"88 minutos"

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«88 minutos» (88 minutes, EE.UU., habl. en inglés) Dir.: J. Avnet. Int.: A. Pacino, W. Forsythe, D.K. Unger, L. Sobieski.

En medio de una trama muy verosímil, un personaje encarnado por Al Pacino cederá casi necesariamente su identidad propia a la del actor de «El Padrino». Obviamente en los tiempos de Michael Corleone, o de los policías y delincuentes de clásicos de Sydney Lumet como «Serpico» o «Tarde de Perros» eso no pasaba, pero en las décadas siguientes, Pacino se comió un poco a sus personajes, y si la trama no es especialmente sólida ni creíble. Entonces sí, estamos en manos de Pacino. Lo que no es necesariamente malo.

En «88 minutos», Pacino es un psiquiatra forense, feliz de que haya llegado el día de la ejecución de un horrible asesino serial que viola chicas y luego las cuelga cabeza abajo para que se desangren, o algo más o menos así. Lamentablemente ese día menos pensado, la serie de asesinatos vuelve a reactivarse, no sólo dejando la posibilidad de que el autor no sea un mero imitador sino el verdadero culpable de los crímenes originales (lo que salvaría de la pena de muerte al Nemesis del protagonista), sino apuntando directamente hacia el científico del FBI que, en medio de semejante ola de complicaciones, tiene un agresor anónimo que le asegura que sólo le quedan 88 minutos de vida. La película en general se sostiene bastante bien por las constantes sorpresas y secretos del pasado que sacan los guionistas de la galera sin paz ni pausa.

Pero hay un punto de quiebre de la verosimilitud que atenta contra el film, por momentos con gravedad, y es el hecho de que el héroe no busque resguardo policial inmediato contra la amenaza con cronómetro descendente. La excusa son las obsesivas investigaciones paranoicas del personaje, lo que por otra parte termina ofreciendo un festival Pacino.

El carisma del actor arregla en parte lo que le falta al guión, y la película se deja ver o no según el fanatismo que se tenga, a favor o en contra, del actor protagónico. Hay un buen grupo de actores secundarios alrededor -como el eterno rudo William Forsyhte- y toda una banda de chicas lindas para preocupar al superastro, que finalmente parece estar a cargo de todo dentro de la película. El director Jon Avnet se limita a filmar con sobriedad algunas escenas nada sobrias, y a mostrar la interesante arquitectura de Seattle en grandes planos generales que no aportan mucho a la tensión o al suspenso, pero que redundan en imágenes muy bonitas.

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