11 de julio 2001 - 00:00

Belloso, un estupendo actor que inquieta haciendo reír

Carlos Belloso.
Carlos Belloso.
«Dr. Peuser» Autor e Int.: C. Belloso. Dis. de luces: J. Merzari. Puesta en escena y Dir. actoral: E. Federman. (Sala «Actor's Studio».)

La locura, el deterioro físico y cierta precariedad intelectual son los rasgos más comunes en los personajes creados por Carlos Belloso, un actor que tanto en el teatro como en la TV se ha destacado por su expresiva gestualidad y por la solidez con que habitualmente encara la construcción de caracteres más bien marginales, aunque dueños de una conmovedora humanidad.

Pero, en lo que respecta a la escena, su registro interpretativo es mucho más amplio. Este ex integrante del dúo cómico «Los Melli» ya tuvo ocasión de probar su talento en diversos papeles dramáticos bajo la dirección de Pompeyo Audivert («El pasado»), Javier Daulte («Faros de color») y el prestigioso director catalán Lluis Pasqual («La Tempestad»).

Sin embargo, todas estas experiencias no lo han alejado de su principal medio de expresión, el humor. Quizás por tratarse de un género que le permite encauzar su gusto por los personajes esperpénticos y denunciar, a través de ellos, los costados más oscuros de nuestra sociedad.

En «Dr. Peuser», Belloso se ocupa de señalar la manipulación del hombre por el hombre y su caída en un sistema creado por él mismo capaz de las más terribles aberraciones. Desde la manipulación genética hasta las estrategias de represión y tortura, pasando por las teorías salvacionistas y la vacua filosofía publicitaria, todo parece indicar que la humanidad está a punto de convertirse en un mero producto de consumo.

Igual que en «Pará fanático!!!» (1997-1999), su anterior unipersonal, Belloso logra magnetizar al público con su extraña galería de personajes, integrada por torturadores, científicos locos, individuos que se creen superhéroes y hasta por una desagradable mujer-rata que despotrica contra los experimentos con animales mientras ensaya un patético striptease.

El actor se inclina todo el tiempo hacia el humor negro en una danza macabra y fascinante (se atreve a imitar al físico inglés Stephen Hawkings sin caer en el mal gusto). En realidad, no son sus caracterizaciones, sino los contenidos de sus monólogos los que logran inquietar al espectador hasta congelarle la sonrisa.

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