Quien vaya a ver un film sobre un asesino serial puede dormirse desde el principio viendo al protagonista lavarse, afeitarse y peinarse concienzudamente, porque así sigue hasta el final.
«Las horas del día» (España, 2003, habl. en español). Dir.: J. Rosales. Guión: J. Rosales, E. Rufas. Int.: A. Brendemuhl, A. Roca, M.A. Martínez, P. Monsoriu, V. Romero, I. Belza, A. Sahun.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Quedará en los teóricos definir si esta producción catalana de muy bajo costo es el drama bastante asordinado sobre unos días en la vida de un psycho-killer o como esté de moda llamarle, o el singular retrato de un psicópata asesino visto a través del cine independiente minimalista, o cualquier otra cosa que enmascare lo que el espectador común llamaría de otro modo más sencillo y breve.
Quien entre al cine pensando ver una película sobre un asesino serial, lo más probable es que se quede dormido, al comienzo nomás, cuando ya en la primera escena se pasan los minutos contemplando cómo nuestro personaje se lava, se afeita, se peina, y cuando pareciera que va a empezar de una vez la historia, se lava los dientes. Después viene el desayuno con la madre, una buena mujer, de buen ánimo, que molesta poco (sobre todo porque parece que otro viejo le anda arrastrando el ala), más tarde el encuentro rutinario con la novia y los amigos, y entre medio el largo transcurrir de las horas en un negocito de ropa donde se vende poco y nada, pero donde la empleada molesta todo el tiempo con su mal humor y sus injustificados reclamos.
Esa es la parte que uno puede entenderlo un poco al tipo, y hasta vería con agrado que pase algo, porque, la verdad, esa mujercita resentida y medio agresiva provoca muy malos pensamientos. Pero no.
Esa se salva, y hasta capaz que cobra indemnización si el dueño vende el negocio, como tiene pensado. Las víctimas son otras, con quienes no hay historia. Tampoco hay habilidad, ni siquiera placer, en matarlas. Al contrario, las escenas de los asesinatos, desarrolladas en cansadores planos secuencia, sólo muestran la insistente torpeza del matador, que trata de hacer las cosas artesanalmente, sólo con las manos, pero, la verdad, alguien debería decirle que use otros métodos, o que definitivamente se dedique a otra cosa.
• Comparaciones
Nadie espere además de esos momentos, la angustia insoportable que alcanzaba en similar escena el telefilm de Krzystof Kieslowski «No matarás», decidida reflexión moral sobre el asunto. Y tampoco espere, de todo el conjunto, aunque sea una décima parte de la riqueza de observaciones y recursos del belga «Ocurrió cerca de su casa», estremecedora mezcla de humor negro, espanto, film didáctico, y acusación del forzoso compromiso del camarógrafo con lo que registra (sobre todo con el modo en que lo registra). «Las horas del día» pierde en la comparación, pero también pierde hasta jugando sola. Pueden anotarse, acaso, un par de escenas amables con una chica en un bar, o un sentido particular del naturalismo, y de la contemplación, que acaso lleve a algo que los simples mortales ignoramos, y el final. Ese final hay que anotarlo, es un gran chiste... salvo para el espectador. P.S.
Dejá tu comentario