31 de enero 2001 - 00:00

"Al ver la película tuve más miedo que cuando la filmábamos"

Chris ODonnell.
Chris O'Donnell.
Los Angeles - (30/01/2001) Chris O'Donnell, protagonista de «Límite vertical» (la superproducción sobre montañismo que se estrena el jueves), no sólo tuvo que adquirir alguna destreza en el alpinismo para poder encarnar al héroe que busca rescatar a su hermana, sino que, más difícil aún, debió combatir contra su miedo a las alturas.

El actor sufre de vértigo, pero eso no fue un obstáculo para ser elegido por el director Martin Campbell para interpretar a un ex alpinista que se siente impulsado a escalar el K2, por una cuestión moral que representa una deuda pendiente con su pasado.

Lejos del compañero de Batman que dramatizó en las versiones de Joel Schumacher, o del adolescente que acompañaba a Al Pacino en «Perfume de mujer», esta vez O'Donnell es protagonista del film. En la conversación con este diario, el actor se extiende sobre las lecciones de alpinismo que debió tomar (él y el resto de los actores que trepan en el film) en las cuatro semanas previas al rodaje. El profesional que entrenó al equipo, Barry Blanchard, se convirtió en «the breathing-guy» (el hombre de la respiración) ya que en cada toma le consultaban «¿Cómo debería respirar si estoy a 2.000 pies?».

Periodista: ¿No es el cine pura ficción? ¿Fueron realmente necesarias esas cuatro semanas de entrenamiento?


Chris O'Donnell: Por la forma en que se filmó «Límite vertical» eran absolutamente imprescindibles. Si bien no iban a hacer de nosotros alpinistas reales, ya que más que nada se nos enseñó acerca del equipo y las técnicas. Además, había tanta gente cuidando de cada uno de nosotros que hacia el final no hubiera tenido problemas en filmar en la cima, siempre seguro de que estábamos atados y que controlaban cada movimiento que dábamos.

P.: ¿Se complica la posibilidad de transmitir emociones, como actor, cuando se está rodando bajo situaciones de riesgo?


Ch.O.:
Se intentó aliviar nuestra incomodidad lo máximo posible. Por ejemplo, cuando yo salto de una montaña a la otra, estando supuestamente a 3 mil pies de altura, no se filmó en vertical, como se ve ahí, sino que yo me tiro de arriba para abajo, es decir, caigo al suelo. Es sorprendente, cuando vi la película tuve más miedo que en el momento de hacer varias de las escenas. Creo que eso responde a la inteligencia de buscar que yo me sintiera seguro y cómodo en todo momento para preocuparme en primer lugar por el dramatismo de la toma.

P.: ¿Vio material documental sobre alpinistas?


Ch.O.:
Lo que más me ayudó fue una película que Martin Campbell nos hizo ver sobre las experiencias y aventuras en la montaña. También fue útil el contacto con Barry Blanchard, el entrenador. Barry no sólo se centraba en enseñarnos ciertos movimientos que uno hace al estar en una posición determinada, sino en el modo de respirar, de gesticular. Con sus relatos detallados, acompañados por fotografías y explicaciones de por qué se logra alcanzar una corta distancia en cuatro días, fui modelando el personaje y, sobre todo, cómo piensa y actúa el escalador.

P.: ¿Le parece verosímil la historia, cuando implica una misión tan arriesgada como ésa?


Ch.O.: Creo que uno no puede entender por qué seis personas van a rescatar a otras tres sin tener casi chances de salir vivas. Pero hay que evaluar los diferentes objetivos de cada personaje; yo voy porque me siento culpable por lo que ocurrió en el pasado con mi padre y porque siento el deber de salvar a mi hermana; otro va por el desafío y por la plata que le dará un programa televisivo si logra cumplir la misión. Hay motivaciones de lealtad, morales y hasta materiales, y eso los hace ir. Pero, en fin, es una película.

P.: Entonces considera que es un tanto inverosímil.


Ch.O.:
Desde mi racionalidad y acostumbrado a una vida tranquila y confortable creo que es enfermo que seis personas se arriesguen por tres en esas condiciones desventajosas, diría casi mortales. Pero atendiendo a que esos personajes encarnan personas que existen en la vida real y de quienes leímos crónicas y oímos anécdotas bastante dramáticas, creo que es posible que ocurran ese tipo de situaciones.


Paradoja

P.: ¿Cuál cree que fue la mejor escena?

Ch.O.:
Cuando vi la película la mejor me pareció aquella en la que los personajes de Isabella y Steve quedan colgando del acantilado. La que más me gustó interpretar a mí es aquella que, paradójicamente, no tiene que ver con la aventura, la montaña o el vértigo sino con las emociones. Disfruté cuando me reencuentro con mi hermana, creo que esa escena es muy creíble.

P.: Robin Tunney, la actriz que interpreta a su hermana, se convirtió en una buena escaladora y practica ahora ese deporte, ¿usted le tomó el gusto al alpinismo?


Ch.O.:
Definitivamente no. Practiqué algunos deportes en el secundario e hice lo mejor que pude con el entrenamiento que demandó esta película, pero preferiría algo más tranquilo. No cuenten conmigo para escalar.

P.: ¿Es cierto que rechazó trabajar en «Hombres de negro»?


Ch.O.:
Sí, en ese momento estaba el proyecto de la continuación de «Batman» y creí que sería mejor interpretar ese personaje y trabajar con el director. En realidad, nunca imaginé que «Hombres de negro» fuera a tener el éxito que tuvo.

P.: ¿Cree que ha hecho malas elecciones?


Ch.O.:
En este medio, no es conveniente perseguirse con el «qué hubiera pasado si...». Hay muchos proyectos dando vueltas, muchas promesas, varias conversaciones informales, y lo concreto va por otro camino. Siempre se gana y se pierde algo. Claro que, acá en Hollywood, puede ser mucho lo que se pierda o se gane.

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