12 de marzo 2003 - 00:00

Aplauden primera película argentina en la competencia

Daniel Hendler, Dolores Fonzi y Damián Szifron
Daniel Hendler, Dolores Fonzi y Damián Szifron
Mar del Plata - La película más esperada de la competencia, «El fondo del mar», se presentó ayer con señalable agrado del público, que hasta acudió a la funcion matutina dedicada a la prensa. Damián Szifron, que ya se ha lucido como director televisivo con «Los simuladores», muestra también su habilidad como director de cine, y si bien se extiende un poco más de lo necesario, dejó a casi todo el mundo contento. Puede objetarse, eso sí, que se trata de una liviana comedia comercial, o sea, no es lo que se espera para competir en este tipo de festivales. Pero es un buen respiro.

En multitudinaria conferencia de prensa, Szifron sintetizó su vida («desde los tres años iba con mi mamá al cine, al Palacio de la Papa Frita y de nuevo al cine») y marcó su estilo: «de pronto me atrajo un tema, los celos. Aclaro que nunca fui engañado, pero conozco cómo reaccionan algunos cuando se la ven en puerta. Y a ese tema, que a otros los inclina hacia el suicidio, decidí contarlo como una de acción». Para el caso, Daniel Hendler, en su pose de adolescente demorado, sospecha que su novia anda con Gustavo Garzón, en personaje de varón porteño, y empieza a seguirlo. «Sintetizando, es la persecusión de un paranoico a un egocéntrico».

•Elenco

Risueño, cuenta cómo eligió a los intérpretes. «A Dolores Fonzi la vi en una produccion de fotos, vestida únicamente con una crema, y Hendler era una celebridad en el mundo del cine joven». Con «presupuesto mutante», la película se rodó antes (escenas de persecusión nocturna) y después de «Los simuladores», siempre con un guión de hierro.

«Hitchcock le dijo a Truffaut que en el rodaje hay tiempo para que se te ocurran ideas buenas, pero no para comprobar si además de buenas son adecuadas. Por eso, ante la duda me decía 'si esto ya lo pensé, algun criterio tiene esta escena acá. Así que todo lo que está tiene un sentido». Igual le convendrian algunos cortecitos.

Otro criterio tuvo la competidora alemana, «Sobre la noche», rodada en video durante un año, a escena completa sin corte, y postproducida luego a lo largo de cuatro años. Retrato de jóvenes indecisos y doloridos, su autor, Horst Krassa, es realmente un tipo baqueteado por la noche. Su conferencia tambien recibió un sólido aplauso, pero de mucha menos gente.

Siguiendo con los directores, fue muy buena idea la de incorporar un concurso internacional de cortos, para estudiantes de todas las escuelas del mundo. Vinieron hasta de Egipto y Noruega, y están todos felices, salvo un noruego que se desencontró con la copia de su película. Por suerte para los organizadores del festival, por esta vez la culpa parece ser de una compañía aérea.

Ya bastante tienen con haber dejado al director
Nils Malmros y su esposa esperando cuatro horas en el hall del Sheraton, hasta que les dieron la habitación prometida, y cosas por el estilo, como que al segundo día de empezado el festival un jefe de sección haya tenido que ir por su cuenta a comprar un par de videograbadores que pudieron -y debieron- haber sido instalados dos días antes de dicho tormentoso comienzo. O que los seminarios empiecen una hora despuées de lo previsto, etc. (pero por el workshop intensivo de tres días de Wojciech Jasny valió la pena esperar, e incluso sería bueno que lo repita).

El viajero oculto: el realizador
Orlando Senna, ministro de lo Audiovisual de Brasil, estuvo los dos primeros días, casi en forma anónima. Una ocasión perdida para quienes quieren afirmar el sentido mercosurista del festival, y para quienes quieren saber cómo sigue el sistema brasileño de financiación de audiovisuales, hecho sobre la base de un descuento en el impuesto a las ganancias. En vez de pagar todo el impuesto, se puede invertir una parte en alguna película. Perdido por perdido, con suerte hasta se puede ganar dinero.

Se fueron los brasileños y llegó el frío. Cabe esperar que vuelva el calor, porque hoy compite una comedia brasileña. Pero también va
«El rincón triste», de Finlandia. Lo más probable es que se mantenga un tibio entusiasmo, como hasta ahora.

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