Auguran futuro con menos salas de cine

Espectáculos

Los Angeles (Especial) - Practicar la futurología es una costumbre habitual de los humanos, y en el mundo del cine mucho más. No sólo el cine lo viene haciendo ficcionalmente desde su fundación, heredando la tradición literaria, sino también los productores, ejecutivos e industriales, quienes periódicamente tratan de imaginar, sobre bases más o menos firmes y no sólo como pasatiempo, cómo serán las formas de consumo de cine dentro de algunos años.

«El cine es una invención sin futuro»
dijeron, en 1895, los hermanos Lumière, «padres de la criatura». La profecía más equivocada de toda la historia fue usada en varias películas, como «El desprecio» de Godard, en los años 60, y últimamente en «Después de la medianoche», el cálido film italiano de Davide Ferrario. La renovada ansiedad en estos días, sin embargo, surge a raíz de la sensible caída en las recaudaciones con respecto al año pasado en los Estados Unidos (casi 10%), retroceso que muchos analistas atribuyen a la aceptación y fortalecimiento, cada vez en mayores proporciones, de los home theaters y el DVD.

Hoy, tener un cine en casa ya no es una excentricidad propia de magnates como Charles Forster Kane o Howard Hughes. Los analistas sostienen que, aunque en escala, un hogar bien acondicionado para ver cine reproduce como pocas veces antes la sensación de estar en una sala, y que una gran parte del público de mayores recursos está optando por esta modalidad que implica, además, no moverse del confort del hogar.

A partir de este hecho, y de los avances en materia de pay per view y, sobre todo, de la integración de Internet como una forma más de ver cine, se dispararon conjeturas de todo tipo acerca de cómo serán las formas más habituales de consumir cine en los próximos años. Descontadamente, en estas prospectivas no faltan los apocalípticos, es decir, quienes auguran la extinción definitiva del cine en salas, como se lo conoce desde los albores de su creación.

La revista «Newsweek», en uno de sus últimos números, se ocupó de este tema. Para
Yair Landau, gerente de Sony Pictures (la compañía que absorbióa una de las «majors» norteamericanas por excelencia, la Columbia Pictures) no hay ninguna duda: dentro de diez años, los padres ya no tendrán necesidad de cargar a los chicos en el auto y dirigirse al cine más cercano que esté proyectando «Los increíbles», con el riesgo de quedarse sin entradas o hacer largas colas ante la boletería.

Directamente «bajarán» la película al televisor o al proyector digital y la verán allí, simultáneamente con su estreno ( obviamente, de manera absolutamente legal, con el pago correspondiente). Lo mismo si se la quiere ver en vuelo, o en la PC personal, o en donde sea.

Las cifras son más que elocuentes: en los últimos 30 años, la recaudación en boletería sólo aumentó de 6 mil millones de dólares a los 9 mil millones de hoy. En cambio, las cifras obtenidas en concepto de visión hogareña de cine crecieron de prácticamente cero en 1975 a 28 mil millones de dólares hoy: es decir, más del triple de lo que recauda el cine en salas.

La revista también consultó a
Peter Chernin, de News Corp., compañía perteneciente a otra «major», la Twentieth Century Fox, quien le quitó dramatismo al tema: «Por lo general», dijo, «la industria suele mostrarse temerosa ante los cambios, aunque las películas demostraron ser, a lo largo de la historia, imbatibles por los cambios de soporte: sobreviven en televisión, cable, video y ahora DVD. Estos medios, antes que destruir al cine, no han hecho otra cosa que crear mercados suplementarios».

Sin embargo, no todos aceptaron alegremente las posibles mutaciones de los tiempos. A los que menos les gusta la hipótesis anterior, y más allá de cualquier nostalgia, es a los directores, quienes en algunos casos opinaron que esta forma de explotación hogareña no sólo quita la magia del espectáculo compartido, sino que suprimirá una de las más eficaces formas de recomendación de una película, el «boca a boca».

Una película, para estos directores, terminará de asimilarse definitivamente a un artículo de supermercado, condición que ya tienen los films en DVD aunque, al menos, algunos mesesdespués de su lanzamiento en cines.

Obviamente, los exhibidores (propietarios de salas) están mucho más preocupados. En general, coinciden que el instinto gregario del público para ver un espectáculo, desde la Grecia clásica hasta acá, ha sido lo suficientemente fuerte como para que pueda demolerlo, en sólo diez años, el
home theater. Los exhibidores asumen que el cine en salas sufrirá bastante en la próxima década, aunque nunca desaparecerá el deseo de ver las «Star Wars» o los «Harry Potter» del futuro en una sala colmada y repleta de fanáticos.

Esto se justifica en el hecho que, de aquí a una década, se librará una guerra equivalente a la que el cine le dio a la televisión en los años 50, con la aparición del cinemascope y otros formatos, contra los que los modestos receptores de aquellos tiempos no podían soñar en competir.

En los próximos tiempos, los «multiplex» se convertirán en auténticos parques temáticos, donde la película será, apenas, una de las atracciones. No sólo se esperan diseños de sonido e imagen imposibles de imitar en casa, ni siquiera por la aún minoritaria televisión digital, sino que distintas formas de ofertas de consumo, que hasta incluyen la posibilidad para los padres de ver deporte en una pantalla paralela si no quieren ver la película a la que llevaron a sus hijos, están contempladas, empezando obviamente por las gastronómicas.

Algunos analistas, inclusive, prevén que el espectador se pueda llevar la película a casa en DVD si le ha gustado mucho, como lo hace desde hace tiempo con la banda de sonido de un musical. Esto debe estar basado, por supuesto, en que la oferta de
entretenimiento total que brinden los cines exceda con mucho a la película como tal.

Eso sí: en medio de esta guerra, a nadie parecería importarle mucho si, dentro de una década, surgirá un nuevo
Bergman, un nuevo Fellini o un nuevo Visconti. Esas sí que son cosas del pasado.

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