10 de abril 2003 - 00:00

Atrae "Salomé" flamenca del experimentado Saura

Escena del film
Escena del film
«Salomé» (España, 2002, habl. en español). Guión y dir.: C. Saura. Int.: A. Gómez, P. Mora, C. Villena, J. Toca, P. Arquillué.

N o ha perdido la mano el ya septuagenario Carlos Saura. Al contrario, este nuevo espectáculo de cine-danza flamenca lo muestra en pleno manejo de sus medios. Perdió un poco la capacidad de sorpresa, pero aún mantiene la sabiduría de una buena puesta, y el espíritu abierto.

Al comienzo hay que tolerar, ésa es la palabra, media hora de semidocumental en video, que poco aporta y casi nada importa, salvo ver cómo los artistas van sacando sus figuras. Es una especie de precalentamiento, para los espectadores más que nada. Pero cuando un alterego del director llama a ensayo general, con palabras similares a las de Antonio Gades en «Bodas de sangre», y vemos brillar el sol de Oriente tras los paneles del estudio, ahí empieza lo bueno.

Entonces, sucediendo al gran Gades, toma protagonismo Aída Gómez, una mujer de esas que son puro nervio en la escena, y es de temer que también lo sean en la vida cotidiana. Ella encarna ante el público el mito de la sensual criatura que reclamó la muerte del hombre amado, unos dicen que por rencor materno, otros que por propio despecho o excesiva posesión. Para el caso, lo que transmite es una especie de amor. Malsano, atrapante, inmanejable. Potente.

La siguen, la sufren, o la instigan, un Bautista inesperadamente joven y morocho, un robusto y muy plástico Herodes, una Herodías altiva que ya pasó por todos los tablaos, toda expresión, y una corte de juncos indestructibles, representando los dolores de la pasión amorosa, y presentando en sí mismos los ardores y el placer de la pasión artística. Los abarcan, en juego, grandes escenarios, variados espejos, y luces de todo tipo que iluminan, sombrean o contornean a gusto, intensificando emociones ante la cámara, a veces quieta, de Teo Delgado, que ha vuelto a trabajar con Saura. Ejemplares, esa fotografía, y el posterior montaje de tantos cuerpos y ritmos. No advertirán sus méritos los buscadores de novedades, pero sí los que amaron «Carmen» y «Sevillanas».

Pero hablando de novedades, ¿desde cuándo es flamenco el mito de Salomé? Claro, en cualquier lado hay mujeres que reclaman el cuello de uno, pobre santo, pero en este caso la leyenda viene de afuera. Viene, cruzando el mar Mediterráneo, y eso es lo que atienden el director, con su amplitud de espíritu, y Aída Gómez, impulsora del proyecto. Gracias a ellos se reencuentran entonces las raíces y los tiempos, y dialogan las músicas ibéricas y norafricanas, y hasta medopersas, y también las clásicas de la mitteleuropa, en hipnótica y enriquecedora simbiosis, y eso es acaso lo más impresionante de la película. Deberían vender el disco a la salida del cine, pero ni siquiera fue editado entre nosotros, tan lejos que estamos de aquel origen de la civilización, y tan cerca que lo sentimos dentro nuestro.

Dejá tu comentario

Te puede interesar