7 de agosto 2002 - 00:00
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Los chicos en la Feria
Los expositores consideran que hicieron más ventas que el año pasado. Esto se debió a un fenómeno que hoy es central tanto en esa Exposición (hubo libros a 50 centavos, 1 y 2 pesos) como en las librerías, se eligen fundamentalmente las ofertas.
Los libros son una opción de entretenimiento tan repetible como la de un video game. Algunas editoriales -por caso Atlántida, que debido a la crisis dejó de publicar ficción-se basan actualmente en los libros para chicos y en los de autoayuda.
En una de sus notables novelas, «Matilda», el más importante renovador de la literatura juvenil del siglo XX, el galés Roal Dahl, mostró lo difícil que era para un chico convertirse en lector en una familia donde los padres ni siquiera leen el diario. A Matilda los padres le pegaban para que dejara de encerrarse a mirar «esas cosas con letras» y se dedicara a ver televisión, pero la chica ya había encontrado en la literatura un estímulo a la inteligencia, el lenguaje y la imaginación.
Dahl, irónicamente, convertía al enemigo de las familias educadas, el televisor, en un artefacto fundamental para las de bajo nivel cultural. Otros objetos considerados enemigos de que los chicos lean han sido los videogames, internet y las revistas de historietas. Los dos últimos casos suponen un error, tanto internet -que lleva a leer, escribir y ofrece el ingreso a una biblioteca universal- como los comics, se ha demostrado que generan hábitos de lectura.
La imposición de leer, obligación hecha por padres y programas escolares, suele acabar en que los chicos escapen a la lectura. En tanto que ver el placer que produce la lectura, a sus padres primero y más tarde a sus amigos, provoca deseo de emulación. La obligación de leer en la infancia, no motivada por el propio interés, suele provocar en la adolescencia oposición a la lectura, entre otras cosas por la tradicional rebeldía de esa etapa de maduración. Algo interesante es que hoy los padres, fundamentalmente de los segmentos mas altos de la población, dejan libres a los chicos para que, en las librerías que tienen áreas dedicadas a ese público, jueguen con los libros y elijan a su gusto el que se llevarán. Cualquiera sea el titulo, será un puente hacia el gusto de leer.
«Hoy los que más se venden son los libros de Maria Elena Walsh, de Alfaguara, para los más chiquitos, los de «Harry Potter» para los de entre 12 y 13 años, y todos los de Tolkien para los un poco más grandes. Pero ya no se viene en busca de un autor, sino del precio más bajo», señala Marcela, de Distal de calle Florida. A estos habría que agregar los que acompañan películas como los de «Lilo y Stich» y «Las chicas superpoderosas» o los vinculados a sucesos, como los dedicados a Bandana.
Algunas editoriales han tomado en cuenta, sobre todo en el sector adolescente, la situación actual del mercado al que se dirigen. Por caso Planeta hizo una edición de «El señor de los anillos» en papel de menor calidad, cambió la tapa y puso una foto de la película, y bajó el precio de 18 pesos a 14, eso ayudó a que esas obras sigan en la lista de bestsellers. La publicación de «Rayuela» de Cortázar, autor de culto entre adolescentes, en edición de bolsillo, a 12 pesos, hizo que volviera a venderse. Frente a esto, la edición de bolsillo, en dos tomitos, de los cuentos completos de Edgar Allan Poe, en la magnífica traducción de Cortázar, en la edición de Alianza, se les vuelve impensable, cuestan 165 pesos. «En ese caso, buscan alternativas, otras ediciones de los cuentos de Poe, nacionales, no tan buenas en la traducción pero más accesibles a su bolsillo», comenta Andrea, conductora de la librería Ojos de Papel, de avenida Santa Fe.


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