1 de octubre 2026 - 16:51

Vaca Muerta y el futuro eléctrico: ¿podrá la Argentina aprovechar la nueva oportunidad que le da el mundo?

En el Coloquio de IDEA, Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía, planteó que la energía dejó de ser sólo una cuestión de precio y transición para convertirse en un factor de competitividad y seguridad nacional. En ese escenario, Vaca Muerta aparece como un activo estratégico global, aunque el desafío será ejecutar inversiones, infraestructura y escala.

 Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora

 Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora

La energía volvió a ocupar el centro de la estrategia económica global y la Argentina tiene una ventana de oportunidad difícil de repetir. En un mundo atravesado por guerras, disrupciones comerciales y tensiones geopolíticas, el acceso a energía segura, competitiva y abundante pasó a ser una cuestión de competitividad económica y seguridad nacional. Bajo esa premisa, Vaca Muerta aparece como uno de los activos más relevantes que puede ofrecer el país.

El planteo fue desarrollado por Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora, durante su exposición en el 62° Coloquio de IDEA, en Mar del Plata. Su diagnóstico fue que la transición energética será más larga, más compleja y más demandante en inversión de lo que se proyectaba hace algunos años.

Durante décadas, el debate energético estuvo ordenado alrededor de un trilema: energía asequible, limpia y segura. Pero la aceleración de los conflictos globales modificó la prioridad de gobiernos y empresas. Hoy no alcanza con tener energía barata o baja en emisiones: también importa su origen, su disponibilidad y la capacidad de sostener el suministro ante shocks externos.

La demanda global seguirá creciendo

Baztarrica sostuvo que la demanda energética global seguirá creciendo hasta 2050, impulsada principalmente por países emergentes. Los mayores aumentos vendrán del sudeste asiático, con un incremento superior al 40%, y de África, con una suba cercana al 30%.

En cambio, China y Estados Unidos tenderán a estabilizar su consumo, mientras que Europa reducirá su demanda hasta 20%. Esa redistribución del consumo energético marcará nuevas oportunidades para los países capaces de ofrecer recursos confiables, infraestructura y costos competitivos.

“El futuro va a ser eléctrico, ya se ve en las calles”, resumió Baztarrica. La electricidad representa hoy alrededor del 23% del consumo energético global y podría escalar hasta 42% en los próximos años, empujada por la electrificación del transporte, la industria y el crecimiento de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.

Ese proceso abre un doble desafío. Por un lado, exige más generación eléctrica, redes y almacenamiento. Por otro, no elimina la necesidad de petróleo y gas, que seguirán siendo relevantes durante varias décadas.

Petróleo y gas, todavía indispensables

El especialista remarcó que la transición no implicará una salida rápida de los hidrocarburos. Según explicó, el petróleo y el gas representan hoy cerca del 65% del consumo energético global y podrían bajar a un rango de entre 40% y 55% hacia 2050.

Esa caída gradual no elimina la necesidad de nuevas inversiones. En petróleo, la demanda se reducirá lentamente, pero la producción existente declina todos los años entre 3% y 5%. Esa brecha obliga a desarrollar nuevas cuencas para evitar restricciones de oferta.

En gas, el escenario es todavía más claro. Las guerras y la reorganización del comercio energético elevaron la demanda de fuentes seguras y diversificadas. Los compradores ya no miran sólo el precio: también buscan diversidad geográfica y confiabilidad de suministro.

Ese cambio abre espacio para nuevos proveedores. Y ahí aparece la Argentina.

Vaca Muerta como activo estratégico global

Baztarrica definió a Vaca Muerta como un “recurso de clase mundial”. La formación no convencional es la segunda reserva de gas no convencional del mundo y la cuarta de petróleo. Además, combina competitividad de costos, escala y un perfil de emisiones relativamente bajo frente a otras fuentes.

La oportunidad no pasa únicamente por exportar más hidrocarburos. En un mundo donde Europa y Asia buscan diversificar proveedores, Vaca Muerta puede funcionar como una pieza de seguridad energética para mercados que necesitan gas y petróleo con origen confiable.

El potencial económico es de escala. Según la estimación presentada, el desarrollo energético argentino demandará hasta u$s100.000 millones en inversiones hacia 2030, podría generar exportaciones por u$s30.000 millones anuales y requerir alrededor de 200.000 empleos estables.

Pero el punto central de la exposición fue que el recurso, por sí solo, no alcanza. La oportunidad existe, pero debe ser ejecutada.

Ejecutar, escalar e invertir

“Hay que ejecutar y escalar”, planteó Baztarrica. La hoja de ruta incluye multiplicar la capacidad productiva, duplicar la perforación, construir nuevas plantas de procesamiento, gasoductos, oleoductos, puertos e infraestructura asociada.

También será necesario mejorar productividad, desarrollar talento, fortalecer proveedores y construir ecosistemas industriales capaces de acompañar una escala mayor. El desafío no es sólo geológico ni financiero: también es operativo, logístico y humano.

La magnitud de Vaca Muerta obliga a pensar el desarrollo energético como una política de industria, no como una suma de proyectos aislados. Para aprovechar la ventana global, el sector deberá coordinar inversiones, infraestructura y capacidades bajo un nuevo nivel de colaboración.

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