8 de abril 2002 - 00:00

Barcelona consagró 2002 "Año Internacional Gaudí"

Con más de un centenar de actos a lo largo de 2002, Barcelona celebra ya los 150 años del nacimiento de Antonio Gaudí, que se cumplen en junio. La Argentina inicia los homenajes el miércoles, en el Centro Borges, con una muestra de gigantografías de las obras más famosas del arquitecto que pasó de ser considerado un loco en sus comienzos a artista genial y, para algunos, hasta digno de ser santificado.

Una de las pocas fotos de Antonio Gaudí
Una de las pocas fotos de Antonio Gaudí
Si nos remontamos a sus orígenes griegos, la palabra arquitecto viene de archi (jefe) y tekton (constructor). En el caso del constructor jefe catalán Antoni Gaudí, la etimología resulta demasiado prosaica. Para Gaudí, el mundo se divide fácilmente entre los tres pilares característicos de su arquitectura: arcos, brillantez técnica y seguridad, que en ocasiones se convertía en rudeza y arrogancia.

Como muchos artistas, en sus comienzos Gaudí contó con más detractores que partidarios. A principio de la década de 1950 un crítico describió sus famosas fachadas como «torturas de la imaginación, fetos de piedra, obscenidades bulbosas». Pero hoy muchos lo alaban como a un genio, otros piden al Papa que lo santifique y más de dos millones de personas acuden a Barcelona cada año para contemplar sus edificios, amarlos u odiarlos. Con la celebración del 150° aniversario de su nacimiento el 25 de junio de este año, la ciudad de Barcelona y los gobiernos catalán y español han proclamado 2002 como el Año Internacional Gaudí. Con más de 100 acontecimientos planificados en su honor la prensa española ya lo ha bautizado como Gaudimanía.

Nacido en 1852 y atropellado por un tranvía en Barcelona 74 años más tarde, en 1926, probablemente Gaudí se sentiría avergonzado por semejante tinglado.

•Perfil

Era soltero y vegetariano, se lavaba con agua fría, vestía trajes muy desgastados y rehuía la publicidad. Dejó pocos documentos personales, la mayoría de sus archivos arquitectónicos fueron destruidos durante la Guerra Civil y sólo se conservan un puñado de fotos suyas en blanco y negro, en las que no se muestra el intenso azul de su mirada. Cuando no estaba a pie de obra, Gaudí pasaba la mayor parte del tiempo rezando de rodillas. Pero probablemente hubiera sonreído al enterarse de que en la inauguración oficial del Año Internacional Gaudí, entre los constructores jefe que se congregaron en el Ayuntamiento de Barcelona estaban el estadounidense Frank Gehry, el británico Norman Foster, el japonés Arata Isozaki y el español Oriol Bohigas.

El coordinador del Año Internacional Gaudí, Daniel Giralt-Miracle, dice que los catalanes han tenido una relación incómoda con el hombre al que ahora están honrando. «Creo que Barcelona ha decidido por fin mantener un entendimiento cordial con él», dice Giralt-Miracle, director del Espacio Gaudí, área dedicada a la obra del arquitecto y situada en el vasto ático de uno de sus edificios más conocidos, la Casa Milà, en el elegante Passeig de Gràcia de Barcelona. Un ejemplo de esta relación es que los catalanes calificaron despectivamente la Casa Milà como La Pedrera, por su fachada de piedra.

•Objetivos

Giralt-Miracle explica que uno de los objetivos de este año de conferencias, exhibiciones, actividades escolares y días abiertos, así como de otras exposiciones menores que se están negociando en ciudades como Berlín, Roma, Londres, Shangai y Filadelfia, es superar la imagen de postal de la obra más conocida de Gaudí: la inconclusa catedral de la Sagrada Familia. (La última fecha calculada para su terminación es 2030.) « Hoy en día Gaudí es más popular que conocido y eso es lo que queremos cambiar», dice Giralt-Miracle. «El tenía los pies en el suelo y la imaginación en el infinito, en un momento, a finales del siglo XIX, en el que la burguesía catalana tenía mucho dinero y había una atmósfera de ostentación, lo que creaba la necesidad de un arquitecto exuberante y emblemático».

