13 de enero 2001 - 00:00

Actualidad

(15/01/2001)Se habla con insistencia de la posibilidad de que Frances Reynolds Marinho logre traer a Buenos Aires una exposición de Picasso. No se incluiría el «Guernica», pero sí varias obras importantes que con paciencia ha ido reuniendo el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Vale la pena recordar que su anterior director, José Girao, le contó a este diario que el Reina Sofía padecía la falta de obras fundamentales de algunos períodos de su principal vanguardista, y que la ley de mecenazgo le permitió acceder a ellas. Es decir, Girao diseñó una estrategia, pero en sus manos estaba la herramienta que le permitió llevar adelante ese proyecto.


El verano porteño ofrece varias muestras interesantes para ver. Una de las obras más importantes es la del mentor del conceptualismo, el norteamericano Joseph Kosuth, que pone en relieve los aspectos visuales de un texto de Cortázar con una instalación azul que revela una especial sensibilidad. La polémica sobre la Bienal del Museo de Bellas Artes pare-ce impedir la valoración de una obra estupenda, de un sublime homenaje a Cortázar. En el terreno del arte conceptual, la bellísima y posmoderna reedición del «Fitotrón» de Luis Benedit, instalada en la sala principal de la galería Ruth Benzacar, es otra obra de importancia. En el Museo de Arte Moderno de la calle San Juan acaban de estrenar «La tarde de un escritor», un video de Gustavo Romano y Jorge Macchi.


Un conocido coleccionista reveló una encuesta personal: los libros que la gente del ambiente lee durante el verano. En primer lugar figura «Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia» de Arthur Danto, que lleva las ideas del polémico Fukuyama al terreno del arte. En posición contraria y defendiendo la representación está «La responsabilidad del artista», de Jean Clair. Entretanto, los que buscan buena información, leen: «Del arte objetual al arte del concepto. Epílogo de la sensibilidad posmoderna» de Simón Marchán Fiz.


El jueves, en el Palais de Glace se inaugura una exposición de ilustraciones y «petropictos» (aerografía sobre piedra) de Ciruelo, artista argentino que ganó fama en España con las tapas de George Luces y Mondatori, además de las portadas de los discos de Spinetta. La muestra de Ciruelo Cabral, que así se llama nuestro artista, finaliza en Buenos Aires una gira que incluyó ciudades como Berlín, Los Angeles, Nueva York y Barcelona, donde vive en la actualidad. «Es de esperar que a Ciruelo no le guste la música de Luis Miguel», observó ya en otro plan una reconocida crítica de arte. Estaba abrumada el domingo pasado con la música de fondo elegida para la exhibición de los Premios Nacionales.


En algunas fachadas de los barrios del Abasto y Barracas, Marino Santamarina va a trasladar, en proyecciones o directamente con pintura en las fachadas, varias partituras de tangos que se identifican con estos sitios. La performance tendrá lugar durante el año 2001 y el artista ya comprometió a una orquesta típica para acompañar las imágenes. «Los bailarines van a venir espontáneamente», augura Santa-marina.


El arquitecto Fabio Grementieri cuenta en una carta a este diario, sin ocultar su alivio: «En el Teatro Cervantes se ha detenido la descabellada obra financiada por la Asociación Amigos del Teatro. Consistía en realizar el dorado a la hoja de todas las superficies de uno de los foyers principales del edificio para transformarlo en un 'salón dorado' que -según opina dicha institución-todo teatro debe tener. Mientras los techos se llueven y la fachada necesita urgente restauración, llegaron a gastar 60.000 dólares en un dorado que no se corresponde con la versión original del teatro. Como en otros muchos casos, los controles son muy laxos, se asignan mal los recursos, se desestima la idoneidad técnica imprescindible para intervenir sobre el patrimonio y los distintos actores involucrados en la tutela confunden sus papeles».

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