La adjudicación de la provisión de caños para una obra estratégica vinculada al desarrollo de Vaca Muerta abrió un nuevo frente de tensión entre el gobierno de Javier Milei y el Grupo Techint, uno de los conglomerados industriales más poderosos de la Argentina. El hecho que inició el cruce fue la decisión del consorcio Southern Energy de adjudicar el contrato a la empresa india Welspun, en detrimento de Siat Tenaris, la controlada de Techint especializada en tubos para la industria energética.
Una empresa india le ganó la pulseada a Techint para la construcción de un gasoducto en Vaca Muerta y el Gobierno defendió la adjudicación
Welspun se quedó con la adjudicación frente a Techint por un precio 40% menor. Sturzenegger advirtió sobre que costos altos frenan la inversión en Vaca Muerta. El trasfondo de la licitación.
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Según trascendió en medios nacionales, la oferta presentada por Welspun rondó los 200 millones de dólares, mientras que la propuesta de Siat Tenaris fue sensiblemente superior.
El debate escaló públicamente luego de que el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, defendiera la adjudicación al proveedor extranjero al asegurar que la oferta de Techint fue aproximadamente un 40% más cara que la ganadora. Para el funcionario, ese diferencial vuelve “indefendible” cualquier intento de priorizar al proveedor nacional únicamente por su origen, en un contexto donde el Gobierno busca reducir costos estructurales y atraer inversiones de largo plazo.
La obra en cuestión no es menor. Se trata de la provisión de caños para un ducto de casi 500 kilómetros que conectará Vaca Muerta con la costa de Río Negro, donde se proyecta la instalación de una planta de licuefacción de gas natural para exportación. El proyecto forma parte de una inversión estimada en alrededor de 15.000 millones de dólares y es impulsado por Southern Energy, un consorcio integrado por YPF, Pan American Energy, Pampa Energía y otros actores relevantes del sector energético.
Según trascendió, la oferta presentada por Welspun rondó los 203 millones de dólares, mientras que la propuesta de Siat Tenaris fue sensiblemente superior. Además del precio, la empresa india habría ofrecido mejores condiciones financieras, como mayor flexibilidad en los plazos de pago y en las garantías, aspectos que terminaron de inclinar la balanza en un proceso licitatorio que contó con competidores de más de diez países.
Para Sturzenegger, la discusión excede el caso puntual y remite a un problema estructural de competitividad. “Caños más caros implican menor rentabilidad del proyecto, menores inversiones, menos empleo y menos exportaciones”, sostuvo el ministro, al tiempo que advirtió que, dado que el precio del gas se fija en el mercado, mayores costos de infraestructura pueden terminar trasladándose a tarifas más altas para empresas y consumidores. En esa línea, defendió la lógica de importar insumos más baratos como una forma de mejorar la ecuación económica de proyectos exportadores y fortalecer el balance externo. “Cada importación genera la necesidad de una exportación”, planteó, en referencia al impacto sobre el tipo de cambio y la estructura productiva.
La polémica se profundizó cuando trascendió que, una vez conocidas las ofertas, Techint habría planteado la posibilidad de igualar el precio de Welspun y reclamado un derecho de preferencia para mejorar cualquier propuesta, una figura conocida como first refusal. Ese pedido fue rechazado de plano por el ministro, quien advirtió que introducir ese tipo de cláusulas después de una licitación desalienta la competencia futura. Según su visión, si los oferentes perciben que sus propuestas pueden ser utilizadas solo como referencia para que otro jugador iguale condiciones, el resultado será menos participación y, a la larga, costos más altos para el país.
Sturzenegger también puso el foco en la credibilidad de los procesos licitatorios. Modificar una adjudicación una vez concluido el proceso, señaló, afectaría la confianza de los proveedores internacionales en proyectos de infraestructura energética en la Argentina. “El proveedor extranjero diría: me presento a una licitación y luego me birlan mi oferta”, escribió, aludiendo a un historial local marcado por cambios de reglas y decisiones discrecionales que, según el actual Gobierno, alejaron inversiones durante décadas.
