11 de noviembre 1999 - 00:00
"ANGELITO"
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Ella tiene aquí una historia, y sabe contarla, más allá de algunos signos levemente forzados o algunas situaciones suplementarias (aun así, la película dura menos de hora y media; ésta es una mujer concisa). Se trata del amor, impresionante, casi inaguantable por lo singular e impredecible, entre una alemana feúcha y algo trastornada y un lindo polaco, de buen corazón pero de doble vida, o viceversa. Los sentimientos son fuertes, confusos. Las acciones pueden ser extremas. Algo va a terminar mal.
Como para empezar: una niña interviene angus-tiada en el drama conyugal de sus padres, y enseguida se recompone, como si lo suyo sólo fuera el placer de actuar algo intenso. La mujer también vivirá algo intenso, pero lo suyo no es precisamente actuación. De hecho, la primera vez que recibe un beso se desmaya. Acaso para la niña tampoco sea todo tan fácil.
Misselwitz cuenta estas cosas con un estilo firme, de planos cortos, situaciones breves, apretadas (en especial las partes dramáticas, a veces apenas vislumbradas, pero siempre inquietantes), unos intérpretes precisos, empezando por la muy buena Susanne Lothar, ambientes húmedos, agrios, y apenas algo de música circunstancial, bien empleada.
Por ejemplo, existe una vieja melodía con el nombre de la mujer, «Ramona», pero cuando ella la escucha es de lejos, en una fiesta a la que no fue invitada, como para resaltar entonces su aislamiento afectivo.
Se han querido ver influencias fassbinderianas en esta directora, quizá por las ansias de cariño de sus personajes, o por un plano detenido en el rostro de la mujer, que confiesa su angustia mientras el hombre va entrando en foco. Sería como ver influencias de Murnau por las escenas en un departamento ínfimo, asolado por el paso del tren y míseramente alegrado por un pajarito que apenas canta. No, Helke Misselwitz sólo se parece a sí misma. Conviene conocerla.




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