11 de mayo 2005 - 00:00
"A Alejandro Magno nadie lo consideró loco como a Juana"
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“La globalización impulsó a los escritores de América latina
a alejarse de lo político y buscar temas universales“, afirma
la escritora Gioconda Belli, que reside hoy en Estados Unidos.
Periodista: ¿Por qué para contar la historia de Juana la Loca inventa una actual que la relaciona?
Gioconda Belli: Me gusta jugar con el tiempo porque, aunque se vive en forma línea, es mucho más complejo y en narrativa se puede mostrar cómo coexiste el pasado con el presente. En las emociones no nos diferenciamos de los que nos precedieron, seguimos teniendo las mismas reacciones, los mismos dramas, en entornos y circunstancias distintas. Lo que vivimos hoy con las transformaciones de la técnica son las mediaciones de los aparatos, las computadoras, celulares, internet, eso va a cambiar un poco las relaciones humanas, pero, hasta ahora, ha habido una continuidad en la historia.
P.: ¿Por qué algunas mujeres quieren tanto a Juana la Loca?
G.B.: Es que intuímos que ha sido maltratada por la historia. Su gran pecado fue haberse enamorado apasionadamente de Felipe, y haber sido rebelde. Felipe también se enamoró de ella. No fue un amor plácido sino tan intenso que estuvieron atormentados. Tenían grandes peleas y grandes reconciliaciones. testimonio de esto son los seis hijos que tuvieron. Esa pasión de Juana es lo que nos llama la atención a las mujeres.
P.: ¿Tenía Juana una dependencia morbosa de Felipe, que llegó a la necrofília?
G.B.: No, pelearon muchas veces por cuestiones de poder, pero la historia ha sido muy manipulada. Una de las razoranes que se argumenta para decir que estaba loca es que anduvo viajando con el cadáver del marido, pero tenía 5 meses de embarazo cuando muere Felipe. Y si llevó el cadáver durante 4 meses es porque quería ir a Granada, donde estaban los que la apoyaba. Si hubiera sido un hombre no se hubiera dicho lo que se dijo. De Perón, cuando hizo momificar el cadáver de Evita, nadie dijo que estaba loco; ni de Alejandro Magno que anduvo con el cadáver de Hefastión, su amor, por toda la campaña de la India. Juana no hizo nada que no hayan hecho otros, sin embargo a ella le costó que la encerraran. No me parece que locura plantarse en el patio de un castillo diciendo: no me muevo de aquí hasta que me dejen ir. No me parece locura que le haya cortado el pelo a la amante de su marido. Hay hombres que matan a los rivales y nadie dice que están locos, es un crimen pasional. Juana sólo le cortó el pelo, que le volvería a crecer. Esas cosas no son para nada locuras, las entiendo como mujer.
P.: ¿Qué buscó mostrar con su novela?
G.B.: Que el historiador de antes, y una mirada masculina, ve a Juana de un modo, y la mirada femenina, de ahora, de otra. Reivindico el derecho de la mujer a poder amar, rebelarse, ser ella y no tener que pagar los costos que pagó Juana. Uno de sus problemas es que tuvo un amor pasional, carnal, con su marido, algo incomprensible en esa época de matrimonios arreglados.
P.: ¿Cómo era Juana?
G.B.: No sólo muy bella sino una de las princesas más cultas del Renacimiento. Tuvo gran amistad con Erasmo de Rotterdam, que la admiraba. Cuando Juana muere, junto a su cama tenía el «Elogio de la locura».Y pienso que, si bien Erasmo le dedicó ese libro a Tomás Moro, es una reivindicación de Juana.
P.: ¿Por qué construyó su relato como una historia de espejos entre el pasado y el presente?
G.B.: Para jugar con la seducción de la palabra. En la historia actual, entre Manuel y Lucia, él es una especie de Sherezade que le cuenta la historia de Juana, y juega el rol de Felipe.
P.: ¿Partió de esa historia que ocurre en la actualidad?
G.B.: No, quería contar de Juana, pero lo que me encanta de la creación es lo inesperado, que Juana me saliera en primera persona y no pudiecontarla de otra manera. Se me ocurrió que, así como yo la encarnaba, una pareja actual podía estarlo haciendo e ir mas lejos, copiar aquellas ropas...
P.: Algo muy teatral...
G.B.: Totalmente, pero también cuando leemos o vamos al cine nos identificamos con los personajes. Es que nuestras vidas están limitadas a la individualidad y es a través del arte que podemos romper esa barrera y vivir otras experiencias. En el fondo mi novela trata sobre esa capacidad del arte para seducirnos y hacernos vivir otras vidas.
P.: ¿Por qué pasó a la novela histórica?
G.B.: Buscaba un tema universal y el mundo globalizado nos permite trascender limitaciones geográficas. Pensé: ¿qué tengo que hacer yo, una nicaragüense, con Juana, personaje español, histórico? Y me di cuenta que los conflictos que vivió, de la pasión y el poder, no son algo sólo español ni sólo de Juana. Hoy, la novela histórica escrita por mujeres aporta una visión distinta. Los personajes que consideramos maltratados, mal interpretados, incomprendidos, son materia para una revisión desde nuestra óptica. Por otra parte, el conflictode poder que vivió Juanaes actual. No por nada Maquiavelo escribió «El Príncipe» basado, en gran parte, en Fernando el Católico, porque su forma de ejercer el poder fue increíblemente maquivélica, no le importó sacrificar a Juana, su propia hija.
P.: ¿Por qué varios escritores latinoamericanos han comenzado a escribir historias que no transcurren en América Latina?
G.B.: Nuestra literatura ha estado signada demasiado tiempo por la experiencia política y hemos entrado en otra etapa, no es que dejara de haber problemas pero los conflictos cambiaron de intensidad y tienen que ver con la evolución natural de los procesos nacionales. Entonces el escritor tiene que plantearse otros temas y otros horizontes. Esto me hizo dejar de lado los miedos de entrar en otras aguas, Juana me pertenece como mujer. Si Flaubert dijo «Yo soy madame Bovary», yo digo: yo soy Juana. Más de una vez me dijeron loca, insulto que me remite a Juana.
Entrevista de Máximo Soto



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