Desde el lado de Techint, el episodio se inscribe en una postura histórica de defensa de la producción nacional frente al avance de importaciones siderúrgicas, especialmente desde Asia. Paolo Rocca, principal referente del grupo, ha sido un crítico recurrente de la importación de acero. A fines de diciembre, durante un encuentro con empleados de Tenaris, afirmó que haría “todo lo posible para contrastar importaciones desleales” y proteger el entramado industrial local. En este caso, sin embargo, la competencia no provino de China —el blanco habitual de las críticas— sino de India, otro jugador de peso en el mercado global.
De acuerdo con la información disponible, la decisión fue debatida durante semanas dentro del consorcio petrolero. Incluso el presidente de YPF, Horacio Marín, habría propuesto otorgarle a Siat Tenaris más margen para mejorar su oferta. Sin embargo, los socios coincidieron en que la brecha de costos hacía inviable avanzar en esa dirección sin comprometer la viabilidad económica del proyecto.
“Vaca Muerta va a representar oportunidades increíbles en los próximos años”, escribió Sturzenegger, al cerrar su argumentación. “Pero para eso hay que mirar con sentido estratégico y pensar a largo plazo”. En esa frase se condensa la apuesta oficial: priorizar reglas de mercado, previsibilidad y eficiencia, aun cuando eso implique confrontar con actores históricos del poder económico argentino. El desenlace de este conflicto será una señal clave para el sector energético y para el rumbo de la política industrial en los próximos años.
Cómo fue el proceso de licitación que dejó a Welspun como ganadora en la provisión de caños para el gasoducto de exportación de GNL
La licitación para la provisión de caños del gasoducto dedicado a la exportación de gas natural licuado (GNL), una de las obras de infraestructura energética más relevantes de los próximos años, se convirtió en el centro de un debate político y empresarial. Sin embargo, más allá de la controversia pública posterior, el proceso licitatorio que terminó con la adjudicación a la empresa india Welspun siguió un recorrido técnico, competitivo y formal que permite entender por qué la decisión fue tomada en esos términos.
El proyecto contempla la construcción de un gasoducto de aproximadamente 480 kilómetros, clave para conectar Vaca Muerta con la futura planta de licuefacción y consolidar a la Argentina como exportador relevante de GNL. Se trata de una iniciativa de costos muy ajustados, donde cada componente impacta directamente en la rentabilidad, la viabilidad financiera y el atractivo del proyecto para inversores internacionales.
Cómo fue el proceso de licitación
La licitación se lanzó en octubre de 2025 bajo normas explícitas de integridad, profesionalismo y transparencia, con un cronograma previamente establecido y conocido por todos los participantes. El llamado evidenció el interés que despiertan los proyectos energéticos argentinos en el escenario global: se recibieron ofertas de 15 proveedores provenientes de distintos países, entre ellos Argentina, España, China, India, Colombia, México, Japón, Grecia y Turquía.
De ese universo inicial, solo seis oferentes avanzaron a la instancia decisiva. Se trató de las compañías que lograron la aprobación técnica y la homologación internacional, un requisito clave para una obra de esta magnitud, donde los estándares de calidad, seguridad y confiabilidad son determinantes. Entre esos seis finalistas había empresas argentinas, indias y chinas, todas con experiencia en grandes proyectos de infraestructura energética.
La oferta de Welspun y la comparación de precios
Dentro del grupo de oferentes técnicamente aprobados, Welspun presentó la propuesta económica más competitiva. Su oferta rondó los 203 millones de dólares, un valor que resultó decisivo frente a sus competidores. En términos comparativos, la propuesta de Tenaris —la controlada de Techint— fue la más alta entre las seis, con una diferencia superior a los 90 millones de dólares respecto de Welspun, lo que implicó un sobreprecio cercano al 45%.
