24 de octubre 2003 - 00:00

"ALMA DE HEROES"

«Alma de héroes» ( « S e a b i s c u i t » , EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: G. Ross. Int.: D. McCullough, J. Bridges, P. V. O'Connor y otros.

Esto es casi como ver dos películas al precio de una, o todos los capítulos de una teleserie en una sola tarde: dos horas veinte, y el titular aparece recién a la mitad. El titular es Seabiscuit, un pingo mañero que recién de grande, cuando un buen cuidador lo toma a cargo, tiene la oportunidad de mostrar lo que vale. La moraleja cierra una buena historia, pero se reitera en segundas y terceras oportunidades cada vez más exageradas.

El comienzo está bueno: un optimista self made man avanza con el país, un adolescente bien cultivado recita con su padre aquello de « nadie sabe su propia estatura hasta ponerse de pie», y un vagabundo contempla el Viejo Oeste desde el costado del camino. Inesperadas desgracias destrozarán a los dos primeros pero, tras amargas experiencias, todos se conocerán y se unirán alrededor del animal, que también ha sufrido lo suyo, y juntos emprenderán una nueva vida, llena de triunfos por los hipódromos de Norteamérica, incluso con una linda mujercita siempre bien vestida. Todo aparece tipo postal de Hallmark. Y la reconstrucción de época, que llega hasta fines de los '30, es aplicadamente exquisita, abarcando no sólo cuanto elemento pueda despertar nostalgia, sino también los propios rostros de los actores, similares a los que vemos en fotos o películas viejas, y no carilindos de propaganda. Tanto da, al final todo parece una propaganda, un poco en el sentido moral.

Ese aspecto tiene su expresión más linda en el siguiente diálogo, bien conciso, entre el automovilista y el vaquero frente a un caballo quebrado, que otro ya hubiera despenado: «¿Por qué lo cura?», «Porque puedo». Si puedo curar a alguien, no hay más que hablar. Lástima que ese poder de síntesis, ejemplar sobre todo en la secuencia donde sólo indirectamente deducimos que el concesionario pierde hijo y esposa, se diluya tanto en la segunda parte, indicada sólo para amantes de la burroterapia.

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