El arte impar de Rafael Barradas celebrará los 20 años del Malba

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La muestra "Hombre flecha" invita a un recorrido por las obras del notable vanguardista oriental que fundó el "vibracionismo" en pintura.

El Malba cumplió el lunes 20 años de vida y los celebra con una muestra del vanguardista uruguayo Rafael Barradas. Las 130 obras recién llegadas del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo están acompañadas por su director, Enrique Aguerre, curador de la exhibición. El fundador del Malba, Eduardo Costantini, dijo que festejaba este aniversario “a pura emoción” y le cedió el lugar a Teresa Bulgheroni, gestora cultural y nueva presidenta de la Fundación Malba. Hace más de 20 años, en sus primeras entrevistas, Costantini ya había pagado millones por Frida Kahlo, pero cuando le preguntaban sobre el arte de Latinoamérica, le gustaba hablar de Barradas y sus pinturas vibracionistas. Hoy, mantiene el mismo gusto, al igual que sus ideas y sus palabras. Para comenzar, sostiene el concepto sobre la propiedad limitada del arte en manos privadas. “El dueño de una obra de arte no es más que un depositario transitorio de un bien que tiene valor público. Tarde o temprano el arte pasa a formar parte del patrimonio de los museos, o sea, del público”. Y a través de estos años disfrutó del arte, pero consolidó su plan: donó a la comunidad un museo estimado en 300 millones de dólares. ¿Quién podía imaginar, en un país donde las palabras se tambalean y la gente se aferra a lo que tiene, que Costantini terminaría por ceder no sólo la titularidad del bien más preciado que logró crear, sino también el dominio?

Barradas es un artista entrañable, confesó Aguerre por su parte, frente a la atractiva tipografía que anuncia el nombre de la exposición: “Hombre flecha”. Y antes de iniciar el recorrido por la muestra, añadió: “Cerré las compuertas de los sentimientos que despierta su obra”. Barradas es un vanguardista clave, con virtudes muy especiales y únicas. Sin embargo, la trascendencia de su obra no es equivalente a sus méritos. Murió de tuberculosis a los 39 años y, las obras que pintó en su corta vida, las compró para el Museo de Artes Visuales el joven y visionario Julio María Sanguinetti, cuando era ministro de Educación y Cultura, en la década del 60. El interés de Sanguinetti por el artista no ha menguado: mañana por la tarde llegará desde Uruguay para hablar sobre “La fuerza de las vanguardias”. La escasa circulación de la obra de Barradas en las instituciones y colecciones, se debe en gran medida a que casi la totalidad (más de 500) pertenece al Museo, hecho que explica la dificultad para acceder a las pocas que circulan por el mercado.

Frente a tres pinturas de Joaquín Torres García, 16 años mayor y admirado en el mundo entero, Aguerre destacó que figuran en la muestra por la influencia que ejerció Barradas sobre el gran maestro, con quien expuso en la galería Dalmau en 1917. Entonces, señaló que Barradas no posee todavía el debido reconocimiento internacional. Con su capacidad para forjar colores radiantes y trasladar a sus cuadros los sentimientos, además de traducir al lenguaje visual sensaciones como el movimiento, los olores, ritmos y las diferentes atmósferas de la época, la muestra del Malba es una fiesta.

“Barradas es la ruptura con todas las ataduras. No es un vanguardista más sino el vanguardista por definición. Imaginaba escenografías para Federico García Lorca, al mismo tiempo que con su vibracionismo sacudía a Buñuel o desafiaba tanto a Dalí como a Miró y, por supuesto, a su compatriota Torres García. Los enfrentaba a un nuevo modo de ver la realidad de las bullentes ciudades que crecían desmesuradas, al impulso de la industrialización”, señala Sanguinetti en uno de los numerosos textos que le dedicó al artista. El capítulo “Metrópolis” exhibe la excepcional creatividad del artista que a los 23 años llegó de su Montevideo natal a Génova, pasó por Milán, París, Madrid, Barcelona. Al deshacer las formas en geometrías, con los colores del orfismo y el dinamismo del futurismo, exaltó el movimiento y descubrió su propio “ismo”: el vibracionismo. Y el particular vanguardismo de Barradas continuó al desplegar en la superficie del cuadro unas escenas y figuras cercanas a la estética de los montajes cinematográficos. El más claro ejemplo es “Casa de apartamentos” de 1919.

Luego, inspirado en el blanco maquillaje de los clowns, borró los rasgos de sus retratados. “Así, su amigo Federico García Lorca será el contorno de su rostro, apenas poblado por un par de cejas”, sintetiza Ángel Kalemberg. Barradas se alejó de los personajes que específicamente retrata, pero su tendencia a la abstracción intensifica el carácter. En España se convirtió en una estrella e ilustró las revistas culturales del ultraísmo, asistió a las tertulias de café con Guillermo de Torre, Norah y Jorge Luis Borges y Ramón Gómez de la Serna. Cuando mostró su obra de 1922 y 1923 en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, fue consagrado como el mayor exponente de la vanguardia española. Volvió entonces a exponer en Dalmau y participó en varias exhibiciones.

La obra se aquietó, Barradas, al igual que los hermanos Borges, se alejó de la vanguardia. Ya enfermo se trasladó al Hospitalet. A partir de su amor por la clase trabajadora del campo, surgió el misticismo de las adoraciones. En 1928 cumplió su deseo de volver a Montevideo, allí murió al año siguiente. El título de la exhibición, “Hombre flecha”, proviene de una carta de Barradas a Torres-García donde reflexiona: “Pasa, con Figari, lo que pasa con nuestras cosas. […] Aunque no dé en el blanco, ya es importante -tal vez lo único- tener blanco. Una flecha sin blanco no es flecha; es el caso de muchos hombres”.

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