Las ofertas presentadas por las empresas chinas, por su parte, quedaron aproximadamente un 15% por encima de la ganadora. En un proyecto con márgenes estrechos y con precios de venta del gas definidos por el mercado internacional, estas diferencias no son menores: impactan directamente en la estructura de costos, en la tasa interna de retorno y en la capacidad de cerrar el financiamiento.
En una instancia posterior, Tenaris redujo su propuesta en torno a un 5%, pero aun así continuó siendo unos 80 millones de dólares más cara que la de Welspun. Esa rebaja no alcanzó para modificar el orden de mérito ni para acercarse a la oferta más competitiva.
Condiciones financieras y garantías, otro factor clave
Más allá del precio, la licitación evaluó aspectos financieros y contractuales que resultan centrales en proyectos de gran escala. En este punto, Welspun también logró una ventaja diferencial. La empresa india ofreció mayor flexibilidad en la forma de pago y en las garantías exigidas, un elemento especialmente valorado en una obra donde la estructura financiera es muy sensible a cualquier desviación.
Estas condiciones mejoradas contribuyeron a reducir riesgos para el consorcio adjudicatario y a facilitar la ejecución del proyecto en tiempo y forma. En el análisis integral —técnico, económico y financiero—, la propuesta de Welspun resultó la más conveniente para el interés del proyecto.
Adjudicación y unanimidad de los accionistas
Tras la evaluación completa de todas las ofertas, la licitación fue adjudicada formalmente a Welspun el 23 de diciembre de 2025. La decisión fue tomada por unanimidad de los accionistas de Southern Energy, el consorcio responsable del proyecto, lo que refuerza la idea de que no se trató de una resolución aislada ni impuesta por un solo actor, sino de un consenso entre compañías con fuerte peso en el sector energético.
Welspun es una empresa de primer nivel a escala global, con presencia en más de 50 países y una dotación superior a los 30.000 empleados. Su trayectoria internacional, sumada a su competitividad económica y financiera, fue determinante para inclinar la balanza.
Ofertas fuera de plazo y cierre del proceso
Una vez adjudicada la licitación, el proceso ingresó en su etapa final. Sin embargo, el 24 de diciembre, un día después de la adjudicación, Tenaris presentó una nueva oferta por fuera del plazo establecido para la recepción de propuestas. En ese momento, la licitación ya había sido cerrada y el proceso se encontraba formalmente concluido.
Aun así, el 30 de diciembre se informó a Tenaris que, incluso con esa mejora, su oferta seguía siendo casi un 25% más alta que la ganadora, con una diferencia cercana a los 50 millones de dólares. Posteriormente, el 6 de enero de 2026 —15 días después de la adjudicación y con el contrato ya firmado con Welspun—, Tenaris volvió a presentar otra propuesta, esta vez ofreciendo igualar las condiciones comerciales de la oferta más competitiva.
La respuesta fue negativa. El 7 de enero se reiteró que la presentación estaba fuera de plazo y que aceptar una modificación en ese contexto sería incompatible con la integridad del proceso licitatorio. Desde Southern Energy se sostuvo que una licitación de estas características debe garantizar igualdad de oportunidades para todos los participantes y respetar estrictamente los tiempos y reglas fijados de antemano.
Un proceso que explica la decisión final
El detalle del proceso licitatorio muestra que la adjudicación a Welspun no fue el resultado de una decisión improvisada ni de una preferencia discrecional por un proveedor extranjero, sino la consecuencia de una competencia internacional en la que primaron el precio, la solidez técnica y las condiciones financieras.
En un contexto de apertura económica, revisión de costos y búsqueda de inversiones de largo plazo, este proceso se convirtió en un caso testigo sobre cómo se toman decisiones en proyectos estratégicos. Más allá de la polémica posterior, la licitación dejó en claro que, para obras de esta escala, la competitividad integral —y no solo el origen del proveedor— fue el criterio que terminó definiendo el resultado.
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