29 de octubre 2008 - 00:00
Arte argentino pisa fuerte en subastas de Nueva York
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«El cantor» de Emilio Pettoruti, primera obra de un argentino
que es tapa de catálogo en la historia de las subastas
neoyorquinas de arte latinoamericano. La contratapa de
Christie’s es una pintura de Jorge de la Vega.
Hasta fines de la década del 70, si el arte latinoamericano estuvo casi excluido de la «historiaoficial» del arte que se escribió en Europa y del mercado internacional, el argentino prácticamente no existía. El despertar, estimulado por los aportes de investigaciones y textos teóricos, coincidió con la integración y el resurgir económico de los países de nuestra región. La aparición tardía en el mercado marcó un comportamiento independiente. En la década del 80, mientras las obras de los Grandes Maestros, el Impresionismo, la pintura del siglo XIX y los artistas modernos y contemporáneos de Europa y Estados Unidos se vendían en precios récords, las cotizaciones de los latinoamericanos salían lentamente de su ostracismo secular.
Recién en 1990, «Diego y yo» de Frida Kahlo, superó el millón de dólares al venderse en 1,4 millón, y al siguiente año, «Vendedora de flores» de Diego Rivera escaló a 2,9 millones. Desde entonces, aunque el mercado internacional ha tenido sus vaivenes, el arte latinoamericano -que no ha llegado a su techo-continúa escalando posiciones.
Las muestras que le dedicaron en 1991 el Metropolitan de Nueva York al arte mexicano y luego el Museo de Arte Moderno (MoMA) al de toda Latinoamérica, contribuyeron a torcer un destino de exclusión. Y, como se sabe, los museos son espacios de consagración por excelencia.
En el año 1995 se amplió significativamente el horizonte del mercado. La crisis económica de México, país que lideró estas subastas desde su origen, obligó a las subastadoras a explorar el continente buscando obras de artistas de otras nacionalidades que equilibraran las ventas. Así, el sabor amargo del «tequilazo» se compensó con la dulzura de los artistas cubanos, uruguayos, brasileños y, en menor medida, también argentinos. Christie's sacó a la venta una colección de obras de Emiliano Di Cavalcanti que puso a Brasil en la mira de los coleccionistas. Los mexicanos cedieron ese año la corona de los récords al argentino Eduardo Costantini, que en 1995 se llevó un autorretrato de Kahlo por el precio más alto de la historia del arte latinoamericano: 3,2 millones de dólares.
En la actualidad, otras turbulencias financieras se ciernen sobre el sensible mercado del arte. Nadie sabe cuál será el comportamiento de los compradores en las próximas subastas, programadas antes del derrumbe financiero internacional y de las corridas locales. Christie's y Sotheby's suelen tener el cliente antes de levantar el martillo, sobre todo para obras importantes como el Pettoruti de la portada, pero lo cierto es que en la actualidad el arte argentino está librado al azar.




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