8 de abril 2002 - 00:00
Barcelona consagró 2002 "Año Internacional Gaudí"
Con más de un centenar de actos a lo largo de 2002, Barcelona celebra ya los 150 años del nacimiento de Antonio Gaudí, que se cumplen en junio. La Argentina inicia los homenajes el miércoles, en el Centro Borges, con una muestra de gigantografías de las obras más famosas del arquitecto que pasó de ser considerado un loco en sus comienzos a artista genial y, para algunos, hasta digno de ser santificado.
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Una de las pocas fotos de Antonio Gaudí
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La reacción internacional hacia Gaudí también ha sido ambivalente. El crítico de arquitectura Nikolaus Pevsner lo ignoró completamente en su edición de 1936 de su fundamental «Pioneers of Modern Design» (Pioneros del Diseño Moderno). No sería hasta 1962 cuando Gaudí fue admitido entre sus páginas. George Orwell, que se hallaba en Barcelona durante la Guerra Civil española, fue más explícito y llamó a la Sagrada Familia «uno de los edificios más abominables del mundo».
Muchos arquitectos dirían que la frase de Orwell fue una tontería. Le Corbusier describió la escuela que Gaudí diseñó como parte del proyecto de la Sagrada Familia, con un tejado ondulado de ingeniosa estructura, como «una obra de arte». Norman Foster ha calificado los métodos de Gaudí como revolucionarios. El arquitecto más famoso de España, Santiago Calatrava, muestra la influencia de Gaudí en su obra con el uso de trencadís (azulejos rotos) en la decoración, en sus arcos y en su principal fuente de inspiración, la naturaleza.
La recargada decoración de muchos edificios de Gaudí puede considerarse, como mínimo, superflua y como máximo, cursi. En su excelente biografía sobre Gaudí publicada por Harper Collins el año pasado, el arquitecto holandés residente en Londres Gijs van Hensbergen comenta del primer encargo privado del catalán, una casa en Barcelona para el adinerado fabricante de azulejos Manuel Vicens, «la ornamentación está por todas partes en profusión desornada y sin gusto».
Aunque Gaudí fue desafortunado en el amor y tuvo una salud delicada, fue realmente afortunado por el grupo de gente que lo rodeó. Encontró mecenas, especialmente el empresario Eusebi Güell, que pocas veces interferían con su visión. Dado que Gaudí solía cambiar sus diseños una y otra vez durante la construcción, tenían que tener bolsillos sin fondo. Gaudí también recibió el apoyo de excelentes artesanos catalanes, especialmente canteros y forjadores, y en su estudio trabajaban hombres leales y brillantes. Uno de ellos, el poco reconocido Josep Pujol, está entre los «más grandes genios creadores» de la arquitectura, según Van Hensbergen.
Muchos de los edificios de Gaudí quedaron sin terminar, tuvo peleas frecuentes con los propietarios o con las autoridades urbanísticas, y hacia el final de su vida pasó a ser aún más despótico y maleducado, aunque es posible que su irritabilidad se exacerbara al contraer la brucelosis, una enfermedad más propia del ganado. La Iglesia Católica, sin embargo, tiene pocas dudas sobre su persona: un grupo quiere que el Papa lo canonice, y el arzobispo de Barcelona ha solicitado que lo nombren santo patrono de la arquitectura. Muchos catalanes prefieren dejar de hablar de santidad, argumentando que el legado arquitectónico de Gaudí, como dice Daniel Giralt-Miracle, «ya es bastante gloria».
Afortunadamente para las hordas de turistas y aficionados a la arquitectura que visitarán las distintas celebraciones durante 2002 (vean el sitio web del Año Internacional Gaudí en www.gaudi2002.bcn.es) gran parte de ese legado se conserva intacto. Y eso pese a que en ocasiones, en la época de su construcción, se pensaba que con aquellas columnas y arcos en ángulos extraños se vendrían abajo. Un obrero catalán se atrevió a decirle a Gaudí en una ocasión que las galerías que había diseñado para la casa de Manuel Vicens se derrumbarían en cuanto retiraran los soportes, porque los salientes de ladrillo serían incapaces de resistir el peso. El obrero inclusive se quedó varias horas aquella tarde, esperando contemplar el desastre. Pero las galerías siguen en pie, tal y como Gaudí las diseñó.
Cuando Gaudí se graduó en 1878 en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, su director anunció a los otros profesores: «Caballeros, estamos aquí hoy en presencia de un genio o un loco». El jurado todavía no ha decidido, pero las celebraciones de este año podrían inclinar la balanza de la historia hacia el veredicto de genio.




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