14 de noviembre 2000 - 00:00

"Acá no conseguí apoyo, por eso el film es español"

A fines de los '80, Daniel Grimelberg supo destacarse en el campo del video. A fines de los '90, se destaca como director de arte («La vida según Muriel», mucho cine publicitario, etcétera). En medio, se mudó a Nueva York, restauró ventanas, vendió antigüedades, y codirigió una película, «Hotel Room», que ahora se estrena. Dialogamos con él. Periodista: ¿Cómo empezó todo?
Daniel Grimelberg: Mientras estudiaba arquitectura formamos un trío de videastas con Sara Fried y Marcelo Infanti, turnándonos en la cámara, la edición, etcétera. Así codirigí el documental «Del Bronx a Valentín Alsina», y dirigí «El pueblo donde no baja nadie», sobre cuento de Ray Bradbury, por ejemplo. Esos fueron mis comienzos en la imagen.
P.: Y después se fue de Alsina al Bronx.
D.G.: Empecé haciendo algunos planos, en 1992, para un estudio que debía refaccionar un viejo edificio en Tribeca, al sur de Manhattan, y luego, con la secreta expectativa de estudiar cine, me fui quedando, me hice traductor, compré antigüedades por encargo (unos guantes de Marlene Dietrich, una bata de Rudolf Nureyev, etcétera), restauré viejas ventanas de más de cien años. Así conocí al catalán Cesc Gay, que tenía sueños similares a los míos.
P.: No parece un apellido catalán.
D.G.: Es un apellido de viejos piratas ingleses. Hablé con él esta mañana: acaba de nacer su hijo. Y yo soy el padrino americano, aunque suena medio mafioso, y más mafioso todavía si digo que soy el padrino sudamericano. Pero es una sensación muy linda.
P.: ¿Y cómo hicieron «Hotel Room»?
D.G.: A fines de 1994 gané un juicio contra el conductor que años atrás había atropellado a mi padre, causándole la muerte. Con ese dinero, y en memoria de mi padre, decidimos hacer una película. Unidos por cierto tipo de humor ácido, hilvanamos varias historias de personajes raros o solitarios en una misma pieza de hotel (un mago y una prostituta, dos recién casados, un suicida y un vendedor de seguros, etcétera), y cuando tuvimos todo bien armado, nos largamos a filmar, en blanco y negro, que facilita muchas cosas, y siguiendo un meticuloso guión técnico, del que casi nunca nos apartamos. La codirección sólo es posible cuando ambos autores llegan al set totalmente de acuerdo en lo que van a filmar. Todo lo que había que discutir, se discutió antes. Esta máxima nos dio muy buenos resultados.

Resultados

P.: ¿Y qué tal el resultado económico?
D.G.: Muy bien. Sólo gastamos $ 30.000 en rodaje y primera edición. Luego Cesc mostró el material a unos productores españoles, y éstos pusieron $ 200.000 para la edición final, sonorización, música, copias definitivas, etcétera, más el lanzamiento. Es el modo de hacerlo. Lástima que yo aquí no encontré gente como ésa, y la película terminó siendo legalmente sólo española. Pero no importa. Ya estuvo en una docena de festivales, se estrenó en Barcelona, Madrid, Valencia y otras ciudades españolas, ahora Buenos Aires, y en febrero probaremos Nueva York. Mientras, Cesc ya hizo por su cuenta otra película, «Krámpack», ganando un premio en Cannes, y ya estamos escribiendo otra más, de nuevo a dúo. Su título de trabajo, hoy lo decidimos, será «Dos hombres y una mujer». Me gusta esto. Además, puedo escribir tranquilo porque el resto de mi vida ya está resuelto gracias al cine publicitario. Como dice Martin Scorsese: «Una para los estudios, otra para mí».

Dejá tu comentario

Te puede interesar