El lunes a la noche, se equivocó quien esperaba sorpresas, polémica o algo distinto, en fin, respecto de lo ya visto hasta el agotamiento sobre «Expedición Robinson». El panel de periodistas especializados (Pablo Sirvén, Laura Ubfal, Osvaldo Bazán de «Noticias» y Walter Domínguez, editor de espectáculos de «Clarín») arrancó con tres preguntas apasionantes: «¿Es cierto que llevaron 500 condones?» «¿hubo sexo en la isla?» «¿están diciendo que no hubo sexo?».
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La hoy heroica Picky (estudiante de teatro que sobreactuó a sus anchas cuando se dejó ganar por el obrero portuario Adrián en el último capítulo, dejándolo, también, lloroso y humillado) resumió con un «eso le quita mérito a lo que fuimos a hacer ahí» las respuestas casi unánimes de los 16 concursantes originales que mostraron un espíritu de cuerpo impensable durante la emisión de la «competencia».
«Esas son intimidades», remató Rodrigo, el duro de pasada vocación militar, contradiciendo la exhibición de intimidades que caracterizó al programa. «¿Qué lo qué?» se asombró, por ejemplo, cuando Domínguez lo acusó de homofóbico entre otras lindezas.
Cuando le explicaron qué era eso, Rodrigo pidió silencio a sus compañeros para desafiar a «quien tenga grabado que yo dije eso que me lo muestre», para agregar, muy serio, «yo tengo amigos gay... aunque yo no soy gay», y terminar con un discurso acerca de los prejuicios que hay sobre «los miembros de alguna fuerza».
Sirvén preguntó si no temían acabar como Fabiana López. Por supuesto hubo que aclarar a los jóvenes interlocutores que se trataba de la novia abandonada por Negrete, ganador del Prode en otro siglo. Luego quiso saber qué pasó con las respectivas parejas cuando los participantes volvieron de la isla y por último, lo más eufemísticamente que pudo, si a Adrián no le daba vergüenza que Picky lo haya dejado ganar. Curiosamente, el programa del lunes estuvo dedicado a declarar que lo que vio el espectador fue más teatro que realidad: «Yo no soy como se me veía», «hice lo posible por mantener el personaje de mala pero me iba a llorar donde nadie me veía», se oyó decir.
Más realismo socialista en la TV: empezó «Ilusiones» en «Canal 13», la nueva producción de Pol Ka de Adrián Suar. Oscar Martínez hace de mago en una cantina italiana, escenario principal de la tira, pero, como para evitarle todo escapismo posible al espectador que busca un poco de fantasía en la TV a la noche para olvidarse de sus problemas, en el primer capítulo los personajes no dejaron de preguntarse por qué no hay plata, por qué no se llega a fin de mes, por qué los empleados hacen huelga, por qué hay empresarios estafadores que se fugan.. por citar sólo algunas. «Ilusiones» sigue poniendo énfasis en ese costumbrismo con el que Suar impregna sus productos, al punto de que la reiteración de frases del tipo «no tengo un mango» o «necesito para el alquiler» parecen un prerrequisito para los guionistas, como prueba de verosimilitud y buena conciencia.
Pero lo que no resulta verosímil es comprobar que quienes sufren son la exuberante y verborrágica Catherine Foulop, que volvió a la tonada venezolana, o el galán Nicolás Cabré, que hace las veces de ladrón que acaba de salir de la cárcel. Paradójicamente, los elementos sobre los que pretende girar la tira, el ilusionismo, la magia, la fantasía, están -al menos en el primer capítulo curiosamente contrarrestados por esa «cruel realidad» con la que también se ameniza al espectador a la noche, cansado de las fatigas diarias.
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