11 de octubre 2001 - 00:00

Avatares de la TV

(10/10/2001) En una pantalla donde satura el estreno de reality shows (desde el lunes pasado, con el comienzo de «El bar II» se emiten cinco, y el domingo empieza un sexto, «La misión»), los televidentes habrán agradecido el lanzamiento de una serie de ficción local, que además está bien escrita, bien actuada y hasta hace reir. Aunque «Cuatro amigas» recuerde a la norteamericana «Sex and the city», se trata una interesante producción con divertidas historias y personajes bien interpretados por Mirtha Busnelli, Inés Estévez, Paola Krum y Valeria Bertucelli.

Siendo el sexo el tema de rigor, los autores de «Vulnerables» logran tratarlo con altura y sutileza.Y el humor quedó reforzado con una variedad de temas cotidianos como los corpiños engañadizos con «pushups» y la eterna duda femenina de si el hombre que evade el sexo con una mujer es gay: para comprobar la inclinación sexual de un candidato que interesaba a Paola Krum, ésta le pidió a su amigo homsexual que estudiara a su presa. También causaron gracia los sinónimos utilizados en diferentes momentos para definir los órganos sexuales femeninos y masculinos, aunque tal riqueza de léxico sonó más a lista para demostrar la versatilidad de los autores que las frases naturales en un diálogo. Sin desnudos, malas palabras ni vulgaridades que abundan en telenovelas y reality shows, se vio un producto de calidad.

Minutos antes de que comenzara «Cuatro amigas» Marcelo Tinelli venía publicitando su nuevo programa valiéndose de los actores del «Gran cuñado». «¿Vas a ver «Cuatro amigas», Darío?», le preguntó a un Lopérfido tembloroso y risueño. «Si me dejan lo voy a ver, Marce», respondió el actor y tentó al conductor, por los excesivos manierismos que tiene el actor que lo interpreta. Entre los políticos satirizados se destaca por lejos Aldo Rico, insistente en el término «fusilánime». Juan Pablo Baylac fue quien debió abandonar la casa y lo que sorprendió fue el total de votos acumulado por el programa, unos cuarenta mil. Tal cifra parece superar la intención de voto del domingo.

Diametralmente opuesto al buen gusto es lo que se ve en la versión local de la «Isla de la Tentación», donde las supuestas parejas van a probar su «fidelidad» y se encierran junto a seductores del sexo opuesto en hoteles de lujo. «Confianza ciega», en Azul Televisión, revela con cada capítulo que fue editado a las apuradas y realizado en condiciones que distaron de ser las óptimas. Son frecuentes en el programa desprolijidades tales como no ver quién habla o a quién se dirige el conductor Juan Castro. Tampoco se comprenden los diálogos, enmascarados por la música de fondo y carentes de los habituales subtítulos. Ni siquiera se ocuparon de eliminar aquellas tomas en las que predominan nucas y espaldas.

La mayoría de los realities resultaron aburridos pero la mayoría estuvieron cuidados a nivel técnico. Pero «Confianza ciega» no convence en ninguno de ambos aspectos. Se comenta que durante los días de grabación los guionistas estaban desatentos en los momentos claves, los meritorios de producción se quedaban dormidos, y hasta que un grupo fue detenido en Rio de Janeiro por llevar un exceso de videos sin la debida autorización. Además de que la mitad del equipo se enfermó algunos días y eso entorpeció el trabajo, a un punto tal que una de las productoras tuvo que poner su espalda para grabar un «doble de cuerpo».

Aunque se acordaron tarde, decidieron introducir cambios en los tediosos «Quién quiere ser millonario» y «Codicia», sendos programas de preguntas y respuestas que emite Canal 13. Sin embargo, las modificaciones tampoco ayudan a sobrellevar con más entusiasmo esos ciclos. En el primer caso, conducido por Julián Weich, en lugar de una sola persona que competía pusieron a concursar a matrimonios.Ahora, el televidente debe soportar que la pareja termine de discutir sobre lo que considera la respuesta acertada a preguntas tan apasionantes como «¿Quién era el padre de Oaky en los dibujos?».

En «Codicia», con Eduardo De la Puente, optaron por convocar al programa a jóvenes que egresan de quinto año, quienes ofrecen un panorama poco alentador: entristece el bajísimo nivel que exhiben ante las preguntas de cultura general. Sin lugar a dudas, lo que se vio hace décadas en «Odol pregunta», sin tanto formato extranjero ni andamiaje digital, era mucho más original y entretenido. Y culto.


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