite recolectar la maloja directamente desde la planta, evitando que el material entre en contacto con el suelo y pueda incorporar tierra. El material obtenido tiene un doble uso: puede utilizarse como combustible para las calderas y también como alimento animal, gracias a su contenido de fibra.
Budeguer destacó que la industria azucarera tiene oportunidades que exceden ampliamente la producción tradicional de azúcar y bioetanol. “Estamos frente a una agroindustria de altos potenciales desarrollos”, sostuvo.
Entre las alternativas futuras mencionó la generación de electricidad a partir de la caña, la producción de ácido y el aprovechamiento del dióxido de carbono de origen renovable.
Un sector que busca ampliar la frontera del bioetanol
Las distintas exposiciones mostraron una coincidencia central: el bioetanol dejó de ser visto exclusivamente como un producto complementario de la industria azucarera y pasó a ocupar un lugar estratégico dentro de la transición energética.
Para Rocchia Ferro, el nuevo marco regulatorio debe permitir que esa transformación continúe. “Considero que es muy importante que apoyemos este proyecto de ley porque implica que estamos comprometidos desde Tucumán con que haya menor importación de distintas cuestiones vinculadas al petróleo”, sostuvo.
A su vez, remarcó que una mayor utilización de bioetanol permitiría liberar parte de la producción de hidrocarburos para otros destinos y ampliar la matriz energética argentina. “Ampliamos la matriz energética, pero además -y esto no es menor- el medio ambiente y la sociedad están contemplados dentro de la ley”, afirmó.
El mensaje que dejó el sector en Tucumán fue, así, doble: por un lado, reclama una ley que permita elevar los cortes y otorgue previsibilidad para invertir; por otro, exhibe que la industria ya está avanzando en eficiencia energética, certificaciones, aprovechamiento de biomasa y diversificación de mercados.
Para los empresarios del NOA, el desafío ahora es que ese potencial encuentre un marco regulatorio de largo plazo que permita convertirlo en producción, inversiones, empleo y nuevas oportunidades para toda la cadena sucroalcoholera.
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