18 de junio 2001 - 00:00

Atrae refinado ballet de carácter itinerante

Two.
"Two".
En este nuevo espectáculo de Teresa Duggan, la coreógrafa parece decir «La vida es movimiento, metamorfosis, transformación de un estado de inercia a uno de acción». Entonces su concepto de la danza se pone de manifiesto aun antes del ingreso del espectador a la sala.

En la columna vidriada contigua a la capilla del Centro Cultural Recoleta, un grupo de bailarines-actores incita al público a observarlos y luego a seguirlos en un recorrido que comienza en la fuente de mármol que hace las veces de hall de entrada a la sala. Allí, en medio de una «puesta» de velas encendidas, se desarrolla el primer dúo: «Nácar y seda», a través del que Duggan expone una de sus preferencias compositivas: la danza de aliento oriental. Bello y refinado este momento inicial muestra la sutileza de un arte plasmado con meticulosidad e interiorización en el pensamiento de pueblos remotos.

Lenguaje

Un lenguaje similar anima más tarde, ya sobre el escenario, a «Shúru», un tributo a la papiromanía. El espacio escénico eje de «Two» alberga también Fonzalida, excelentes ambos.

El espectador debe girar sobre su propio eje, luego, o sentarse sobre el escenario para observar el número final: «Luna llena», que se baila en el balcón del primer piso. Un juego de escamoteos y persecuciones amorosas dan cuenta de una propuesta «neorromántica» de Duggan para cerrar este festival de «Dos» multiplicados por cinco. Luces y vestuarios complementan con su suntuosidad un trabajo coreográfico digno de ser visto.

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