16 de septiembre 1999 - 00:00

"APUESTA FINAL"

E l mundo de los jugadores compulsivos, los expertos en trampas y las mafias que los rodean han dado lugar a uno de los subgéneros más interesantes y menos explotados del cine negro. Si bien se pueden citar clásicos como «The Hustler» (la obra maestra de Robert Rossen que inspiró la secuela de Martin Scorsese « El color del di-nero»), « The Cincinatti Kid» o « El hombre del brazo de oro» (en este caso mezclando el juego con las drogas duras para desgracia del personaje de Frank Sinatra), es probable que el tema sea demasiado oscuro y desalentador para animar a los productores a apostar en este tipo de proyectos. Los fans del cine negro le deben a la productora Miramax el haberle dado carta blanca al talentoso (y un poco maldito, ya que nunca tiene mucha suerte en la taquilla) John Dahl, que actualizó el cine de mujeres fatales en « La última seducción» y ahora arroja una mirada moderna a las trasnoches de póquer y afines en Manhattan y sus alrededores.

Argumento

Matt Damon es un estudiante de leyes que luego de perder todo su dinero en la mesa de un garito de la mafia rusa juró no volver a sostener un mazo de cartas, pero que al tratar de ayudar a un amigo apodado «Worm» (gusano, un excelente Edward Norton) pronto está rompiendo promesas de todo tipo.
Igual que en sus films anteriores («Red
Rock West», « Un-forgettable») Dahl lleva al espectador por caminos conocidos para luego quebrar los esquemas con resoluciones originales, poco convencionales y llenas de malas vibraciones: en una película de Dahl, el chico no se queda con la chica, el héroe que ayuda a un amigo en desgracia sólo consigue meterse en problemas, y hasta el mafioso ruso que interpreta John Malkovich puede exhibir cierta nobleza por debajo de su habitual espíritu desagradable.
Pero, en «
Apuesta final», Dahl sube un escalón en estilo, ya que logra una narración impecable, sin distracciones formales ni artificios narrativos que provoquen un segundo de dispersión sobre el punto al que quiere llegar. Con mayor concentración que sus jugadores de póquer, el director usa las mínimas herramientas cinematográficas y marca a cada intérprete hasta llevarlo al nivel justo para su personaje. Así es como un elenco brillante (que además de los nombrados incluye a Famke Janssen, Martin Landau y John Turturro) está en su mejor nivel, sin un solo gesto de más. Sin poses esnobs ni seudointelectuales, ni mucho menos las habituales moralinas hollywoodenses, Dahl construye un clima que el cine policial moderno estaba necesitando. Por eso dejar pasar esta «Apuesta final» sería una jugada realmente mala.

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