23 de julio 2004 - 00:00

"Alicia": bello y refinado ballet

Basándose en «Alicia en el país de las maravillas» y «Alicia a través del espejo», Oscar Aráiz creó un espectáculo de ballet más apropiado para adolescentes que para niños.
Basándose en «Alicia en el país de las maravillas» y «Alicia a través del espejo», Oscar Aráiz creó un espectáculo de ballet más apropiado para adolescentes que para niños.
«Alicia». Coreog. y dir. gral.: O. Aráiz. Mús.: D. Dei Tredici. Vest.: R. Schussheim. Rep. Escenog.: V. Bari (Teatro Maipo, diariamente hasta el l de agosto.)

Basándose en relatos de Lewis Carroll (l832-1898), el coreógrafo Oscar Aráiz creó y dirige un espectáculo para lucimiento de su joven «Ballet de Bolsillo». La obra, titulada simplemente «Alicia», se estructura en dos partes que siguen los lineamientos argumentales de «Alicia en el país de las maravillas» y «Alicia a través del espejo», relatos que han provocado interpretaciones psicoanalíticas, sexuales, sociales, etc. desde que vieron la luz en el siglo XIX.

Oscar Aráiz
no propone relecturas de ese orden en la traslación de las dos obras al universo de la danza sino que las utiliza para crear una fantasía que puede provenir tanto de la mente alucinada de Lewis Carroll como de su protagonista (Alicia). Una niña en los umbrales de la pubertad que descubre un mundo poblado por seres fantásticos que no son otra cosa que aquellos que habitan el imaginario infantil, en este caso, en honda crisis de crecimiento.

Con un lenguaje contemporáneo que reencuentra a Aráiz con su impronta dancística más genuina, «Alicia» es una eterna ronda de personajes impulsados por el afán del juego, de las sustituciones, del temor a los animales monstruosos, aunque siempre bajo el amparo de los mayores. Distintas voces se entremezclan en el universo de «Alicia». Desdoblada en tres, Alicia convive en una planificación espacial muy dinámica y atractiva con los demás personajes: el escritor y los animales, los de la realidad y los del juego de ajedrez, siempre apuntando más a la ilustración de un mundo poético que a la pintura del mundo real. Todo lo cual se cuenta a través del brillante trabajo de los bailarines del Ballet de Bolsillo. También con la bella y extraña partitura de reminiscencias straussianas de David dei Tredici, y los estupendos vestuarios de Renata Schussheim.

Más apropiado para adolescentes que para los más chicos, el buen gusto y altura estética de «Alicia» contrasta fuertemente con la infinidad de propuestas que apelan a la repercusión mediática. Hay un riesgo, pero la búsqueda y los resultados son mucho más propicios.

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