Sin ser una joya del género, la aventura submarina «Azul extremo» parte de una idea
simplona y la sostiene con situaciones cada vez más tensas a medida que avanza la
acción.
«Azul Extremo» (Into the Blue, EE.UU., 2005, habl. en inglés) Dir.: J. Stockwell. Int.: P. Walker, J. Alba, S. Caan, A. Scott, J. Brolin, J. Frain.
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La secuencia de títulos de esta aventura submarina prepara para lo peor. MTV vs E Entertainment da más miedo que el pulpo gigante con el que luchaba el capitán Nemo. Pero de a poco esta modesta película de aventuras se va rearmando y empieza a ofrecer todo tipo de sorpresas, empezando por el ominoso planteo de que unos buceadores sin recursos encuentren, el mismo día, los restos de un navío antiguo lleno de promesas de oro, justo al lado de un avión de carga con kilos y kilos de cocaína celosamente empaquetada.
Reclamar un barco hundido es complejo: hay que dar con los datos del barco, y ofrecer alguna evidencia convincente de que se trata del navío en cuestión. Eso lleva tiempo, y mientras las dos parejas quieran mantener el hallazgo del tesoro para sí, denunciar a la policía el avión hundido sería atraer un sinnmúmero de equipos de buzos que podrían encontrar la evidencia del barco y arruinarles el sueño de los lingotes de oro.
Para colmo, la mitad del cuarteto no puede evitar que las mareas siempre los arrastren hacia el avión; después de todo, ese tesoro menos glorioso está ahí al alcance de la mano. Por algún motivo, los tiburones siempre merodean el avión, no el barco que poco a poco se va dejando ver después de siglos enterrado bajo la arena del fondo del Caribe.
Hay violencia, exotismo, excelente fotografía submarina y un buen ritmo -sobre todo en la segunda mitad-, pero probablemente el fuerte de «Azul extremo» sea lo poco que el espectador puede esperar de una película con el astro juvenil Paul Walker cambiando autos rápidos por deportes acuáticos necesariamente menos convencionales. De este modo, una trama elemental empieza a tener detalles interesantes, no tanto como para volverla rigurosa, pero sí para sostener las distintas situaciones más y más tensas y violentas a medida que avanza la acción.
No podrá competir con las joyas del género, pero para una matiné de super acción de esas que ya casi no hay, bien vale el precio de la entrada. D.C.
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