Cada tanto, el rock parece quedarse sin aire, pero de algún modo siempre encuentra la manera de volver. Uno de esos tantos regresos tuvo como protagonistas a un improbable dúo llamado The White Stripes.
A 15 años del adiós de The White Stripes: mucho más que un riff de guitarra
Un hombre, una mujer, una batería roja, una guitarra y una regla inquebrantable: solo colores rojo, blanco y negro.
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Jack y Meg White, el dúo que cambio el rock y blues del nuevo milenio.
A finales de los 90, la industria estaba saturada de producciones sobrecargadas, el pop adolescente dominaba las listas y el nu-metal empezaba a agotar su fórmula de angustia distorsionada. Entonces, desde un garaje en Detroit, surgió un estruendo primario, minimalista y visualmente hipnótico. Un hombre, una mujer, una batería roja, una guitarra y una regla inquebrantable: solo colores rojo, blanco y negro.
Hoy se cumplen exactamente 15 años desde que The White Stripes publicaron un escueto mensaje en su sitio web anunciando su disolución. No hubo peleas públicas, ni "diferencias artísticas" irreconciliables, ni problemas de salud. Simplemente decidieron que ya estaba todo dicho. A tres lustros de ese silencio, el legado de Jack y Meg suena más fuerte que nunca.
Los inicios: cintas analógicas y el misterio de los "Hermanos" White
La historia de The White Stripes es, en esencia, una historia de mitología fabricada y honestidad brutal. Todo comenzó en 1997. Jack Gillis, un joven tapicero de Detroit obsesionado con el blues de entreguerras y el punk de los Stooges, convenció a Meg White de que se sentara tras una batería. Meg no era música; nunca había tomado una clase. Pero en esa falta de técnica, Jack encontró el ingrediente secreto: la pureza.
Desde su álbum homónimo de 1999 y el crudo "De Stijl" (2000), la banda estableció una ética de trabajo basada en la limitación. Grababan en estudios analógicos, a menudo en sesiones maratónicas de pocos días, evitando cualquier truco digital que pudiera "limpiar" su sonido.
Durante años, Jack y Meg mantuvieron una de las mentiras más fascinantes de la historia del rock: que eran los dos hermanos menores de una familia numerosa. La prensa compró la historia, cautivada por la química casi telepática que mostraban en el escenario.
Sin embargo, la realidad era más compleja: habían sido marido y mujer, se casaron en 1996 (Jack tomó el apellido de Meg) y se divorciaron en el año 2000, justo antes de que la fama mundial los golpeara. Según explicó Jack años más tarde, la decisión de ocultar su relación fue para que toda la atención se centrará en la música.
El blues como motor y el rock como urgencia
Aunque se les etiquetó como los salvadores del "garage rock", The White Stripes eran, en el fondo, una banda de blues. Pero no un blues de museo, sino uno vivo y peligroso. Jack White no solo tocaba la guitarra; la atacaba. Sus influencias —desde Son House y Blind Willie McTell hasta Led Zeppelin— se filtraban a través de un amplificador Silvertone barato, creando un sonido garage que era a la vez antiguo y futurista.
El minimalismo de Meg fue fundamental. A menudo criticada por su técnica simple, su estilo era el metrónomo emocional de la banda. Sin su pulso primitivo y pesado, las exploraciones salvajes de Jack no habrían tenido un ancla. Juntos, demostraron que en el arte, a veces, menos es infinitamente más.
"Seven Nation Army": El riff que se escapó de las manos
Si hay un momento que define la llegada de la banda a la masividad absoluta, es el lanzamiento de "Seven Nation Army" en 2003. Ese riff de siete notas, que muchos confunden con un bajo pero que en realidad es una guitarra semiacústica conectada a un pedal de efectos, se convirtió en algo que trasciende la música popular.
Se convirtió en un cántico de estadios de fútbol, en un himno de protestas políticas y en la primera lección de guitarra de millones de niños en todo el mundo. Con el álbum "Elephant", los White Stripes dejaron de ser el secreto mejor guardado de la escena indie para convertirse en la banda más importante del planeta. Ganaron Grammys, encabezaron festivales como Glastonbury y devolvieron el rock a las portadas de las revistas de moda, todo sin añadir un solo músico extra a su formación.
Líderes del resurgimiento indie
Junto a bandas como The Strokes, The Hives y Yeah Yeah Yeahs, The White Stripes lideraron lo que se conoció como el Garage Rock Revival de principios de los 2000. Sin embargo, ellos siempre se sintieron como los "outsiders" del grupo. Mientras otros buscaban la sofisticación neoyorquina, los White Stripes buscaban la mugre de la carretera y la elegancia de un uniforme de los años 40.
Su influencia permitió que el mercado se abriera de nuevo a bandas de guitarras, pavimentando el camino para grupos como The Black Keys o Arctic Monkeys. Enseñaron a una generación de músicos que no necesitaban un contrato discográfico millonario ni una producción de pulido diamante para ser relevantes. Solo necesitaban una idea clara y la voluntad de ejecutarla con pasión.
El Salón de la Fama y el legado de The White Stripes
En 2023, la banda recibió el reconocimiento definitivo al ser incorporada al Rock and Roll Hall of Fame en su primer año de elegibilidad. Fue un momento de validación para un dúo que, en su momento, fue visto por algunos como una excentricidad pasajera.
En la ceremonia, se destacó no solo su éxito comercial, sino su labor de preservación cultural. A través de su sello, Third Man Records, Jack White ha rescatado miles de grabaciones históricas de blues, country y gospel, asegurándose de que las raíces del rock no se pierdan. La banda no solo hizo historia; se encargó de proteger la historia de los demás.
Quince años después de su separación, el hueco que dejaron The White Stripes sigue sin llenarse. Aunque Jack White ha tenido una carrera solista brillante y exitosa con proyectos como The Raconteurs y The Dead Weather, hay algo en la alquimia entre él y Meg que resulta irrepetible.
Su legado musical vive en cada banda de dos integrantes que se atreve a subir a un escenario. Bandas como los mencionados The Black Keys, el dúo ingles Royal Blood, Twenty One Pilots o el caso de la banda platense Camionero, son algunos ejemplos.
En un mundo de filtros y algoritmos, The White Stripes eran analógicos, ruidosos y humanos. Como dijeron en su despedida: "The White Stripes ya no pertenecen a Jack y Meg. Ahora pertenecen a ustedes y pueden hacer con ellos lo que quieran. La belleza del arte y la música es que pueden perdurar para siempre si la gente así lo desea. Gracias por compartir esta experiencia". Quince años después, el arte y la música del dúo oriundo de Detroit sigue presente.





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