La reacción internacional hacia Gaudí también ha sido ambivalente. El crítico de arquitectura Nikolaus Pevsner lo ignoró completamente en su edición de 1936 de su fundamental «Pioneers of Modern Design» (Pioneros del Diseño Moderno). No sería hasta 1962 cuando Gaudí fue admitido entre sus páginas. George Orwell, que se hallaba en Barcelona durante la Guerra Civil española, fue más explícito y llamó a la Sagrada Familia «uno de los edificios más abominables del mundo».

Muchos arquitectos dirían que la frase de Orwell fue una tontería. Le Corbusier describió la escuela que Gaudí diseñó como parte del proyecto de la Sagrada Familia, con un tejado ondulado de ingeniosa estructura, como «una obra de arte». Norman Foster ha calificado los métodos de Gaudí como revolucionarios. El arquitecto más famoso de España, Santiago Calatrava, muestra la influencia de Gaudí en su obra con el uso de trencadís (azulejos rotos) en la decoración, en sus arcos y en su principal fuente de inspiración, la naturaleza.

La recargada decoración de muchos edificios de
Gaudí puede considerarse, como mínimo, superflua y como máximo, cursi. En su excelente biografía sobre Gaudí publicada por Harper Collins el año pasado, el arquitecto holandés residente en Londres Gijs van Hensbergen comenta del primer encargo privado del catalán, una casa en Barcelona para el adinerado fabricante de azulejos Manuel Vicens, «la ornamentación está por todas partes en profusión desornada y sin gusto».

Aunque Gaudí fue desafortunado en el amor y tuvo una salud delicada, fue realmente afortunado por el grupo de gente que lo rodeó. Encontró mecenas, especialmente el empresario Eusebi Güell, que pocas veces interferían con su visión. Dado que Gaudí solía cambiar sus diseños una y otra vez durante la construcción, tenían que tener bolsillos sin fondo. Gaudí también recibió el apoyo de excelentes artesanos catalanes, especialmente canteros y forjadores, y en su estudio trabajaban hombres leales y brillantes. Uno de ellos, el poco reconocido Josep Pujol, está entre los «más grandes genios creadores» de la arquitectura, según Van Hensbergen.

Muchos de los edificios de
Gaudí quedaron sin terminar, tuvo peleas frecuentes con los propietarios o con las autoridades urbanísticas, y hacia el final de su vida pasó a ser aún más despótico y maleducado, aunque es posible que su irritabilidad se exacerbara al contraer la brucelosis, una enfermedad más propia del ganado. La Iglesia Católica, sin embargo, tiene pocas dudas sobre su persona: un grupo quiere que el Papa lo canonice, y el arzobispo de Barcelona ha solicitado que lo nombren santo patrono de la arquitectura. Muchos catalanes prefieren dejar de hablar de santidad, argumentando que el legado arquitectónico de Gaudí, como dice Daniel Giralt-Miracle, «ya es bastante gloria».

Afortunadamente para las hordas de turistas y aficionados a la arquitectura que visitarán las distintas celebraciones durante 2002 (vean el sitio web del Año Internacional Gaudí en www.gaudi2002.bcn.es) gran parte de ese legado se conserva intacto. Y eso pese a que en ocasiones, en la época de su construcción, se pensaba que con aquellas columnas y arcos en ángulos extraños se vendrían abajo. Un obrero catalán se atrevió a decirle a Gaudí en una ocasión que las galerías que había diseñado para la casa de Manuel Vicens se derrumbarían en cuanto retiraran los soportes, porque los salientes de ladrillo serían incapaces de resistir el peso. El obrero inclusive se quedó varias horas aquella tarde, esperando contemplar el desastre. Pero las galerías siguen en pie, tal y como Gaudí las diseñó.

Cuando
Gaudí se graduó en 1878 en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, su director anunció a los otros profesores: «Caballeros, estamos aquí hoy en presencia de un genio o un loco». El jurado todavía no ha decidido, pero las celebraciones de este año podrían inclinar la balanza de la historia hacia el veredicto de genio.

Dejá tu comentario

Te puede interesar