22 de marzo 2007 - 00:00

Atractivo fresco de personajes porteños

Tiene buen elenco «Ciudad en celo», comedia romántico-reflexiva,por momentos irregular, sobre unos amigos quesuelen juntarse en el café a comentar penas de amor o métodosde seducción.
Tiene buen elenco «Ciudad en celo», comedia romántico-reflexiva, por momentos irregular, sobre unos amigos que suelen juntarse en el café a comentar penas de amor o métodos de seducción.
«Ciudad en celo» (Argentina-España, 2007, habl. en español). Guión y dir.: H. Gaffet. Int.: D. Kuzniecka, A. Navarro, C. Rissi, D. Solá, N. Gago, V. Saccone, B. Blum, J. Calvo, D. Casablanca.

Un escritor con pocas ganas de escribir, y un fabricante de marcos llamado Marcos (así lo bautizó el padre, que también le dejó el negocio) se juntan en el café de un amigo más grande, en varios sentidos, a comentar sus penas de amor o sus métodos de seducción. Se conocen desde hace años, cuando dos de ellos iban a la escuela, y envidiaban al otro que se quedaba trabajando con el padre, y el otro les envidiaba, precisamente, que pudieran ir a la escuela y recibieran una educación formal.

La película no pone el acento sobre esto, pero, atenta a los resultados, evidencia cierta superioridad de la calle y el café por sobre los programas educativos oficiales. Asimismo evidencia, sin subrayarlo demasiado, un registro de personajes porteños distintos a los gritones de la televisión. Aquí nadie grita demasiado, fanfarronea, se hace el macho, dice sandeces, o proclama histriónicamente sus afectos. Son gente medida, incluso cuando el protagonista encuentra a su mujer «en el bulín y en otros brazos», y uno espera que escenifique el precioso soneto de Iván Diez y Edmundo Rivero, que dice «canchero y sin cabrearse (...), con toda educación, amablemente,/le fajó 34 puñaladas». Pero no, porque, con el cuchillo en una mano, debe atender el celular con la otra, y la cosa termina en chiste muy representativo de los tiempos que corren.

Hay otro chiste muy bueno, a mitad de la película, que también cumple el rol de evitarnos la lágrima, y hay, para mayor disfrute, selectas grabaciones de tango y jazz (por algo el café se llama Garlington), buena música original, ciertas consideraciones dignas de registro sobre el sexo de Buenos Aires (no en, sino de), y una intriga sin resolver: ¿qué piropo le dice el personaje de Claudio Rissi a la belleza (Lara Di Lascio) que pasa, indiferente a todos, por la vereda, para que ésta se dé una vuelta de cuerpo entero y le sonría feliz y contenta? Después de la cajita de «Belle de jour», éste será por siempre uno de los grandes misterios del cine.

Del resto, en fin, vale destacar las actuaciones de Rissi y Betiana Blum, ambos jugando el medio tono, y consignar el estilo apacible, bien llevado, de buena letra y buenos diálogos (que aún pudieron ser mucho más ricos) del director, lamentando, eso sí, la aparición ocasional de dos personajes marginales a todo, incluso marginales a la forma actoral de los demás miembros del elenco, al punto de sonar como estridentes y demasiado artificiosos, casi como si los hubieran mandado de la TV, para echar a perder la película. Igual se pasa el rato, y además algo se aprende.

P.S.

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