15 de febrero 2005 - 00:00

Alemania produce cine sobre el nazismo como nunca antes

Julia Jentsch, la joven actriz que encarna a la desafortunada Sophie Scholl, anteayer en el Festival de Berlín.
Julia Jentsch, la joven actriz que encarna a la desafortunada Sophie Scholl, anteayer en el Festival de Berlín.
Berlín - En febrero de 1943, la estudiante universitaria Sophie Scholl y su hermano fueron arrestados en la Universidad de Munich por escribir y distribuir panfletos contra Hitler. Seis días después eran ejecutados. Hacía poco que había tenido lugar la derrota alemana en Stalingrado, y por aquellos días se iniciaban los bombardeos aliados sobre territorio alemán.

Los nazis decidieron dar un castigo ejemplar y eligieron a Sophie como chivo expiatorio. No sabían que, cortándole la cabeza -literalmente: los nazis seguían utilizando la guillotina-, estaban creando una mártir, una de las pocas que tuvo la resistencia democrática alemana frente a las arbitrariedades hitlerianas. El domingo se presentó en la Berlinale «Sophie Scholl», de Marc Rothemund, sobre aquellos hechos.

¿Por qué ahora? ¿Por qué han tenido que transcurrir más de 60 años para que la historia llegue a la pantalla? ¿Por qué hay tal abundancia de películas sobre Hitler y el nazismo? Primero fue la controvertida «La caída», sobre los últimos días de Hitler, seleccionada para los inminentes Oscar. Luego «Napola», sobre las juventudes hitlerianas. Y ahora «Sophie Scholl», sobre la joven víctima del nazismo. Parece como si Alemania hubiera decidido enfrentarse con sus fantasmas de una vez por todas. Por lo menos en el cine.

«La generación de mi padre no se atrevía. Vivía con un sentido de culpa y de vergüenza inmensa, y prefería callar. Nuestra generación no comparte ese sentido de culpa. Si acaso, tenemos un sentido de responsabilidad. Y creo que películas como «Sophie Scholl» son necesarias para enseñar a las nuevas generaciones, esas que flirtean con la extrema derecha, lo que nos pasó en el pasado como nación»,
dijo el director, Marc Rothemund, nacido en 1966, en una sala que recibió con una redoblada ovación a Julia Jentsch, la joven actriz que encarna con grandeza la tragedia de Sophie.

«Sophie Scholl»
narra los últimos días de esta jovencita en las dependencias de la Gestapo, el remedo de juicio que tuvo y su posterior ajusticiamiento. El guión se basa -en más de un ochenta por ciento- en las actas de los interrogatorios y en las declaraciones de los testigos del caso. Esas actas habían permanecido perdidas hasta que, hace unos años, aparecieron en unos archivos de la ex RDA.

Pero no es, sin embargo, un film desapasionado, ceñido a los hechos históricos, sino que busca la emoción y el simbolismo de la historia y, para ello, sigue a Sophie en su tránsito de jovencita asustada a mártir. El film no obvia el trazado mítico. Por el contrario, busca la santificación del personaje, lo que no ayuda demasiado a la película, pero sirve a la leyenda.

En ese sentido es un filme funcional. Emotivo por la propia naturaleza de los hechos, donde todos los personajes del drama alemán están representados. Sophie, o la voluntad de resistencia; el oficial que la interroga (Alexander Held), representante del pueblo alemán, atrapado en sus propias contradicciones, y el juez que la juzga (André Hennicke), el nazi intransigente, tanto o más irracional que el mismo Hitler.

Y todos tienen la oportunidad de mostrarse tal como son frente a Sophie, quien, a medida que avanza la película, va alcanzando el status de una Juana de Arco de la libertad. El silencio de la sala acompañó la escena final, la decapitación de Sophie en una pantalla en negro. Y luego, siguió un largo aplauso.

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