7 de agosto 2003 - 00:00

Agridulce y creíble retrato de familia

Escena del film
Escena del film
«El juego de la silla» (Argentina, 2002, habl. en español). Guión y dir.: A. Katz. Int.: R. Bank, D. de Paula, A. Katz, L. Lifschitz, V. Moreno, N. Tacconi.

P ocas objeciones recibe esta agridulce comedia familiar, que se mira con la misma mezcla de cariño e incomodidad con que el hijo mayor (que vive en Canadá y vuelve a casa por un solo día) mira las ansiosas demostraciones de afecto de sus torpes hermanos, la ex novia todavía enganchada, y, sobre todo, la cargosa de su madre. La verdad, personajes y situaciones están tan bien armados, y son tan reconocibles y tocantes, que a la salida más de uno va a pedir turno extra con su analista. Salvo tipas como la madre, claro.

Se critican una fotografía desvaída y unas escenas demasiado teatrales. Pero la fotografía tiene que ver con los sentimientos desgastados de los personajes, y lo otro se condice naturalmente con el carácter histriónico de la vieja, que en algún momento termina llevando al choque. Un choque pasajero, de todos modos, porque bastante sometidos están esos pobres hijos, o bastante paciencia le tienen. Vale también la aclaración: esta cinta es anterior a la pieza que, algunos recordarán, tuvo el San Martín durante año y medio en cartel. Es decir, primero fueron los ensayos y el rodaje, después fue la versión escénica, y recién el año pasado la postproducción final de la película, con un montaje que, es evidente, favoreció un tono más cinematográfico.

Desvaído también, claro, si se esperan las burlonas exageraciones del sainete criollo, o el tormentoso estallido de algún secreto vergonzoso, como en ciertas películas del Dogma. Pero muy rico y hasta colorido, en cambio, cuando empieza a advertirse la construcción de cada personaje, la oculta razón de algunos momentos supuestamente anodinos o francamente ridículos, y la expresiva composición de algunas tomas, en especial una con vértice en el hermano mayor, donde la madre siente que ha recuperado a sus cachorritos, como ella misma dice. Y uno siente que en el fondo ese momento también es un poco como la recuperación del padre ausente, apenas mencionado (y que no sabemos si se murió hace mucho, o se mandó mudar, quizás al Canadá o todavía mas lejos).

Obra aparentemente menor, entonces, pero valiosa. Por si alguien quiere saber cómo es su autora, Ana Katz, que se fije en la actriz que encarna a la hermana más tonta y más llena de amor. Es ella.

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