13 de enero 2000 - 00:00
"AMERICAN PIE"
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En 1981, una comedia juvenil canadiense logró convertirse en el gran éxito de taquilla del año. «Porky's» tenía solo tres gags decentes, pero más allá de su mediana calidad, la película tenía la carga sexual que el público de la época parecía estar necesitando. Casi 20 años más tarde, en su ópera primera «American Pie», el director Paul Weitz volvió a conectarse con el público a través de los chistes sexuales, sólo que esta vez a través de un producto de mucha mayor calidad.
El humor apela a todos los resortes clásicos de la picaresca tipo Lando Buzzanca o Porcel y Olmedo (aunque a ninguno de ellos se les hizo actuar una escena de sexo con un pastel de manzana) y los combina con todos los ingredientes que debe tener una buena comedia.
La trama es sencilla: cuatro estudiantes secundarios hartos de no poder iniciarse sexualmente, hacen un pacto por el que se comprometen a perder la virginidad antes de que termine su noche de graduación.
La estrategias a las que recurren son variadas, y van desde generar el rumor de que uno de ellos es un superdotado sexual para crear la curiosidad entre las chicas, o inscribirse en el coro, lleno de niñas inocentes.
Pero lo inteligente del guión de Adam Herz (que está preparando una nueva versión del clásico teenager de los '80 «El Club de los 5») es que mezcla estas payasadas erótico-escatológicas con situaciones muy reales, como la del chico que intenta desvirgarse por el camino más fácil, convenciendo a su reacia noviecita, que guarda su virtud en espera del «momento perfecto» («vas a tener sexo, no lanzar un cohete», le dice una amiga más experimentada).
Con cierta lógica, el guionista hizo que muchas de las protagonistas tengan más experiencia que los hombres -especialmente una estudiante checoslovaca que tiene a su cargo una de las escenas más audaces del cine de los años '90- y puedan manejarlos a gusto, dando lugar a gags memorables que funcionan doblemente bien debido al efecto sorpresa que provocan chistes tan alejados de la tradición machista del humor picaresco.
Más allá de cualquier análisis, lo que no se puede negar es que «American Pie» hace reír sin pausa. Los chistes muchas veces provocan aplausos espontáneos entre el público, y conseguir eso con un presupuesto chico y sin estrellas conocidas es el sueño de todo cineasta debutante.




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