9 de abril 2003 - 00:00
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Susana Giménez y Mirtha Legrand
•Al revés de lo que ocurrió al mediodía en el almuerzo de Mirtha Legrand, donde no hubo políticos pero se habló durante casi todo el programa de las elecciones, en el de Susana Giménez estuvieron Adolfo Rodríguez Sáa y Daniel Scioli pero fue poco lo que se conversó sobre política. Ambos actuaron en el sketch «Susana Sparafucile» y repitieron el casete de campaña: eso sí, Rodríguez Sáa tiene muchísimas más condiciones actorales que Scioli, que parecía un granadero al lado de Susana y Juan Carlos Calabró; una pena que faltó Kirchner. El chiste consistía en que ambos lograban convencer a Susana de votarlos. Sin embargo, el mayor favorecido de la noche fue un ausente, Ricardo López Murphy, a quien Mirtha Legrand, cuando apareció junto a Susana, dijo que votaría. Ya lo había sugerido a la mañana en su propio programa. Si se suman los casi 29 puntos de rating de Susana y los 8 puntos de rating de Mirtha, cerca de 35 millones de personas (sin contar la audencia radial) habrán escuchado la intención de voto de Mirtha.
•El programa de Susana fue mucho más ostentoso que el de Mirtha: además de la costosa apertura que ya había sido revelada en todos los medios (su viaje de norte a sur bajo el lema «Susana es única y la Argentina también») contó con una decena de invitados. Desde luego, el gran encuentro para la foto fue con Mirtha Legrand, quien conversó con Susana sobre los temas de siempre: su infancia, su vida junto a Tinayre y el cine argentino, además de repetir las edades de su descendencia. Y, de rigor, al final de la charla lagrimeó. Otros invitados, como Carlos Calvo, Marley, Arturo Puig, Caramelito y Tomás Fonzi parecían parte del decorado.
•Otros históricos como Juan Carlos Calabró y Emilio Disi participaron en los sketchs cómicos; Antonio Gasalla hizo a su tradicional Mamá Cora, y Mónica Ayos embelleció el elenco predominantemente masculino. Susana eligió la glamorosa cortina de «Chicago» pero a los pocos minutos se puso melancólica y habló de la situación del país y su esperanza de que mejorara. Al día siguiente se abría el «corralón», como se sabe, uno de los mayores dolores de cabeza de la diva durante su exilio el año pasado.




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