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Una Sicilia dominada por rígidos mandatos ancestrales y con una estructura social digna del medioevo es la que emerge en esta primer novela de Simonetta Agnello, cuya acción se desarrolla entre los años 1920 y 1960. Esta novel escritora, de origen noble y siciliano, viene desarrollado una importante carrera de abogada en Londres donde reside desde hace 40 años, ocupándose entre otras cosas de los problemas de las comunidades negra y musulmana. Su reciente debut literario ha sido recibido en su país de origen con un entusiasmo desmesurado, ya que su novela fue comparada nada menos que con «El gatopardo» de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuya acción también se desarrolla en Sicilia, pero en 1860. Cien años después las cosas no parecen haber cambiado mucho en la zona.
El período evocado en «La Mennulara» muestra a una sociedad inmóvil, estancada en el pasado y dominada por la actitud egoísta y diletante de los aristócratas de la región. Agnello construye su historia en base a un enigma muy interesante, el misterioso ascenso social de una criada, que luego de haber llevado una vida miserable como cosechadora de almendras (de allí el apodo de «mennulara») terminó administrando los bienes de sus propios patrones, una rica familia de terratenientes.
La historia comienza el día de su muerte -en septiembre de 1963- y se extiende a lo largo de un mes. En ese tiempo la autora va reuniendo testimonios de todos los que la conocieron, generando un incesante desfile de personajes integrado por patrones, criados, empleados públicos, el médico y el cura del pueblo. Pero esta acumulación de puntos de vista termina resultando agobiante, debido al tono de chisme que prevalece en la mayoría de los relatos. Recién en los últimos capítulos la autora comienza a suministrar datos certeros sobre la vida oculta de la Mennulara, que explican las extrañas contradicciones de esta trabajadora hosca e impenetrable, de cuya generosidad y honradez muchos recelaban. A decir verdad, cuesta mucho identificarse con los personajes de esta sociedad retrógrada y asfixiante, siempre pendientes del que dirán y con una irritante afición por las habladurías. La mezcla de rencor y servilismo que une a la Mennulara con sus aristocráticos patrones tampoco resulta fácil de digerir, por más que se trate de una mujer humillada, víctima de un orden casi feudal y en amores clandestinos con uno de sus amos.
Los cuarenta años que separan esta historia del presente, dejan muchas incertidumbre acerca de la actual realidad siciliana, sobre todo en lo que respecta a las peligrosas andanzas de la mafia local, que aquí responde a un desdibujado estereotipo. Patricia Espinosa
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