30 de septiembre 1999 - 00:00

"AUSTIN POWERS, EL ESPIA SEDUCTOR"

L uego del éxito inesperado de «Austin Powers», su excelente parodia de los agentes secretos de los '60 y de la cultura del flower power en general, Mike Myers fue presionado a hacer una secuela a toda velocidad. En una época en la que los productores de los grandes estudios se limitan a repetir las mismas fórmulas de siempre, un talento como el de Myers (que aquí encarna al héroe, al villano, al villano secundario Fat Bastard, a varios clones y, además, es coguionista) debe ser exprimido hasta que no quede nada. Por suerte Myers se las arregló para mantener su alto nivel creativo a pesar de que desde el primer tema musical se nota la intención de estandarizar las referencias sesentistas para que alcancen al mayor público posible. Esta vez el satánico Dr. Evil reaparece en un talk show televisivo, y decide viajar en el tiempo a fines de los '60 para robarle al hibernado Austin Powers su «mojo», es decir la sustancia intangible de su espíritu swinger. Austin debe también viajar atrás en el tiempo para recuperar el «mojo», sin el cual no puede estar a la altura de sus legendarias performances eróticas a la hora de enfrentarse a su colega de la CIA Felicity Shagwell (una supersexy Heather Graham).
Además de divertidísimas burlas a varios momentos clásicos en la serie
Bond -por ejemplo, el asesino reflejado en el ojo de una chica traidora de «Gold-finger»- Myers se ríe del cine en general, sobre todo de las convenciones de las películas de ciencia ficción (la explicación de las paradojas temporales que da el jefe Michael York no tiene desperdicio) con citas muy graciosas a «Día de la Independencia» y «La guerra de las galaxias».
Igual que en la película original, la dirección de arte es perfecta, y también la música ocupa un lugar preponderante, con temas de los Monkees, Step-penwolf, The Who y una antológica aparición de Burt Bacharah junto a Elvis Costello como músicos callejeros (aunque el soundtrack del film anterior era más sutil y no incluía ningún hiperpublicitado hit de Madonna).
Entre todas las películas tontas de la pasada temporada vera-niega norteamericana,
«Austin Powers» es una de las pocas realmente logradas, cumpliendo ciento por ciento su promesa de hacer reír al espectador sin parar desde la primera escena hasta los jocosos créditos finales. Hasta parece que alguien tiró entre el público una de esas ampollas de gas hilarante tan frecuentes en los films de espías sexy-psicodélicos de la era del flower power.


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