24 de octubre 2001 - 00:00

Agridulce pintura del desencuentro amoroso

«Umbral» de P. Zarzoso. Dir.: F. Piernas. Int.: B. Spelzini, R. Merkin, D. Reinhold, S. Fernández, M. Piraino, M. Neuburger. Dir. de Arte: S. Gurfein. Mús.: E. Rudnitzky. Coreog.: D. Reinhold. (Teatro del Sur -Venezuela 2255.)

En principio se trató de un espectáculo semimontado, coproducción del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) para un ciclo sobre autores españoles contemporáneos. Pero la exquisita teatralidad de la puesta y la no menos delicada -y profunda-labor de todo su elenco, hizo que «Umbral» volviera a la escena, este año, con un formato más acabado. En realidad se trata de cinco piezas breves cuyo tema común es la imposibilidad del encuentro amoroso, puesto en acción a través de situaciones muy próximas a lo cotidiano e impregnadas de un humor agridulce.

Personajes

Sus personajes son reconocibles y, a simple vista, parecen moverse entre la posesividad y la cobardía: la mujer que se resiste a dejar a su ex pareja en manos de una rival más joven; el maduro administrador de un matadero que no se atreve a declarle su amor a una de sus empleadas; la solterona que coquetea por teléfono con un desconocido por «miedo a la oscuridad»; la mujer cuyas fantasías eróticas se disuelven en medio de la prisa urbana. Y, entre escena y escena, el muchachito que narra al público su propio desencuentro con una fotógrafa de cuarenta y pico.
Detrás de estas historias se revela un hábil dialoguista y un muy buen observador de los avatares amorosos.

Pero a decir verdad, más allá de los méritos de su autor (el valenciano Paco Zarzoso) lo que vuelve tan entrañable a todo este material, y le termina dando mayor espesura, es la peculiar reconstrucción de los hechos que realizó el director Fernando Piernas. En primer lugar, se ocupó de dar especial relieve a los silencios y al angustiante paso del tiempo, sobre todo en situaciones aparentemente banales. También definió de manera minuciosa, y a la vez muy sutil la gestualidad de cada personaje, la composición de su mundo interno, así como el vaivén de sus complejas emociones.

Sin caer en la seducción de la frase ingeniosa, Piernas echó mano a recursos de legítima teatralidad, que además se ven enriquecidos por un elenco inteligente y de enorme creatividad. Son actores de peso que además cantan, bailan y hasta incorporan muy «seriamente» un divertido sketch de comedia musical.

El propio
Zarzoso admitió su sorpresa frente a esta versión, que a diferencia de las puestas españolas no hizo hincapié en el gag cómico, pero sí se ocupó (sin tener que renunciar al humor) de que los actores trabajaran «más de dentro». Sólo resta destacar la deslumbrante actuación de Beatriz Spelzini (pocas actrices logran darle al dolor tan rica coloratura) y, también, la conmovedora composición de Ricardo Merkin, como el hombre secretamente enamorado de su empleada.

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