Avatares de la entrega

Espectáculos

  
  • Aunque parezca un lugar común (ocurre casi todos los años), la edición número 79 de entrega del Oscar fue larga y tediosa. Sin llegar a la calificación de «Sombría» o de «auténtico horror», en que coincidieron varios medios norteamericanos ayer, en las cuatro horas de transmisión sólo hubo chispazos de emoción cuando el compositor Ennio Morricone subió a recibir su Oscar honorífico (y obligó a Clint Eastwood a oficiarle de traductor del italiano al inglés), y en el siempre conmovedor espacio dedicado a los artistas y técnicos desaparecidos el año anterior (entre ellos, Glenn Ford, Philippe Noiret, Maureen Stapleton, Peter Boyle, Sydney Sheldon, Jack Palance, Carlo Ponti, y Robert Altman, entre otros). Ni hablar de los escasísimos momentos humorísticos, a cargo principalemente de la maestra de ceremonias debutante Ellen DeGeneres, que hace de la torpeza y la ingenuidad provinciana una marca registrada.

  • En ese aspecto hay que darle la razón a los especialistas de «NBC» o la revista «Variety» sobre que los paseos de la anfitriona por el patio de butacas del Teatro Kodak recordaban demasiado al programa de TV de la actriz («The Ellen DeGeneres Show»). Continuando con las críticas a la ceremonia, «The Washington Post», escribió que las actrices de «Soñadoras», «cantaron, cantaron y cantaron, y como todo en los Oscar fue interminable». También tienen razón, ya que el film tenía tres de sus canciones en competencia y en un momento dado, sus protagonistas cantaron las tres seguidas.   

  • Como siempre, el televidente local debió padecer la penosa traducción simultánea de TNT que tuvo su climax de bochorno cuando se tradujo la razón por la que Judi Dench se había ausentado. «No vino la nominada a mejor actriz (por «Escándalo») porque la operaban de los ojos» y rápido se desdijo y corrigió: «Perdón, la operación fue de rodilla». Cuando volvieron del corte, aclaró la traductora: «Respecto de la operación de Dench, pudimos confirmar que era de senos».

  • Entre las mejores vestidas, se destacaron Cameron Díaz, quien lució un vestido blanco de Valentino con zapatos plateados, Gwyneth Paltrow, con un vestido naranja de Zac Posen y Nicole Kidman, eligió el rojo brillante de Balenciaga con un gran moño en el cuello. Cuando la conductora Ellen DeGeneres llamó a Paltrow para entregar un premio, la definió como «La esposa de Chris Martin de Coldplay».   

  • Ingenioso el sitio de Internet que premia lo peor del año con los «Razzies» (Frambuesa de oro) en el que calificó a «Bajos instintos» con un juego de palabras letal: en lugar de escribir «Basic instinct 2» publican «Basically, it sinks, too», lo que traducido significa: «Básicamente, apesta también».
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