17 de febrero 2000 - 00:00
"BELLEZA AMERICANA"
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Como en ";Felicidad";, la protagonista es nuevamente la clase media suburbana estadounidense sumergida en un mar de falsas apariencias, pero esta vez la agonista es toda la generación de alrededor de 40 años, sobre la cual, en una lectura rápida, parece que el sorprendente director debutante Sam Mendes quisiera decir que si no está muerta, alguien la va a matar. A decir verdad, esto último se adelanta no bien empieza la película, mediante una voz en off que también la cierra, con un mensaje sobrenatural que atenta contra lo verosímil de este retrato hiperrealista de las sociedades "desarrolladas",Además, como recur-so, ya se vio desde "Sunset Boulevard" por lo menos.
También como en el film de Solondz (siempre sin llegar a su explicitez), hay un cuarentón que se descontrola ante menores de edad. En el caso, la amiga con vocación de modelo de su hija adolescente, a quien por otra parte él apenas reconoce.
El padre de familia Lester Burnham (un excelente Kevin Spacey, capaz de pasar del sometimiento a la acción más sibilina con total naturalidad), enfrenta la frustración del llamado sueño americano de distintas maneras. Primero, volviéndose contra el engañoso discurso de productividad marketinera de sus empleadores, casi con sus mismas armas. Dónde termina es uno de los mejores chistes de la película, dicho sea de paso. Después, contra su monstruosa-pobre mujer ( Annette Bening, un tanto más grotesca de lo necesario) de un modo que recuerda lejanamente a " La guerra de los Roses". Pero, fundamentalmente, desarrollando una pasión non sancta por una chiquilina que no simboliza otra cosa que su desesperada búsqueda de recuperar los sueños del pasado. Al respecto, y pese a que las imágenes son muy bellas, esos sueños llevados a la pantalla restan fuerza a la tragedia que se está contando. Y eso pese a que allí aparecen las "American Beauty" (una variedad de rosas sin espinas ni aroma) que metaforizan toda la historia.
No sucede lo mismo con las filmaciones en video que hace subrepticiamente el joven vecino de la familia desde su ventana, porque subrayan con valor documental lo que pasa en ese "hogar" erosionado. La conducta de este chico, por otra parte, es una de las cosas más impresionantes de la obra de Mendes. Es una soberbia síntesis de las consecuencias de la represión y el autoritarismo que, de más está decirlo, aún subyace en las sociedades del "Primer Mundo" al tiempo que ilustra sobre los no menos graves efectos de la hipocresía, el exitismo y la falta de modelos. Así y todo, parece otra vez decir Mendes, es esta juventud la que tal vez revierta el estado de situación en el futuro. Ojalá.
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