Sarah Burton «Impostores» (Barcelona, Alba, 2002, 303 págs.) L a gente esta habituada a los impostores, algunos la exasperan, otros la divierten. Son héroes de la picaresca o arquetipos de las historietas: Superman haciéndose pasar por el torpe Clark Kent, el millonario Bruce Wayne transformándose Batman, y así desde Pimpinela Escarlata o el Zorro a Spiderman, sin olvidar a Ulises cuando dice que es Nadie.
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A veces se puede encontrar a los impostores en las noticias policiales de los diarios, como en los reiterados casos de falsos médicos o falsos abogados.
El cine se ha servido a menudo de personajes que al no poder cambiar el mundo, donde nacieron como perdedores, se cambian a si mismos, encarnando un papel que consideran que les va mejor. La autora de este libro, Sarah Burton, que se doctoró en la Universidad de Londres con una tesis sobre las relaciones histórico culturales entre teatro y prostitución, señala que «cuando hablamos de impostores, necesariamente hablamos de impostores fracasados, los que tuvieron éxito no han sido descubiertos».
En las antológicas semblanzas de esta especie de «Historia universal de las imposturas» se relatan casos reales que algunas veces fueran llevados al teatro, al cabaret, al cine y al music hall (por caso «Anastasia», «Wilhelm Voigt» o «Martin Guerre»), y en otros merecerían serlo. Desfilan falsos héroes, falsos aristócratas, falsos empresarios, falsos militares, falsos médicos, falsos artistas, jefes indios que en realidad eran negros, princesas de países que nunca existieron, mujeres que vivieron como hombres. Si bien hay unas pocas historias universalmente conocidas, seria imperdonable adelantar las mas jugosas, como la de una muchacha que se convirtió en un mago de barba y bigote para ser aceptada por una Academia. A veces se trata de personas que saben como explotar un malentendido, en otros seres que hacen una fuga de la realidad para poder ser por un instante ricos y famosos, en la mayoría está el deseo de convertir su vida en una representación, en una imitación del alguien a quien admiran o envidian. Uno de los muchos atractivos de este libro es que pone en crisis el zarandeado concepto de «la identidad» y «hace que pongamos en duda nuestra forma de ver el mundo y nuestras suposiciones acerca de quienes lo comparten con nosotros».
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