31 de mayo 2004 - 00:00

"Beckett era de una ironía devastadora"

Tras el éxito de la versión en francés que presentó en el último Festival Internacional de Teatro, la actriz dice que ahora transformó a su personaje en «rioplatense; para que la obra esté más cerca del público argentino».
Tras el éxito de la versión en francés que presentó en el último Festival Internacional de Teatro, la actriz dice que ahora transformó a su personaje en «rioplatense; para que la obra esté más cerca del público argentino».
A partir del jueves 3 de junio, Marilú Marini volverá a la Sala Casacuberta del Teatro San Martín para ofrecer la versión en español de «Oh, les beaux jours!» («Los días felices») de Samuel Beckett, dirigida por Arthur Nauzyciel y con Marc Toupence en el rol de Willie. Este espectáculo fue uno de los más celebrados el año pasado, cuando la actriz lo presentó en francés, con subtitulado, en el marco del IV Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires. Marilú Marini ha desarrollado casi toda su carrera en París, donde reside, y fue condecorada por el gobierno francés con la Orden de las Artes y de las Letras en el grado de Oficial. Si bien nunca dejó de viajar a la Argentina, al menos una vez por año, recién en la última década pudo dar a conocer en Buenos Aires algunos de sus trabajos, entre ellos «Niní» y «La mujer sentada», de Copi, ambos dirigidos por otro argentino residente París, el actor y director Alfredo Arias. Marini viene de obtener una muy buena recepción entre los críticos franceses por su protagónico en «Oh, les beaux jours», ya que fue comparada con la gran Madeleine Renaud, la actriz que estrenó el rol de Winnie en 1963 en París, bajo la dirección del mismo Beckett. «La que vamos a presentar ahora es una Winnie rioplatense» -afirma esta magnífica sobreviviente del mítico Instituto Di Tella-; «quise que la obra estuviera aún más cerca del público argentino».

Periodista:
¿Quería darle un tono más intimista?

Marilú Marini: «Los días felices» es uno de los grandes textos del teatro del siglo XX y siempre se corre el riesgo de ponerlo en el plano del monumento, cuando en realidad es una obra que habla de algo muy íntimo y muy cercano a todos los seres humanos. No pasa solamente por una visión intelectual, sino por sensaciones y sentimientos que están impresos genéticamente en nosotros.


P.:
Tratándose de una mujer que monologa extensamente, enterrada hasta la cintura, resultó una sorpresa su Winnie, tan lejos de esa señora simple y resignada a la que estamos acostumbrados.

M.M.: Eso se lo debo a Arthur Nauzyciel. Los dos insistimos mucho en que éste no fuera un trabajo sobre la nostalgia y la melancolía. Winnie no solamente rememora algo que ha perdido. Es como si alguien te sorprendiera en un instante de tu vida, en el cual estás sola con tus pensamientos, y no estás emitiendo un discurso para ser escuchado por otros, sino para conservar una identidad, una contención, un propósito. Winnie pasa por estados muy activos porque tiene una necesidad imperiosa: «Hay que pasar el día, hay que ocuparse, hay que encontrar cosas para seguir adelante». Pero, hay momentos en los que ella se queda sin recursos y se pregunta: «¿Y ahora?». Es terrible cuando uno no tiene nada a lo que aferrarse.


P.:
En ese sentido la obra es muy angustiante porque desnuda el más profundo vacío existencial.

M.M.: Por eso Winnie tiene necesidad de inventar al otro personaje (Willie, su marido). El es quien puede escucharla, el único que le asegura que no está completamente sola o completamente muerta. Lo que no se sabe es si ese hombre existe o es sólo un recuerdo.

P.: ¿Cómo describiría a esta Winnie rioplatense?

M.M.: Su figura podría ser la de una señora burguesa, de buena cultura, que tiene una linda casita en Martínez con un jardín y un marido, y que invita a sus amigas a jugar al bridge. No es ni una marginal ni una excéntrica, es alguien completamente anónimo que se aferra al recuerdo que tiene de su amor por ese hombre, aunque también puede ser muy irónica y desvastadora con él. Pero, además, ella está siempre fija en un lugar, bajo una luz cegadora, donde no hay sombras. No tiene la contención del tiempo reglamentado en día y noche, ni las referencias que nos hacen sentir que la vida tiene un encuadre que nos hace decir: «hoy es lunes», o que nos dan la sensación de estar dentro de algo que nos organiza y nos estructura. Esa estructura ella ya no la tiene, sólo hay un timbre que la hace dormir y la hace despertar. Este es un viaje muy íntimo y secreto a través del pensamiento de un ser humano que, como cualquiera de nosotros, sabe desde que nació que va a morir.


•Comparaciones

P.: La crítica francesa fue muy elogiosa con su trabajo en esta obra.

M.M.: Lo compararon con el de Madelaine Renaud y señalaron la diversidad entre ambos. La Winnie de Madelaine era más lírica y soñadora, la nuestra es mucho más combativa y pasa por la rabia y la desesperación. Además, hemos trabajadomucho sobre ese humortan irónico y terrible de Beckett. Aunque yo siento que tiene mucho que ver también con nuestro humor argentino. Es esa mirada humorística frente a algo que nos lastima profundamente y que nos permite poner distancia y encontrar una frase, una resolución, una ironía que nos deja a salvo. Beckett era desvastador en ese sentido. El era un pesimista irónico, tenía un humor terrible, y decía: «Cuando uno está enterrado, con la mierda hasta el cuello, lo único que le queda es cantar».


Entrevista de Patricia Espinosa

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