«Soy tu aventura» (Argentina, 2003, habl. en español). Dir.: N. Montalbano. Guión: N. Montalbano y G. Hough. Int.: L. Aguilé, D. Capusotto, L. Luque, V. Llinás, M. Fiorentino, F. Alberti.
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Sin suerte alguna, Diego Capusotto busca trabajo. El único que consigue es seguir a su primo Luis Luque, un grasa de la pesada, que quiere secuestrar a Luis Aguilé, de paso por el pueblo, y reclamar después millones de dólares. A partir de ese desatino, el ingenioso Néstor Montalbano («Cómplices», «Cha Cha Cha», «Todo por dos pesos») arma una comedia bien divertida, realmente para llorar de risa, capaz de agradar por igual tanto a jóvenes como a sesentones, sean o no conocedores (afectuosos o no) del cine musical más berreta y memorable de estas pampas.
Cuánto hace que nadie rodaba entre nosotros una película cómica. Cuánto tiempo, además, que nadie hacía una comedia musical, no un promocional de cantantes o cosa parecida, donde la acción se interrumpe para pasar el tema del momento, sino una diversión con los cantos integrando la historia, conduciéndola, como en cierto momento se integran el cantante que busca huir de sus captores y el pueblo que lo ha descubierto en su encierro y pasa como naturalmente a hacerle los coros.
¿Qué es esto? ¿Una parodia? Pero si esas películas se reían de sí mismas, hacían el jueguito y la dejaban picando para el que viniera atrás, y mas paródicas no podían ser. Esto es simple y maravillosamente una revivificación. Una gozosa revivificación. Lo lindo, en este aspecto, es que el autor no se está burlando desde ninguna altura de posmo superado, sino que está recuperando con todo cariño y verdadero conocimiento un subgénero popular que supo llevar multitudes a los cines. Pero al mismo tiempo, y aun conservando la sonrisa, también está diciendo otra cosa. Porque los personajes de Capusotto y Luque no cantan. Ellos, aun dentro del disparate, están viviendo una realidad cercana a la del país. Son el nexo de unión con la realidad, como el personaje de Luis Aguilé -él mismo, todo un personaje-es el artista que nos permite la ilusión. Lo lindo, también, es que se trata de una comedia donde todo es posible, incluso casarse con Laura Fidalgo, que es preciosa (o huir con Maira Grille, que es otra cosa).
Antológicos, el flashback que bloquea sexualmente al ídolo, el desbloqueo que le hace Verónica Llinás, el recital del preso, el chanta meloso que compone Jorge Marrale, el clip de Capusotto, Fidalgo y los conejitos en la estación, el remate final con todos yendo para el mismo lado, y el modo en que, créase o no, Brigite Bardot interviene en este asunto. ¿Que cuánto hace que nadie rodaba por acá un disparate semejante? Fácil, como cuarenta años, más o menos desde que Enrique Dawi, Landrú y Aldo Cammarota hicieron «La chacota», precisamente con Luis Aguilé. Pero éste es muchísimo mejor.
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