El 23 de enero de 2006, cuatro adolescentes de High Green, Sheffield, entraron en los libros de historia del rock sin pedir permiso. Hoy, exactamente 20 años después, el mundo vuelve a hablar de ellos. Pero no solo por la nostalgia de aquel debut explosivo, sino por su presente: ayer, los Arctic Monkeys lanzaron "Opening Night", su primera canción inédita desde 2022.
El pasado y presente de Arctic Monkeys: de los 20 años de su disco debut al regreso con "Opening Night"
"Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not" se lanzó un día como hoy pero de 2006, dos décadas después los ingleses presentan una nueva canción destinada a un álbum con fines benéficos.
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Los Arctic Monkeys celebran una fecha muy especial en su historia.
La nueva producción forma parte de "Help(2)", el disco benéfico de la organización War Child que busca replicar el impacto humanitario del histórico álbum "Help" de 1995.
El regreso con "Opening Night" y el compromiso social
El estreno de ayer no fue un lanzamiento cualquiera. "Opening Night" nos devuelve a una banda reflexiva, moviéndose entre la elegancia cinematográfica de "The Car" (2022) y una experimentación rítmica que recuerda a las sesiones de "Humbug" de 2009. Con una lírica punzante de Alex Turner que aborda la propaganda y la alienación en tiempos de conflicto, la canción lidera un proyecto que incluye a artistas de la talla de Damon Albarn, Depeche Mode, Pulp y Olivia Rodrigo.
"Estamos orgullosos de apoyar la labor de War Child. Esperamos que este disco tenga un impacto positivo en la vida de los niños afectados por la guerra", expresó la banda en un comunicado.
Pero para entender cómo estos músicos llegaron a liderar una cruzada global en 2026, debemos retroceder dos décadas, al momento en que el rock británico encontró a sus nuevos salvadores.
La génesis de los "Monkeys": el fenómeno que nació en Internet
Antes de ser las estrellas que hoy encabezan festivales, Alex Turner, Jamie Cook, Matt Helders y el entonces bajista Andy Nicholson (reemplazado más tarde por Nick O'Malley) eran solo chicos que regalaban copias de sus CDs caseros a la salida de sus shows.
A diferencia de las bandas de los 90, los Monkeys no dependieron de la prensa especializada para crecer. Fueron sus propios fans quienes subieron esas canciones a MySpace, creando un fenómeno viral cuando la palabra "viral" apenas empezaba a usarse. Canciones como "Fake Tales of San Francisco" ya eran himnos en los pubs antes de que existiera un contrato discográfico de por medio.
Cuando finalmente firmaron con el sello independiente Domino Records, la expectativa era tan alta que el éxito parecía inevitable, pero nadie imaginó la magnitud.
La grabación en Chapel Studios: crudeza y velocidad
En septiembre de 2005, la banda se encerró en los Chapel Studios en Lincolnshire con el productor Jim Abbiss. El objetivo era simple: capturar la energía eléctrica y sudorosa de sus presentaciones en vivo.
No hubo grandes artificios. El álbum se grabó con una urgencia casi punk. Abbiss recordó recientemente en una entrevista por este aniversario que los chicos sabían exactamente lo que querían: un sonido que golpeara como un puñetazo en la cara. Esa honestidad brutal es la que permea cada segundo del disco, desde el redoble inicial de "The View From The Afternoon" hasta el final épico de "A Certain Romance".
"Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not" y una portada icónica
Si el sonido era disruptivo, la estética no se quedó atrás. La portada de "Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not" es, hoy en día, una de las imágenes más icónicas del siglo XXI. En ella, Chris McClure (amigo de la banda) aparece fumando un cigarrillo a altas horas de la madrugada en el bar Korova, en Liverpool.
En su momento, la imagen generó controversia por "promover el tabaquismo", pero para la banda representaba algo más profundo: la realidad sin filtros de la vida nocturna británica. No había modelos, no había poses de rockstar; solo un tipo común en una noche común. Era el espejo perfecto para las letras de Turner.
El estallido y los números que impactaron a la industria
Cuando el álbum salió a la venta, los récords se pulverizaron en cuestión de horas. En su primera semana, vendió 363.735 copias, convirtiéndose en el álbum debut de venta más rápida en la historia de la música británica, un título que aún ostenta para una banda.
El impacto fue tal que superó las ventas del resto del Top 20 combinado en esa semana. No era solo un éxito comercial; era un cambio de paradigma. El rock volvía a ser relevante para los jóvenes, y lo hacía con un lenguaje propio, lleno de jerga del norte de Inglaterra y observaciones agudas sobre la inseguridad, el amor en la pista de baile y los porteros de discoteca abusivos.
Canciones que definieron una era y el contexto musical de la época
Es imposible hablar de este disco sin mencionar algunas de sus canciones más emblematicas:
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"I Bet You Look Good on the Dancefloor": El himno generacional por excelencia. Una descarga de adrenalina que declaraba la guerra a las pretensiones de la industria.
"Mardy Bum": La muestra temprana de que Alex Turner no solo era un cronista del caos, sino también un compositor melódico excepcional capaz de retratar discusiones de pareja con una ternura inusitada.
"When the Sun Goes Down": Una narrativa cruda sobre la prostitución en el barrio de Neepsend que pasaba de una balada acústica a un riff explosivo en segundos.
Para entender el fenómeno de los de Sheffield, hay que recordar que los Monkeys no nacieron en un vacío, sino en el ojo de una tormenta eléctrica que recorría el mundo.
El inicio del milenio fue el escenario del "Garage Rock Revival", una era donde las guitarras recuperaron su trono gracias a la elegancia urbana de The Strokes en Nueva York y la crudeza primitiva de The White Stripes en Detroit.
Turner —quien años más tarde confesaría en una canción que "solo quería ser uno de los Strokes"— absorbió junto a sus amigos esa urgencia rítmica y la combinó con la narrativa bohemia y desprolija de bandas locales como The Libertines.
Este ecosistema musical permitió que los Monkeys no solo fueran una banda más, sino la respuesta británica definitiva a una revolución global que devolvió el rock a los garajes y, finalmente, a la cima de los ránkings.
De Sheffield al mundo, la evolución constante
Muchos esperaban que Arctic Monkeys repitiera la fórmula por siempre. Sin embargo, la banda decidió que la única forma de sobrevivir era mutar.
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La etapa del desierto: Con Humbug (2009) y la influencia de Josh Homme, bajaron las revoluciones y oscurecieron su sonido.
La conquista global: AM (2013) los convirtió en íconos mundiales, mezclando el rock con grooves de hip-hop y R&B.
El crooner espacial: Con Tranquility Base Hotel & Casino (2018) y The Car (2022), Turner abandonó la guitarra por el piano, explorando el lounge, el jazz y el pop barroco.
Esta trayectoria los trae a este 2026, donde "Opening Night" parece amalgamar todas sus facetas. El nuevo sencillo, lanzado ayer a beneficio de War Child, demuestra que, aunque ya no son aquellos adolescentes de Sheffield, mantienen la misma capacidad de sorprender y la misma urgencia por decir algo relevante.
A 20 años de aquel debut, los Arctic Monkeys no son una pieza de museo. Son una banda viva. "Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not" sigue sonando tan fresco y necesario hoy como en 2006, porque no fue un producto de marketing, sino un estallido de honestidad.







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