14 de febrero 2005 - 00:00

Berlín 2005 se obstina en un perfil que ya no tiene

El veterano Jerry Lewis es una de las estrellas que concurrió a la «Berlinale» de este año.
El veterano Jerry Lewis es una de las estrellas que concurrió a la «Berlinale» de este año.
Berlín - La 55a. edición de la Berlinale marcha sobre ruedas desde su apertura el jueves pasado, con todo el 'glamour' que el duro invierno permite: luces, alfombras rojas, 'paparazzi' y cámaras de televisión prolijamente instalados en la Marlene Dietrich Plaza, a la entrada del moderno Berlinale Palast, integrante de la remozada Postdamer Platz.

El desafío para el festival, con su flamante sede y bajo nueva dirección desde 2001, reside en conservar un cierto perfil de vanguardia, donde lo político y lo estético se dan la mano. Este mandato de la Berlinale, evidente desde su nacimiento durante la guerra fria, se manifiesta hoy -colapso del Muro mediante- en la elección de películas para la selección oficial que reflejan por un lado los cambios en un mundo globalizado y post-Septiembre '01, y por otro el choque de culturas y mentalidades, ya sea en el seno de matrimonios, familias, grupos étnicos e incluso naciones.

Así se perfila la tendencia más notable en las primeras películas vistas hasta ahora a concurso por los Osos de Oro. «Man to Man» («Hombre a hombre»), del francés Régis Wargnier, una coproducción franco-británica con Joseph Fiennes y Kristin Scott Thomas, da una vuelta de tuerca al romanticismo europeo en el mito de Tarzán y el papel de los europeos en Africa para plantear -como en sus anteriores Indochina y Este-Oeste- el tema de la humanidad común.

Y como en estas películas, el cuadro humano se dibuja contra un fondo de conflicto y destrucción. En «Les temps qui changent» («Los tiempos cambian»), del veterano francés André Téchiné, los conflictos que se plantean a nivel personal, social y étnicoreligioso tienen como centro a una familia franco-marroquí en Tánger. Drama romántico con Catherine Deneuve y Gérard Dépardieu, el film explora el cataclismo emocional -contundente a nivel visual y sonoro- de una periodista radial que se reencuentra treinta años después con su amor de juventud.

Con los papeles invertidos, es el personaje de Dépardieu el que ha conservado la llama del primer amor. El nerviosimo de la cámara en mano y el montaje rápido refleja el tumulto y crispación de personajes que viven en una zona de fractura entre Europa y el mundo islámico. La presencia de Catherine Deneuve -espléndida en su madurez- contribuyó con la cuota de 'glamour' que necesita todo festival.

El film norteamericano «Thumbsucker» («El que se chupa el dedo»), de Mike Mills, vino con el respaldo de una buena reacción crítica en Sundance. Comedia dramática sobre un adolescente que o madura o se hunde, la película recorre -sin acidez y con cierto humor distanciado- un territorio familiar desde «El graduado». La brocha costumbrista está al servicio del retrato cómico de una familia donde hay cariño pero dificultades de comunicación.

Los problemas de comunicación de una pareja, consigo mismo y su entorno provinciano en Ravenna, también son centrales en
«Provincia mecánica», un drama costumbrista de Stefano Mordini. Ocurre lo mismo en «Asylum» Manicomio»), el drama sexual británico con Natasha Richardson e Ian McKellen dirigido por David MacKenzie, donde los desajustes emocionales y sexuales llevan a la locura y la muerte -con algún eco de Jack el destripador- a una mujer frágil en una Inglaterra fría en los años cincuenta.

Dieter Kosslick, director del festival, comentó muy serio que las películas de este año serían más «livianas» que las de selecciones pasadas. Se verá en los próximos días cómo resultan una variante sudafricana del mito de Carmen, donde varios mueren, y la entrada alemana, «Sophie
Scholl», la biografía de una estudiante que se enfrentó a los nazis. La presencia de películas argentinas en esta Berlinale es casi nula: un par de trabajos en el Foro del Cine Joven y el Panorama.

Dejá tu comentario

Te puede interesar