8 de mayo 2006 - 00:00

Alejandra Boero: mucho más que un ícono de la escena

Excelente actriz y directora, AlejandraBoero formó a varias generaciones deteatristas y dedicó sus 60 años de trayectoriaa promover la actividad teatralindependiente.
Excelente actriz y directora, Alejandra Boero formó a varias generaciones de teatristas y dedicó sus 60 años de trayectoria a promover la actividad teatral independiente.
Pocas veces se vio muestras de consternación tan únanimes en el mundo del teatro local como la que produjo la muerte de Alejandra Boero. La actriz, directora, docente e incansable defensora de la actividad teatral independiente, murió el viernes a los 87 años y teatristas de todas las generaciones acompañaron sus restos hasta el cementerio de la Chacarita, previa detención en el Teatro San Martín donde se le rindió un homenaje, que incluyó un emocionado discurso del director del Complejo Teatral Buenos Aires, Kive Staiff.

Nacida el 9 de diciembre de 1918 como Liria Ofelia Alejandra Digiamo Viera (apellido que cambió por el Boero materno tras enfrentarse con el padre debido a su vocación de actriz), además del sinnúmero de obras de diversos autores que protagonizó y dirigió -apostando hasta el último suspiro por el valor de la palabra como principal elemento dramático-, Boero será recordada por emprendimientos como la creación, en 1950, del ya legendario «Nuevo Teatro», una de las experiencias más importantes de su vida, según propia confesión.

Es que el Grupo Nuevo Teatro fundado por Boero y Pedro Asquini (ambos provenientes del prestigioso Teatro «La máscara», creado y dirigido por Ricardo Passano padre, donde Alejandra debutó en 1942), con sede en un pequeño local de la calle Maipú, marcó durante más de dos décadas el movimiento teatral independiente argentino. Tras su creación, lo primero que hicieron Asquini y Boero fue convocar a jóvenes que quisieran iniciarse en la escena. Así fue como surgieron actores como Héctor Alterio, Onofre Lovero, Carlos Gandolfo, Enrique Pinti, entre otros. El estreno del nuevo grupo se produjo con la puesta en escena de «El alquimista», de Ben Jonson, bajo la dirección de Asquini. Luego siguieron títulos como «Bajo Fondo» de Gorki; «El Oso», «El Aniversario», «El casamiento» de Anton Chejov; «Medea» de Jean Anouilh, y «Androcles y el león» de Bernard Shaw. Tal como ocurría y sigue ocurriendo con la mayoría de las compañías independientes, problemas económicos los obligaba a cambiar de sala con frecuencia. Fue así como «Nuevo Teatro» debió trasladarse a Corrientes 2120 y, en 1952, se constituyó como Cooperativa de Trabajo. La última escala se cumplió con la compra de la sala «Apolo» (hoy Lorange), donde se estrenó una selección de obras cortas de Enrique Wernicke, espectáculo que marcó también el alejamiento de Pedro Asquini.

Promediando los '80, Boero se hizo cargo de la sala Andamio '90 como directora general, y fue ahí donde además de la representación de obras inafntiles y para adultos, incorporó la docencia con diferentes cursos del rubro y con validez de nivel terciario. Allí se formaron nuevas generaciones de actores y directores, entre ellos, Claudio Tolcachir y el talentoso Luciano Suardi, quien fue uno de los oradores principales durante las exequias del sábado.

Fue protagonista de obras como « Madre coraje» de Bertold Brecht en su estreno argentino en 1970; «Despierta y canta», «Crimen y castigo», «Antígona» y «El puente»;, y entre las obras que dirigió se destacan «La casa de Bernarda Alba», «Sopa de pollo», «Escenas de la calle», «Santa Juana», «Juana de Lorena» y «Angeles en América». Su última actuación fue en 2000, ya muy afectada por la enfermedad, en «El cerco de Leningrado» junto a María Rosa Gallo. En cine, tuvo participaciones en «Todo sol es amargo» (1966), «Don Segundo Sombra» (1969) y «La película» (1975). Declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, durante su larga carrera Boero recibió innumerables distinciones por su trabajo, entre ellas el Premio de la Fundación Konex, el Premio Moliere a la Mejor Actriz y el ACE de Oro en 2001.

Consciente de la importancia excluyente que fue tomando la imagen en las artes de representación, Alejandra Boero solía repetir: «Tengo vocación de claridad y por ello me interesan las obras que dicen cosas y que permiten que el público se lleve algo, más allá de que esté de acuerdo o no. Actualmente se hacen propuestas muy lindas de ver pero también muy confusas y en estos casos el espectador puede agarrar para cualquier lado.A mí me preocupa que el otro sepa de qué se le está hablando y no hacerle perder su tiempo».

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